Si todos los musulmanes fueran sufíes, todos querrían ser musulmanes



En el Nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.

"No enviamos como misericordia sino para todos los mundos." (Corán 21:107)

Cuando una persona conoce el Islam únicamente por las noticias, los conflictos o los errores de algunos musulmanes, es fácil que se forme una imagen equivocada. Pero cuando conoce a un verdadero sufí, muchas veces descubre un Islam completamente diferente: un Islam lleno de misericordia, humildad, belleza y servicio.

Por eso algunos dicen:

"Si todos los musulmanes fueran sufíes, todos querrían ser musulmanes."

No porque el sufismo sea otra religión o una secta separada del Islam, sino porque el sufismo busca que el Islam no permanezca solamente en la lengua, sino que descienda al corazón y se refleje en el comportamiento.

El Islam entra por los ojos antes que por los oídos

Muchas personas nunca leerán un libro de aqidah, ni estudiarán jurisprudencia, ni aprenderán árabe. Pero sí observarán cómo saludas, cómo hablas, cómo tratas a tu esposa, cómo educas a tus hijos, cómo respondes cuando alguien te ofende y cómo ayudas al necesitado.

El gran da'wah comienza con el carácter.

El Profeta Muhammad ﷺ dijo:

"Los mejores de vosotros son los que tienen el mejor carácter."

Y también dijo:

"Fui enviado únicamente para perfeccionar el noble carácter."

El sufismo nunca olvidó este principio. Antes de enseñar a hablar de Allah, enseñó cómo comportarse delante de Allah.

El Adab: la ciencia olvidada

Un maestro puede enseñar conocimientos en pocos años.

Pero enseñar Adab puede tomar toda una vida.

Los sufíes aprendieron que el Adab no es simplemente educación o cortesía.

Es conocer el lugar correcto de cada cosa.

Adab con Allah.

Adab con el Corán.

Adab con el Profeta ﷺ.

Adab con los padres.

Adab con el maestro.

Adab con los pobres.

Adab con los animales.

Adab incluso con quien te hace daño.

Sheij ʿAbd al-Qādir al-Jīlānī enseñaba que quien pierde el Adab pierde el camino hacia Allah, aunque memorice miles de páginas.

El conocimiento sin ego

Existe una gran diferencia entre acumular información y adquirir sabiduría.

El conocimiento puede inflar el ego.

La sabiduría rompe el ego.

Por eso los grandes maestros sufíes nunca estudiaban para sentirse superiores.

Estudiaban para acercarse más a Allah.

Mientras más aprendían, más humildes se volvían.

Como decía el Imam Al-Ghazālī:

"El verdadero conocimiento produce temor reverente hacia Allah."

No arrogancia.

No discusiones interminables.

No desprecio hacia los demás.

Los gigantes del conocimiento fueron también gigantes del corazón

Algunos creen que el sufismo es solamente repetir dhikr.

Pero basta mirar la historia para descubrir otra realidad.

Los grandes hospitales del mundo islámico.

Las universidades.

Las bibliotecas.

Los centros de astronomía.

Las escuelas jurídicas.

Las obras maestras de espiritualidad.

Todo ello fue construido, enseñado o inspirado por hombres cuyo corazón estaba unido al recuerdo de Allah.

Entre ellos encontramos a:

- Sheij ʿAbd al-Qādir al-Jīlānī, jurista hanbalí, muhaddiz y uno de los mayores educadores espirituales de la historia.

- Imam Abū Ḥāmid al-Ghazālī, considerado uno de los intelectuales más influyentes del Islam.

- Imam al-Nawawī, ejemplo de ascetismo y pureza espiritual.

- Jalāl al-Dīn Rūmī, cuya poesía continúa acercando millones de corazones a Dios.

- Muḥyī al-Dīn Ibn ʿArabī, uno de los pensadores más profundos de la civilización islámica.

- Sheij Aḥmad al-Rifāʿī, ejemplo extraordinario de humildad y servicio.

- Shāh Naqshband, maestro del recuerdo silencioso de Allah.

- Ramadān al-Būṭī, erudito contemporáneo que unió el rigor académico con una profunda espiritualidad.

Ninguno separó la ley islámica de la purificación del corazón.

Porque comprendían que el Islam necesita ambas alas para volar.

La inteligencia espiritual

Hoy el mundo admira el coeficiente intelectual.

El sufismo desarrolla algo aún más importante:

La inteligencia del corazón.

Saber cuándo hablar.

Cuándo guardar silencio.

Cuándo perdonar.

Cuándo corregir.

Cuándo servir.

Cuándo llorar ante Allah.

Esta inteligencia no aparece únicamente leyendo libros.

Se cultiva con dhikr, sinceridad, compañía de los piadosos y lucha constante contra el ego.

El perfume antes que el discurso

Un perfume no necesita hacer propaganda.

Su aroma habla por él.

Así era el Islam de los grandes maestros sufíes.

Llegaban a pueblos donde nadie hablaba árabe.

No discutían durante horas.

No insultaban otras creencias.

Vivían con honestidad.

Cumplían su palabra.

Ayudaban al necesitado.

Sonreían.

Perdonaban.

Y la gente preguntaba:

"¿Qué religión produce personas como ustedes?"

Así llegó el Islam a enormes regiones de África, Asia Central, Indonesia, los Balcanes y el subcontinente indio: por el ejemplo de hombres y mujeres cuyo corazón estaba vivo con el recuerdo de Allah.

El verdadero sufí

Busca servir.

No quiere fama.

Quiere sinceridad.

No quiere aplausos.

Quiere la complacencia de Allah.

No busca ser conocido.

Busca que Allah sea conocido.

Como decía un sabio:

"Cuando el ego desaparece, Allah manifiesta Su belleza en el comportamiento del creyente."

Una reflexión para nuestro tiempo

Quizá el mayor problema de nuestra Ummah no sea la falta de información.

Tenemos miles de libros.

Millones de videos.

Conferencias en todos los idiomas.

Pero necesitamos volver a educar el corazón.

Necesitamos musulmanes cuyo conocimiento produzca humildad.

Cuya fuerza produzca misericordia.

Cuya riqueza produzca generosidad.

Cuya adoración produzca buen carácter.

Porque el mundo no necesita más debates.

Necesita volver a encontrarse con la belleza del Islam.

Y esa belleza comienza cuando el creyente hace del Adab su vestimenta, del Dhikr su alimento, del Corán su guía y del amor al Profeta Muhammad ﷺ la luz de su vida.

Que Allah nos permita ser de aquellos cuya presencia recuerda a Allah incluso antes de pronunciar una sola palabra

Amin

AL FATIHA