El Fuego de la Verdad
Si imagináramos entrar en un fuego abrasador y convertirnos en fuego mismo, el recorrido podría desarrollarse de esta manera...
Primero dolor, luego más dolor, después un dolor insoportable... y finalmente, ningún dolor en absoluto.
No se trata de un fuego físico. Es solo una metáfora.
El dolor representa aquí la resistencia de la ignorancia, el apego y el falso sentido del yo. El fuego representa aquí la claridad impecable, la verdad eterna y la realidad directa.
A medida que la verdad consume la ilusión, el ego experimenta incomodidad porque sus supuestos están siendo disueltos.
Cuanto más se acerca uno a la claridad completa, más lucha la falsa identidad por sobrevivir. Sin embargo, cuando ya no queda nada falso, ya no queda nadie que pueda sufrir.
Lo que permanece es la libertad; no porque el dolor haya sido vencido, sino porque la ilusión que reclamaba ser su dueña ha desaparecido.
La ignorancia se siente como dolor en presencia de la verdad.
La verdad no quema lo real; quema únicamente lo irreal.