Cuando las Letanías se Vuelven Pesadas para el Alma: ¿Debes Dejarlas o Forzarte a Continuar?


■ Cuando las Letanías se Vuelven Pesadas para el Alma: ¿Debes Dejarlas o Forzarte a Continuar?

No toda hambre se sacia con pan, ni toda sed se calma con agua. El alma, al igual que el cuerpo, atraviesa estaciones difíciles en las que ya no puede soportar el alimento ni desea la bebida.

Lo que más atemoriza al buscador espiritual es cuando llegan días en los que los awrād (letanías diarias) que antes daban vida al corazón se vuelven tan pesados como montañas sobre el pecho.

Las palabras que antes parecían abrir las puertas del cielo ahora dan la impresión de cerrarlas todas. Entonces se deslizan en el corazón preguntas devastadoras:

"¿Soy un hipócrita? ¿He quedado velado? ¿He caído de la mirada de Allāh?"

Sin embargo, la verdad que pocos se atreven a expresar es que esta pesadez no es necesariamente una caída; puede ser una elevación oculta.

El alma que antes se alimentaba con la leche de las palabras sagradas ahora anhela alimento sólido. El alma que antes jugaba en la orilla de las expresiones desea ahora sumergirse en las profundidades de sus significados.

Y cuando todavía no encuentra el camino, permanece inmóvil, como un niño que llora de sed sin saber cómo llegar al agua.
A esto lo llamo el Barzaj del Dhikr, ese reino gris situado entre el apego a las palabras y el saborear su secreto interior.
Es una de las estaciones más peligrosas del camino del buscador, porque es aquí donde se decide si continuará avanzando o si dará marcha atrás.
Aquí surge una afirmación audaz que muchos juristas temen pronunciar y que muchos predicadores prefieren evitar:

Deja tu dhikr por hoy.

Sí, lo digo sin temor. Deja tu letanía diaria por un día. No te fuerces. No declares una guerra contra tu propia alma sin ningún beneficio.
Cuando el alma retrocede, la abundancia de palabras solo aumenta su rechazo. En esos momentos, el silencio mismo puede convertirse en el mayor recuerdo de Allāh.
Allāh no conversa con Su siervo únicamente por medio de la lengua.
También habla a través del silencio, de una mirada dirigida al cielo, de caminar sobre la tierra, de servir a una criatura débil y necesitada.

Algunos imaginan que abandonar sus letanías constituye una traición. Pero, en ocasiones, obligar al alma a soportar lo que ya no puede cargar es una traición aún mayor, porque la devoción puede convertirse primero en un hábito frío, luego en una hipocresía oculta y, finalmente, en una náusea espiritual capaz incluso de alejar a una persona de la religión.

¡Cuántos abandonaron el camino, no a causa de un gran pecado, sino porque nunca aprendieron a atravesar las estaciones de sequedad espiritual!

Se forzaron hasta que cada acto de adoración se volvió insoportable, y entonces huyeron.

La tragedia es que muchos libros de exhortación no enseñan cómo atravesar esta puerta estrecha.

Dudan en decirte que, a veces, Allāh retira la dulzura de la adoración para poner a prueba tu paciencia en su ausencia, y no solamente tu gratitud cuando está presente.

Aquí se esconde un profundo secreto:

Permanece junto a la puerta, aunque te parezca cerrada. Aprende a soportar el sabor de la privación antes que la dulzura de la intimidad.

En lo profundo de la noche susurra con suavidad:

"¡Oh Tú, a Quien solo llegan a conocer verdaderamente aquellos que ya no pueden soportar ni siquiera la dulzura de recordarte! Alíviame de aquello que se ha vuelto pesado para mí."

Luego guarda silencio.

Duerme con serenidad, pues el sueño es una pequeña muerte que permite al alma descansar de su lucha y despertar como si hubiera sido creada de nuevo.

Después muévete, no con tu lengua, sino con tu cuerpo.

Camina descalzo sobre la tierra.
Toca el suelo.
Amasa pan.
Lava un plato.
Repara algo que esté roto.

Porque, en tiempos de sequía espiritual, recordar a Allāh mediante las acciones puede ser más profundo que recordarlo únicamente con las palabras.

El alma que ya no puede escuchar las palabras todavía puede escuchar el movimiento.

El corazón que ya no tiembla con la recitación aún puede despertar mediante el servicio humilde.

Después espera.
No tengas prisa.

Así como la tierra necesita un tiempo de descanso antes de producir una cosecha abundante, también el alma necesita, en ocasiones, una estación de silencio antes de poder hablar con sabiduría.

No temas a la oscuridad.

No es el final del camino, sino su puerta más estrecha; una puerta por la que solo entran quienes llegan a tener la certeza de que Allāh está más cerca de ellos que su vena yugular, incluso cuando sus lenguas permanecen en silencio.

Por último, recuerda:

El recuerdo que Allāh tiene de ti cuando tú Lo olvidas es mayor que tu recuerdo de Él cuando tú Lo recuerdas.

Y Su aparente silencio contigo durante un tiempo puede ocultar una cercanía aún mayor que aquellos momentos en los que sientes que habla a tu corazón.

Por eso, no te fuerces y no desesperes.

Dite a ti mismo, en medio de este oscuro Barzaj:

"Hoy Allāh me ha acompañado mediante Su silencio, para que mañana me enseñe a escucharlo con mi corazón."

Y en Allāh Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.

■ Enseñanzas del Corazón.