Cuentan que


"Cuentan que Ibrahim ben Adham, el Pachá de Balj, mientras estaba sentado en su trono, divisó entre la muchedumbre a una persona de altísima estatura, la cual avanzaba hacia él sin que los ujieres y los guardias notaran su presencia. Cuando llegó cerca de Ibrahim, éste le preguntó: 
- ¿Quién eres y qué buscas?
- Soy extranjero y deseo alojarme en este hotel - respondió.
- Pero esto no es un hotel - observó Ibrahim - es mi palacio. 
El extranjero lo miró extrañado y volvió a preguntar:
- ¿A quién perteneció antes de ser tuyo?
- A mi padre - respondió Ibrahim.
- ¿Y antes de tu padre?
- A mi abuelo.
- Entonces, ¿no es acaso un hotel, dado que los que se van son sustituidos por los que llegan?
Dichas estas palabras, el extranjero se alejó. Ibrahim entonces se levantó y corrió tras el desconocido gritando: 
- ¡Detente, en nombre de Allah! 
Éste se detuvo. 
- ¿Quién eres? - preguntó - ¿Por qué has encendido el entusiasmo en mi corazón?
- Oh Ibrahim, yo soy el Khidr, el guía de los sufis. Ahora despierta, que ya es hora. Y luego desapareció..." 

Texto: Sufismo desde el corazón. 
Editorial Almuzara