Resurrección


Por lo tanto el hecho mismo de tu negación deja claro que Él (Dios) realiza múltiples resurrecciones a partir de la materia inerte. ¡Cuánto artificio divino pasó (fue gastado), oh negación (encarnada), hasta que el agua y la arcilla (de tu naturaleza original) produjeron negación.

Fragmento del Masnavi IV 
Mevlana Jalaludin Muhammad Rumi 

En la narrativa de Bilqīs y Salomón del Masnavi IV, Rumi en un fragmento anterior nos hablaba  del apego de la reina a su trono. Desde lejos, Salomón percibe cuánto amaba ella aquel reino, aquella belleza y aquella posición que durante años había sido parte de su identidad.

Pero, como suele ocurrir en el Masnavi, Rumi toma una historia exterior para conducirnos hacia una realidad interior.
Poco a poco el trono desaparece del horizonte y la mirada se dirige hacia nosotros mismos.
¿Qué es nuestro trono?
¿A qué nos aferramos?
¿Qué creemos que somos?

Entonces Rumi introduce una extraña reflexión sobre la negación y la resurrección.
Nos recuerda que una vez fuimos barro, una gota, un embrión incapaz de pensar, hablar o recordar. Sin embargo, de aquella materia aparentemente inerte surgió una conciencia capaz de amar, de preguntar, de negar y de buscar a Dios.
Y aquí aparece una de las imágenes más hermosas del pasaje.
Un hombre toca la puerta de una casa.

Desde adentro una voz responde:
"El amo no está."
Pero quien está afuera sonríe y piensa:
"Si nadie estuviera dentro, ¿quién me respondió?"
La negación se convierte en afirmación.
La respuesta misma revela una presencia escondida.

De la misma manera, dice Rumi, el ser humano niega la resurrección, sin darse cuenta de que su propia existencia es ya una prueba de ella. La conciencia que le permite negar es precisamente el signo de una transformación que ya ocurrió.
El barro no podía negar.
La arcilla no podía preguntar.
La gota no podía reflexionar.
Pero ahora existe un corazón que busca.

Por eso Rumi parece susurrarnos que la verdadera negación consiste en olvidar lo que Allah ha realizado en nosotros. Negamos que hemos sido transformados una y otra vez. Negamos las innumerables resurrecciones que nos han traído hasta este instante.

Bilqīs tuvo que soltar su trono para descubrir una realidad más grande.
Nosotros también somos invitados a soltar nuestros pequeños tronos: nuestras certezas, nuestros apegos y la imagen fija que tenemos de nosotros mismos.

Porque Allah no deja de recrear a Sus siervos.
Cada desapego es una pequeña muerte.
Cada comprensión verdadera es una pequeña resurrección.
Cada expansión del corazón es un nuevo nacimiento.
Y quizá el secreto de este pasaje sea que el mayor milagro no es que el barro vuelva a vivir al final de los tiempos.

El mayor milagro es que el barro haya llegado a recordar a su Señor.
Quien contempla esto comprende que el Amado nunca ha dejado de llamar a la puerta del corazón.
Y aun cuando el corazón responde con negación, esa misma respuesta revela que Él ya está presente.

Nota: Rumi en el corazón de El Amado.

Una flauta


“Si mi Amado tocara mis labios,
yo también, como una flauta,
estallaría en melodía.”

Mevlana Rumi

Una flauta no crea música por sí sola.
Necesita estar vacía.
Necesita permitir
que el aire pase a través de ella.
Quizá nosotros también somos así.
Gran parte del sufrimiento
proviene de estar demasiado llenos.
Llenos de preocupaciones.
Llenos de opiniones.
Llenos de ruido.

Pero cuando aparece el silencio,
algo comienza a fluir.
Una palabra correcta.
Una acción generosa.
Una comprensión inesperada.

Y de pronto,
la vida produce una música
que no sabíamos que llevábamos dentro.

La flauta no intenta impresionar.
Solo permite que el viento pase.
Quizá la sabiduría consista en aprender
a hacer lo mismo.

Mevlana Rumi 

Lo grande en lo pequeño


Lo grande y lo pequeño
“Vi que lo grande
era lo más pequeño,
y que lo pequeño
era lo más grande.”

Mevlana Rumi 

Entonces comprendí
que el valor de las cosas
raramente coincide
con su tamaño.

Una palabra
puede cambiar una vida.
Un acto de bondad
puede sobrevivir siglos.

Una semilla
puede convertirse en bosque.
Y un instante de amor
puede transformar
un destino entero.

Pasamos gran parte de la vida
persiguiendo lo grande.
Lo visible.
Lo impresionante.

Pero Dios suele esconder
sus mayores tesoros dentro de cosas
que el mundo apenas nota.

Lo inmenso
vive oculto
dentro de lo aparentemente pequeño.

Mevlana Rumi 

Que aparta nuestros ojos


“Lo que aparta tus ojos de Dios es un ídolo.”

Mevlana Rumi 

Cuando escuchamos la palabra ídolo,
solemos imaginar estatuas,
templos antiguos,
o imágenes de piedra.

Pero Rumi apunta hacia algo mucho más cercano.
Un ídolo puede ser cualquier cosa
que ocupe el centro de nuestra atención
y nos haga olvidar lo esencial.

A veces es el dinero.
A veces el prestigio.
A veces el miedo.
A veces la necesidad de aprobación.

No importa tanto qué sea.
Lo importante es cuánto poder le hemos entregado.
Porque aquello que domina nuestros pensamientos, termina guiando nuestros pasos.

Por eso Rumi nos invita a observar:
¿Qué ocupa hoy mi mirada?
¿Qué absorbe mi energía?
¿Qué gobierna mi corazón?

Quizá el ídolo no está en un templo.
Quizá está en nuestras preocupaciones.
Y tal vez la libertad comienza
cuando recordamos aquello
que realmente merece nuestra atención.

Mevlana Rumi

El propio médico


“Tú eres el médico de nuestro orgullo y vanidad.”

— Rumi

Pasamos gran parte de la vida
intentando arreglar cosas.
Nuestra situación.
Nuestra imagen.
Nuestra reputación.
Nuestros problemas.

Pero Rumi señala una enfermedad más profunda.
El orgullo.
La necesidad constante de tener razón.

De ser admirados.
De ocupar el centro de la escena.
Y dice algo sorprendente:
el remedio no es el castigo.
No es la disciplina.
No es la vergüenza.
Es el amor.

Porque cuando el amor entra de verdad,
el ego comienza a perder importancia.

Dejamos de preguntarnos:
“¿Qué obtengo yo?”
Y comenzamos a preguntar:
“¿Qué puedo ofrecer?”

Quizá esa sea una de las formas más silenciosas
de la curación.

Mevlana Rumi 

El jardín siempre estuvo ahí


“Los colores del jardín
y el canto de los pájaros
otorgarán inmortalidad
cuando entremos en el jardín,
tú y yo.”

Mevlana Rumi 

Pasamos gran parte de la vida
persiguiendo algo.
El siguiente logro.
La siguiente compra.
El siguiente destino.
El siguiente problema por resolver.

Y mientras tanto,
el jardín espera.
Los pájaros ya cantan.
La luz ya cae sobre los árboles.
La belleza ya está presente.

Pero muchas veces
estamos demasiado ocupados
para verla.

Rumi no dice
que el jardín aparecerá.
Dice que entraremos en él.

Como si hubiera estado allí
todo el tiempo.
Quizá la paz no consiste
en encontrar un mundo nuevo.
Quizá consiste en despertar
al mundo que ya nos rodea.

Y entonces,
lo ordinario comienza a parecer milagroso.
El viento.
La mañana.

Una conversación.
El canto de un pájaro.
El jardín siempre estuvo ahí.
Solo faltaba entrar.

Mevlana Rumi 

Camino al oceano

“Las almas movidas por el amor
giran como ríos
hacia su gran Rey Océano.”

Mevlana Rumi 

...Muchas veces pensamos
que el camino espiritual consiste
en empujarnos constantemente.
Más disciplina.
Más esfuerzo.
Más lucha.

Pero el río no se empuja
hacia el océano.
Lo busca porque pertenece a él.

Algo parecido ocurre
en lo profundo del corazón.
Hay una nostalgia
que no hemos aprendido.
No viene de los libros.
No viene de las ideas.
Viene de recordar,
aunque sea por un instante,
nuestro origen.

Por eso ciertas palabras nos conmueven.
Por eso cierta música nos detiene.
Por eso algunos encuentros
parecen familiares
desde el primer momento.

No siempre sabemos
qué estamos buscando.
Pero el anhelo permanece.

Y quizá ese anhelo
sea ya una forma de guía.
Como el río que todavía no ve el mar,
pero ya está siendo llamado por él.

Mevlana Rumi