■ Éxtasis espiritual: Cuando el alma llora de alegría (Parte 1/2)
Hay momentos insustituibles en la vida, momentos en los que sientes como si tu alma hubiera abandonado los confines de tu cuerpo para remontar el vuelo a través de una extensión sin límites, mientras tu corazón escucha una melodía que ningún oído puede percibir y ningún sentido físico puede comprender.
El alma queda cautivada por una alegría ajena a cualquier deleite terrenal, y los ojos se desbordan en lágrimas cuyo origen no logras discernir: ¿son lágrimas de felicidad, de un anhelo extático o de la añoranza por un mundo recordado solo en esos raros instantes?
Este éxtasis espiritual (ṭarab rūḥī) es lo que los conocedores (ʿārifūn) describieron como el tesoro más hermoso en su viaje hacia Allah Todopoderoso. Es el momento oculto en el que el corazón se encuentra con su Señor en un secreto desconocido para cualquier otro.
El alma parece danzar al compás de melodías que solo ella puede escuchar, y la persona se da cuenta de que no está sola en este universo, de que hay Un Uno que la ama, la nutre, la protege y escucha su llamada antes de que sea siquiera articulada.
Tales sentimientos hicieron que los conocedores de Allah lloraran de alegría, sonrieran de éxtasis, clamaran en silencio y permanecieran callados en medio del ruido, como si vivieran en una hermosa paradoja comprendida únicamente por quienes la han experimentado.
El éxtasis espiritual no proviene de fuera del corazón; brota de su interior, como una fuente pura que emerge en medio de un desierto estéril y lo transforma en un jardín frondoso. Es como si el alma hubiera estado dormida y de pronto despertara ante una voz hermosa cuyo origen no puede identificar.
Se encuentra a sí misma regocijándose simplemente por existir y por haberse acercado a su Creador, Quien la modeló y depositó en su interior esta maravillosa dulzura que trasciende toda descripción.
Este sentimiento permitió a los conocedores vivir en este mundo como si moraran en un sueño hermoso del que nunca desearon despertar. Sus corazones latían con emociones indescriptibles, como si escucharan música de otro reino conocido solo por aquellos que pertenecen a él.
Esa melodía celestial les hacía olvidar cada pena y dificultad de la vida terrenal y percibir la belleza incluso en los momentos más difíciles, pues estaban escuchando esa armonía Divina que llenaba sus corazones de vida, luz y una alegría ininterrumpida.
Lo extraordinario de este éxtasis es que a menudo llega de manera inesperada, sin previo aviso. Puede descender durante la oración (ṣalāh), la remembranza (dhikr), la contemplación (tafakkur) o incluso en un instante de quietud entre la gente.
De pronto, el alma despierta de la negligencia (ghaflah) y escucha la melodía que durante mucho tiempo le estuvo velada. El corazón se ve abrumado por una alegría que su poseedor no puede explicar ni describir.
Las lágrimas brotan de los ojos, el corazón se conmueve y el rostro se vuelve radiante, como si una luz interior lo hubiera iluminado todo por dentro.
Este éxtasis repentino era considerado como una de las formas más elevadas de deleite espiritual, pues significaba que el corazón había alcanzado tal pureza que podía recibir estas intimaciones Divinas (wāridāt) en cualquier momento y en cualquier lugar.
Fue esta experiencia la que llevó a los conocedores a preferir la soledad sobre la compañía, la vigilia nocturna sobre el sueño y el recogimiento sobre las reuniones mundanas, porque en su éxtasis espiritual encontraban una alegría que superaba cualquier placer terrenal.
Era como si hubieran descubierto un tesoro que supera todo valor, no deseando nada más que él y no buscando nada aparte de él.
Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.
■ Enseñanzas del Corazón.