■ La nobleza de la Taqwā
﴿يَا أَيُّهَا النَّاسُ… إِنَّ أَكْرَمَكُمْ عِندَ اللَّهِ أَتْقَاكُمْ﴾ (Corán 49:13)
El verso no está dirigido a los creyentes.
No está dirigido a los musulmanes.
No está dirigido a ninguna comunidad en particular.
Está dirigido a la humanidad.
“¡Oh, humanidad!” (Yā ayyuhā an-nās).
Como si, antes de toda religión, antes de toda pertenencia, antes de toda identidad, Allah estuviera llamando al hombre en lo que hay de más universal en él.
Luego viene esta enunciación de inagotable profundidad:
﴿إِنَّ أَكْرَمَكُمْ عِندَ اللَّهِ أَتْقَاكُمْ﴾
“El más noble de vosotros ante Allah es el que posee mayor taqwā.” (Corán 49:13)
El “vosotros” abarca a la humanidad entera.
Así, el criterio divino no descansa sobre un nombre, ni sobre una afiliación, ni sobre una tradición, ni siquiera sobre la imagen que el hombre tiene de sí mismo. Descansa sobre una realidad invisible: la taqwā.
¿Pero qué es, entonces, esta taqwā?
A menudo se la reduce al temor de Dios.
Sin embargo, el lenguaje del Corán es más espacioso que las definiciones simples.
La taqwā es menos un temor que una vigilancia.
Vela sobre un depósito (amānah) invisible.
Mantiene vivo aquello que corre el riesgo de extinguirse bajo los velos del olvido.
Pues Allah dice:
﴿فَأَقِمْ وَجْهَكَ لِلدِّينِ حَنِيفًا ۚ فِطْرَتَ اللَّهِ الَّتِي فَطَرَ النَّاسَ عَلَيْهَا ۚ لَا تَبْدِيلَ لِخَلْقِ اللَّهِ﴾
“Orienta tu rostro hacia la religión como un ḥanīf: la fiṭrah [naturaleza primordial] de Allah sobre la cual ha creado a la humanidad. No hay alteración en la creación de Allah.” (Corán 30:30)
La fiṭrah es esa impronta original.
Esa memoria silenciosa de Dios inscrita en el secreto de cada alma.
No un conocimiento adquirido, sino un reconocimiento olvidado.
Cuando el verso añade, “No hay alteración en la creación de Allah”, abre quizás una meditación aún más profunda. Como si esta impronta primera permaneciera, a pesar de cada velo que pueda cubrirla, en el corazón de todo ser humano.
La fiṭrah es el depósito.
La taqwā es la vigilancia que lo mantiene vivo.
La primera es un don.
La segunda es una fidelidad.
Allah evoca nuevamente esta realidad interior cuando jura por el alma:
﴿وَنَفْسٍ وَمَا سَوَّاهَا فَأَلْهَمَهَا فُجُورَهَا وَتَقْوَاهَا﴾
“Por el alma y por Quien la armonizó en perfecta proporción, e inspiró en ella su capacidad de transgresión y su capacidad de taqwā.” (Corán 91:7–8)
El verso revela una profundidad ulterior.
La taqwā no aparece como una realidad ajena al hombre; está ya inscrita dentro de él como una posibilidad encomendada a la parte más íntima de su ser.
Entonces surge una pregunta.
¿Cómo puede ser que algunas parejas que afirman pertenecer a Dios vivan en conflicto, mientras que otras, que dicen no creer, vivan en una paz extraordinaria?
Quizás porque la fe proclamada no siempre es la fe habitada.
El Corán mismo establece esta distinción:
﴿قَالَتِ الْأَعْرَابُ آمَنَّا ۖ قُل لَّمْ تُؤْمِنُوا وَلَٰكِن قُولُوا أَسْلَمْنَا وَلَمَّا يَدْخُلِ الْإِيمَانُ فِي قُلُوبِكُمْ﴾
“Los beduinos dicen: ‘Hemos creído’. Di: ‘Aún no habéis creído; decid más bien: “Nos hemos sometido”, pues la fe (īmān) aún no ha entrado en vuestros corazones.’” (Corán 49:14)
Y quizás también porque algunas personas, sin conocer a Aquel que depositó la luz, permanecen, no obstante, fieles a esa luz.
Viven con rectitud.
Mantienen su palabra.
Aman sin traición.
Sin saberlo, preservan aún algo de esa fiṭrah original.
Puede que sus labios no conozcan el Nombre de Dios.
Sin embargo, sus corazones no han olvidado enteramente Su impronta.
No nos corresponde a nosotros declarar cómo se encuentran ante Allah.
Pues el verso concluye con estas palabras decisivas:
﴿إِنَّ اللَّهَ عَلِيمٌ خَبِيرٌ﴾
“En verdad, Allah es Omnisciente, Conocedor de todo.” (Corán 49:13)
Solo Él conoce las profundidades de cada alma.
Solo Él sabe qué, en el silencio de una conciencia, permanece fiel a la primera luz.
Quizás aquí yace el verdadero significado de la nobleza.
No consiste primordialmente en reclamar una pertenencia, sino en dejar intacto ese santuario interior donde Dios ha colocado el primer signo de Su Presencia.
La religión auténtica no crea esta luz.
La despierta.
La Revelación no trae un alma nueva.
Le recuerda al alma lo que ya sabía antes de olvidarlo.
Pues la luz no es una conquista.
Es un desvelamiento (kashf).
Así, la taqwā puede entenderse como esa fidelidad silenciosa por la cual el hombre protege, contra los velos del ego (nafs), el olvido y las pasiones, la conciencia original de Dios depositada en él desde el mismísimo principio.
Entonces el verso adquiere una nueva resonancia:
﴿إِنَّ أَكْرَمَكُمْ عِندَ اللَّهِ أَتْقَاكُمْ﴾
“El más noble de vosotros ante Allah es el que posee mayor taqwā.” (Corán 49:13)
En otras palabras:
El más noble no es quizás quien más habla de Dios, sino aquel que mejor ha preservado, en medio de las tormentas de la existencia, esa Presencia que Dios Mismo ha colocado en el santuario de su ser.
— Māʿrūf al-Mājhūl
■ Enseñanzas del Corazón.
