■ ¿Cuáles son los dos niveles de Tawḥīd (la Unicidad de Dios) para el Faqīr —es decir, el buscador espiritual— y cómo viaja el alma a través de Fanāʾ y Baqāʾ para alcanzar su paz final?
Bismillāhi al-Raḥmāni al-Raḥīm
Para comenzar, debemos entender que para el Faqīr (el buscador espiritual) el significado del Tawḥīd —la Unicidad de Allah— posee dos niveles principales.
Estos niveles no son únicamente para los Awliyāʾ Allāh sumamente avanzados, sino que constituyen un camino para toda persona sincera que desee acercarse a su Creador.
Los recorreremos uno a uno, paso a paso, para que todo quede tan claro como el agua.
El Primer Nivel del Tawḥīd: Estar con Allah (Maʿa Allāh)
El primerísimo nivel del Tawḥīd se denomina Maʿa Allāh, lo que significa simplemente «Estar con Allah». Es un estado en el que la persona siente la presencia de Allah con tal intensidad que jamás vuelve a sentirse sola. Es como un niño pequeño que sostiene la mano de su padre en medio de un mercado grande y concurrido: el niño no tiene miedo porque sabe que su padre está allí mismo con él. Esta sensación de cercanía constante y seguridad es el primer gusto de este nivel.
Allah nos habla de esto en el Sagrado Corán, en la Sūrah Al-Ḥadīd (17:4), donde dice:
> «Y Él está con vosotros dondequiera que estéis.»
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Esto significa que, sin importar si estás sentado en casa, caminando por la calle o trabajando en tu oficina, Allah está siempre contigo. Él sabe todo lo que haces y todo lo que piensas.
Luego, nuestro amado Profeta Muḥammad ﷺ habló de una dimensión aún más profunda de este nivel cuando dijo:
> «Tengo un tiempo con Allah en el que no puede entrar ningún ángel allegado (Malak Muqarrak) ni puede alcanzar ningún profeta enviado (Nabī Mursal).»
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¡SubḥānAllāh, imaginen ese Maqām (estación) del Profeta! El Profeta ﷺ nos está diciendo que posee un momento privado y especial con Allah, tan sagrado y profundo que ni los más grandes ángeles ni los otros profetas pueden ingresar a ese espacio. Es un encuentro secreto entre el Profeta y su Señor, donde nada más existe.
Para ayudar a entender esto mejor: imaginemos a un rey que tiene una habitación privada y especial en su palacio. Ni siquiera a sus ministros más altos ni a sus mejores generales se les permite entrar a ese aposento; solo el rey y su amigo más querido pueden ir allí. Ese es el tipo de cercanía de la que habla el Profeta ﷺ, pero con Allah, el Rey de todos los reyes.
Ahora bien, hay un dicho famoso de un gran Walī Allāh y maestro del camino sufí, a quien se le llama Sulṭān al-ʿĀrifīn (el Rey de los Conocedores de Allah), quien dijo algo sumamente profundo:
> «No sabes si estás con Hū (el Nombre Divino de Allah) o con Dios Mismo.»
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¿Qué significa esto? Significa que cuando una persona alcanza este nivel de estar con Allah, se pierde de tal manera en el sentimiento de la presencia Divina que su propia mente deja de operar. Ya no puede discernir la diferencia entre ella misma y la luz Divina que está experimentando. Está tan absorbida que la pregunta de «quién está con quién» simplemente desaparece. Se halla en un estado de unión total.
El Segundo Nivel del Tawḥīd: La Aniquilación en Allah (Fanāʾ Fī Allāh) y la Subsistencia con Allah (Baqāʾ Bi-Allāh)
Llegamos ahora al segundo nivel mayor del Tawḥīd. Este es aún más elevado y profundo que el primero, y se divide en dos partes hermosas y poderosas: la primera se llama Fanāʾ Fī Allāh y la segunda Baqāʾ Bi-Allāh. Observémoslas, Bismillāh.
En primer lugar, veamos lo que Allah dice en el Sagrado Corán, en la Sūrah Al-Raḥmān (55:26-27):
> «Todo cuanto hay en ella perecerá. Y permanecerá el Rostro de tu Señor, Poseedor de Majestad y Honor.»
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Este verso nos revela una gran verdad: todo en este mundo —incluidos nosotros, nuestras casas, nuestro dinero, nuestras familias e incluso las montañas y los océanos— llegará a su fin. Nada durará para siempre. Lo único que permanecerá eternamente es el Sagrado Rostro de Allah: Su luz y existencia Divinas.
Parte Uno: Fanāʾ Fī Allāh (Aniquilación en Allah)
La primera parte de este segundo nivel se llama Fanāʾ Fī Allāh, que significa «Aniquilación en Allah». Es un estado en el que la persona experimenta una muerte espiritual antes de su muerte física. Algunos Awliyāʾ Allāh nos enseñaron la hermosa máxima:
> «Morid antes de que muráis.»
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Esto no significa que debas quitarte la vida físicamente; de ninguna manera. Significa que debes matar a tu ego (nafs), tus deseos egoístas y tu orgullo mientras aún estás vivo. Debes hacer que tu propia voluntad y tus deseos desaparezcan para que solo permanezca la Voluntad de Allah. Esto es lo que se conoce como «muerte espiritual».
En este estado, la persona pierde todo sentido del «yo». Es como un sueño profundo, pero no es sueño real; es un estado de amor total y absorción en Allah, donde no eres consciente de tu propio cuerpo ni de tus propios pensamientos. Estás tan profundamente conectado con Allah que olvidas todo lo demás.
Imaginemos una pequeña gota de agua que cae en el vasto océano. Tan pronto como la gota toca el océano, ¿qué sucede? La gota pierde su propia identidad; ya no puedes ver la gota por separado, pues se ha convertido en parte del océano. Eso es exactamente Fanāʾ Fī Allāh. Tu propio ser, tu ego, se vuelve tan pequeño que se disuelve en la vastedad de la grandeza de Allah. Tú te conviertes en nada, y Allah se convierte en todo en tu corazón.
El gran maestro sufí, Mawlānā Rūmī, dijo en su poesía:
> «Esfuérzate arduamente por encontrarte a ti mismo en un estado de abnegación.»
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Nos dice que debemos trabajar duro para perder nuestra identidad egoísta, porque solo cuando te pierdes a ti mismo te encuentras verdaderamente en Allah.
El famoso poeta y filósofo Allāma Iqbal llamó a este estado Rumūz-e-Bekhudī, que significa «Los secretos de la abnegación». Explicó que existe una gran sabiduría y poder en volverse tan humilde y estar tan perdido en Allah que uno olvida su propia existencia.
Parte Dos: Baqāʾ Bi-Allāh (Subsistencia con Allah)
Avanzamos ahora a la segunda parte, aún más elevada, llamada Baqāʾ Bi-Allāh, que significa «Subsistencia con Allah» o «Sobrevivir en Allah».
Después de que una persona se ha perdido por completo en Allah (Fanāʾ), Allah le otorga una nueva vida. Es como si a la gota que cayó al océano se le diera una nueva forma y existencia, pero ahora ya no es una gota separada; es parte del océano mismo y posee las cualidades del océano.
En este estado, la persona recupera su conciencia, pero ahora está llena de la Luz (Nūr) de Allah. Lo más hermoso de Baqāʾ Bi-Allāh es que ya no necesitas cerrar los ojos. No necesitas entrar en un estado semejante al sueño profundo ni perder tus sentidos para sentir la presencia de Allah. En cambio, incluso con los ojos bien abiertos, mientras caminas, hablas, comes y trabajas, sientes esa misma conexión profunda con Allah que tuviste en el Fanāʾ.
En el Fanāʾ, si estás en una habitación oscura, tienes que cerrar los ojos para ver una hermosa Luz interior. Pero en el Baqāʾ, la Luz es tan brillante que incluso cuando abres los ojos, toda la habitación está llena de ese Nūr, y ves esa Luz en todas partes. Ya no necesitas cerrar los ojos porque la Luz se ha convertido en una parte permanente de tu visión. Tu propio ego ha desaparecido por completo, y solo el rostro hermoso y brillante del Nūr de Allah permanece en tu corazón y en tu visión en todo momento.
Esta etapa elevada se llama la estación de la Certeza (ʿAyn al-Yaqīn): la certeza de ver la verdad con la Luz de tu corazón, sin duda ni confusión alguna. Es la estación del Gran Walī Allāh, el séptimo Sultán, Sajī Sultán Bahoo, quien hacía Dhikr con el Nombre Divino Hū y vivía en este estado de unión total con Allah.
Debemos saber que los Ṣaḥābah (Compañeros del Profeta) poseían todos estos niveles de Tawḥīd en sus corazones. Ellos fueron los mejores ejemplos de este camino: vivieron con Allah, aniquilaron sus egos y subsistieron en el Nūr de Allah.
Allāma Iqbal nos dio una perspectiva maravillosa sobre esto cuando habló de la Khudī (el Ser o la Conciencia del Yo). No se refería al ego egoísta que causa orgullo, sino a un ser fuerte y purificado que está conectado con Allah. Escribió estos famosos versos:
> «Eleva tu ser (Khudī) a tal altura que, antes de cada destino, Dios le pregunte al siervo: “Dime, ¿cuál es tu deseo?”»
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Esto significa que cuando una persona alcanza este alto nivel de Tawḥīd, se vuelve tan amada por Allah que Allah Mismo le pregunta qué desea. ¡SubḥānAllāh, imaginen ese Maqām! El Rey del universo preguntándole a Su humilde siervo: «¿Qué deseas?».
A este poema, un buscador espiritual (Faqīr) dio una hermosa respuesta:
> «Cuando el siervo ha llegado a estar “con Dios”, ¿por qué habría de pedir un deseo? Cuando Dios ha entrado en la casa (el corazón), ¿qué necesidad hay de pedir cualquier otra cosa?»
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Esta es una respuesta profundamente mística. Significa que si has llegado al punto en que Dios está contigo y dentro de tu corazón, no necesitas pedir nada. Lo tienes todo. El regalo supremo es la presencia misma de Allah. ¿Por qué pedirías dinero, salud o una larga vida cuando tienes contigo al Creador de todas esas cosas? La presencia misma de Allah en tu corazón es el mayor deseo cumplido, por lo que no hay necesidad de pedir nada más.
El Viaje del Alma a través de la Purificación (Tazkiyah)
Debemos hablar también de cómo una persona alcanza estos niveles. No se logra simplemente pensando en ellos; requiere un largo viaje de purificación del alma, proceso llamado Tazkiyat al-Nafs. Los detalles de esta purificación se explican ampliamente en las prácticas espirituales de las grandes órdenes sufíes (Ṭuruq), como la Qādiriyyah, la Naqshbandiyyah, la Chishtiyyah, la Suhrawardiyyah, entre otras.
Analizaremos esas prácticas detalladas más adelante. Sin embargo, en este momento es sumamente importante comprender las etapas básicas por las que pasa el alma durante esta purificación.
Tu alma —tu ser interior— es como un caballo salvaje que nunca ha sido entrenado. Hace lo que quiere: corre tras las cosas malas, ama el egoísmo, se enfada con facilidad y está lleno de orgullo. Esta alma salvaje e indisciplinada se llama Al-Nafs al-Ammārah («El alma imperiosa» o «que incita al mal»). Esta alma te ordena hacer cosas malas y seguir tus deseos perversos.
Ahora bien, cuando comienzas a hacer buenas obras, a recordar a Allah (Dhikr), a enviar abundantes bendiciones sobre el Profeta (Ṣalawāt) y a luchar contra tus malos hábitos, empiezas a entrenar a este caballo salvaje. Lentamente, ocurre un cambio; el alma se vuelve un poco más limpia y se transforma en Al-Nafs al-Lawwāmah («El alma reprochadora» o «consciente»).
¿Qué hace esta alma? Te culpa cuando haces algo mal. Es como una conciencia viva dentro de ti. Por ejemplo, si dices una mentira, esta alma te hace sentir culpable y arrepentido; te rinde cuentas y te dice: «¿Por qué hiciste eso?». Esta es una señal excelente porque demuestra que tu alma está viva y despierta: sabe distinguir el bien del mal.
Es como un niño que va creciendo: cuando es muy pequeño, hace lo que quiere sin pensar, pero a medida que crece y sus padres le enseñan, empieza a sentirse mal cuando comete un error y se dice a sí mismo: «No debí haber hecho eso». Eso es exactamente Al-Nafs al-Lawwāmah para nuestro crecimiento espiritual.
Luego, si continúas purificando este nafs aún más, alcanza la siguiente etapa, llamada Al-Nafs al-Mulhamah («El alma inspirada»). Esta alma recibe intuiciones Divinas y conocimiento sobre lo que es correcto e incorrecto sin necesidad de razonar demasiado. Es como una persona que ha practicado tanto la conducción de un automóvil que no tiene que pensar en presionar el embrague o girar el volante; su cuerpo lo hace automáticamente. De manera similar, el alma inspirada recibe guía de Allah de forma natural: sabe lo que es bueno y lo que es malo, y evita espontáneamente el pecado realizando el bien.
Finalmente, tras una larga y sincera lucha espiritual (Mujāhadah), este nafs alcanza su etapa última y más hermosa, llamada Al-Nafs al-Muṭmaʾinnah («El alma en paz» o «tranquila»).
En esta etapa, el alma se ha vuelto completamente calma, pacífica y plenamente satisfecha con Allah. Todas las dudas, preocupaciones y temores se han disipado. La persona siente tanta paz en su corazón que nada en este mundo puede perturbarla. Está feliz con lo que sea que Allah le conceda, y sabe que Allah está complacido con ella.
Cuando una persona alcanza esta etapa, su viaje de purificación del alma se ha completado. Ha entrenado con éxito a su caballo salvaje, convirtiéndolo en un ser dócil, amoroso y obediente. Se ha contado entre los triunfadores que han alcanzado la meta más alta de la vida: no solo ha comprendido el Tawḥīd con su mente, sino que lo ha vivido con su corazón y su alma. Ha pasado de ser un alma imperiosa a ser un alma en paz, uniéndose finalmente a las filas de aquellos que están verdaderamente cerca de Allah.
Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.
■ Enseñanzas del Corazón.