■ ¿Qué es Nafs al-Lawwāmah (El Alma Autocrítica) y cómo ayuda en el crecimiento espiritual?
Bismillāhi al-Raḥmāni al-Raḥīm
(En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso)
Cuando el ego imperioso (Nafs al-Ammārah bi-l-sūʾ) comienza a elevarse de su estado inferior, empieza a experimentar remordimiento y culpa por sus faltas. En este punto, inicia un proceso de censura hacia sí mismo por cada pecado cometido. Esta etapa se denomina Nafs al-Lawwāmah, que significa «el alma autocrítica» o «el alma que se reprocha a sí misma».
▪︎ Allah Todopoderoso dice en el Sagrado Corán:
«Y juro por el alma autocrítica.»
(Sūrat al-Qiyāmah, 75:2)
En este versículo, Allah realiza un juramento por esta misma alma que se recrimina sus propios errores.
▪︎ El Corán nos enseña asimismo respecto a los verdaderos creyentes:
«¡Oh, vosotros que habéis creído! Quien de vosotros reniegue de su religión, Allah traerá en su lugar a un pueblo al que Él amará y que Le amará a Él; humildes con los creyentes, firmes ante los no creyentes; lucharán en la causa de Allah y no temerán el reproche de ningún censor. Ése es el favor de Allah, que otorga a quien Él quiere. Y Allah es Inmenso, Creador de todo.»
(Sūrat al-Māʾidah, 5:54)
Observa la expresión: «No temerán el reproche de ningún censor». Esto implica que cuando una persona alcanza una estación espiritual elevada, se vuelve indiferente a la crítica de la gente mientras permanezca sobre la Verdad.
Los tres niveles del reproche del ego
Primer nivel: Escuchar la voz de la conciencia interior
El nivel primario y fundamental del reproche ocurre cuando el siervo atiende a la voz de su conciencia, examina sus intenciones y detiene sus inclinaciones antes de caer en la falta. Es la activación de un juez interno que supervisa la conducta.
Un ejemplo célebre de la vida del Imām Abū Ḥanīfah: Un día, el Imām interrogó a su propio ego para infundirle pudor ante Allah:
—«¡Oh alma mía! A lo largo de tu vida, ¿cuántos pecados has cometido cada día?»
El ego negó haber cometido pecado alguno.
El Imām insistió:
—«¿Cincuenta pecados al día?»
El ego continuó negando. Siguió cuestionándolo hasta preguntar:
—«¿Al menos un pecado al día?»
El ego admitió finalmente:
—«Sí, al menos un pecado habrá ocurrido cada día.»
Al escuchar esta confesión, el Imām Abū Ḥanīfah dejó escapar un fuerte gemido y cayó desmayado. Al recobrar el conocimiento, sus discípulos le preguntaron por la razón de su desfallecimiento. El Imām explicó:
—«Mi edad es de 63 años. Si una persona arroja un puñado de piedras en un lugar cada día, con el tiempo se formará una gran montaña. Ahora que mi propio ego ha confesado cometer al menos un pecado diario, ¿cómo podré llevar esta pesada carga de faltas ante mi Señor?»
Esto demuestra que todo ser humano posee un testimonio interno. Debemos preservar esa voz interior y actuar conforme al discernimiento que nos otorga.
Segundo nivel: Exponer el ego al reproche público para quebrantar el orgullo
El segundo nivel consiste en colocar deliberadamente al ego en situaciones donde la crítica externa lo despoje de la vanagloria, triturando el orgullo espiritual (ʿujb).
La narración sobre el Sheij Bāyazīd al-Bisṭāmī (que Allah santifique su secreto): En una ocasión, contempló su propio ego y lo percibió en forma de un reptil cuyos miembros estaban extintos, excepto la cabeza.
Bāyazīd le preguntó a su ego:
—«¿Cómo sigues con vida?»
El ego rehusó responder, pues guardaba el secreto de su propia subsistencia. Ante la insistencia del maestro, el ego confesó:
—«Cuando la gente se acerca a ti con gran respeto, te llama "Bāyazīd al-Bisṭāmī", se inclina y honra tu presencia, una sutil ola de placer ingresa en tu ser. Ese es mi alimento, y eso es lo que me mantiene con vida.»
Tratándose del mes de Ramadán y siendo un día viernes, Bāyazīd tomó un trozo de pan y comenzó a caminar por el mercado comiéndolo abiertamente. La gente del mercado, al ver esto, exclamó con asombro y censura:
—«¡Mirad a este gran santo Bāyazīd al-Bisṭāmī! ¡Comiendo abiertamente en el mercado durante el ayuno de Ramadán en un día viernes!»
Todos comenzaron a criticarlo y reprocharlo.
Al regresar a su morada, Bāyazīd percibió que esa manifestación egoica había muerto. Uno de sus discípulos le preguntó:
—«¡Oh, Maestro! ¿Por qué has roto el ayuno del viernes?»
Bāyazīd respondió:
—«Ayunaré sesenta días para compensar este ayuno interrumpido. ¡Pero era mi deber dar muerte a este ego imperioso!»
Tercer nivel: Soportar la aflicción y el reproche con paciencia por la causa de Allah
El tercer nivel consiste en soportar con ecuanimidad la censura y la maledicencia de las criaturas por la causa de Allah Todopoderoso, sin buscar beneficio ni justificación mundana.
El relato de Sayyidī Data Ganj Bakhsh ʿAlī al-Hujwīrī (que Allah santifique su secreto) en su obra Kashf al-Maḥjūb: Refiere que atravesaba una dificultad espiritual compleja. Durante tres meses prestó servicio en el santuario de Bāyazīd al-Bisṭāmī barredor y sirviente, pero su asunto no hallaba resolución.
Apesadumbrado, viajó a una ciudad vecina donde encontró a un grupo de personas que vestían túnicas de ascetas en una morada. Al presentarse sin los distintivos indumentarios de los sufíes y vistiendo una chaqueta de cuero raída y polvorienta, aquellos hombres se burlaron de él y lo relegaron al patio inferior.
Posteriormente, enviaron manjares para el grupo, pero a Data Ganj Bakhsh le arrojaron un trozo de pan endurecido y cubierto de hongo. Dijeron con sorna:
—«Para alguien que pretende ser sufí, este alimento es adecuado en sus inicios.»
Habiendo estado sin comer durante dos o tres días, lavó el pan con agua, comió unos bocado y agradeció a Allah. Tras la comida, aquellas personas comenzaron a comer melones y, mofándose de su apariencia, le arrojaron las cáscaras sobre la cabeza.
Data Ganj Bakhsh dirigió su corazón hacia Allah y soportó el trato con paciencia (ṣabr). Allah Todopoderoso se complació con su templanza ante el desprecio de la gente, y le otorgó la solución al problema espiritual que había permanecido velado durante meses.
Advertencia sobre la desviación de los pseudo-Malamatiyyah
A raíz de la importancia de la autocrítica, surgió en la historia del sufismo la corriente de los Malāmatiyyah (la Gente del Reproche). No obstante, mientras los maestros auténticos buscaban la ocultación de sus virtudes, en épocas posteriores surgieron imitadores que transformaron la apariencia censurable en un espectáculo para llamar la atención.
Algunos comenzaron a afeitarse las cejas, a descuidar las oraciones prescritas y el ayuno, a mendigar sin necesidad o a adoptar conductas extravagantes.
El propósito real de Nafs al-Lawwāmah es la reforma interior mediante el ocultamiento del mérito. En la actualidad, la mejor manera de ejercitar la autocrítica no consiste en actos excéntricos, sino en observar con rigor la Sharīʿah y la Sunnah. Cuando un creyente intenta cumplir con sinceridad sus obligaciones religiosas, orar con puntualidad y seguir la norma sagrada, la sociedad mundana comenzará a reprocharle y calificarle con desdén. Soportar con paciencia esa crítica cotidiana por la causa de Allah es la vía auténtica hacia la Cercanía Divina.
La transición hacia Nafs al-Mulhamah (El Alma Inspirada)
Nafs al-Lawwāmah expresa el estado de la fe (Īmān), la cual se sitúa entre la esperanza (rajāʾ) en la Misericordia Divina y el temor (khawf) ante la justicia por los propios pecados.
Cuando el alma autocrítica madura en su purificación, se transforma en Nafs al-Mulhamah (el alma inspirada).
▪︎ Allah Todopoderoso dice en el Sagrado Corán:
«Por el alma y por Quien la perfeccionó, y le inspiró su inmoralidad y su piedad. Ciertamente habrá triunfado quien la purifique, y habrá fracasado quien la corrompa.»
(Sūrat al-Shams, 91:7–10)
Esto confirma que Allah ha depositado en la naturaleza del alma la capacidad de discernir entre el bien y el mal.
▪︎ Respecto a las vías de comunicación divina, Allah dice:
«No es dado a ningún ser humano que Allah le hable sino por revelación, o tras un velo, o enviando un mensajero que revela, con Su permiso, lo que Él quiere. En verdad, Él es Excelso, Sabio.»
(Sūrat al-Shūrā, 42:51)
Esta norma coránica establece los modos de la guía Divina sobre las criaturas.
Resumen de la disciplina interior
Así como un niño requiere disciplina para su desarrollo, el ego necesita del reproche constante (muḥāsabah) para madurar espiritualmente.
En la etapa de Nafs al-Lawwāmah, el alma se examina continuamente a sí misma.
En la etapa de Nafs al-Mulhamah, el alma recibe la inspiración para distinguir el bien del mal de manera natural.
El objetivo supremo no es la búsqueda de notoriedad mediante conductas estrafalarias, sino la purificación del corazón para aproximarse a Allah Todopoderoso a través de la observancia de la Ley Sagrada, la Sunnah profética, la oración constante y la paciencia ante las pruebas del camino.
Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.
■ Enseñanzas del Corazón.