Sufismo en estrofas...
Textos maravillosos de distintos maestros Sufíes, como así un poco de historia de este maravilloso mundo persa.
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Los cinco sentidos y su conexión con el ego (Nafs)
■ Los cinco sentidos y su conexión con el ego (Nafs)
Bismillāhi al-Raḥmāni al-Raḥīm
(En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso)
Para comprender la dinámica de la purificación interior (tazkiyah), es menester examinar la naturaleza de los cinco sentidos externos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Estos cinco sentidos actúan como facultades al servicio del alma pasional, denominada Nafs en la tradición islámica. El ego instrumentaliza estos sentidos para procurarse cuatro categorías fundamentales de deleite mundano:
El primer deleite: La comida y la bebida
El ego encuentra una satisfacción primaria en el consumo de alimentos y bebidas apetecibles. Constituye el deseo más elemental e instintivo de la naturaleza humana.
El segundo deleite: Los deseos íntimos y pasionales
El ego busca la gratificación de los impulsos físicos y carnales, representando otra de las fuerzas más intensas que lo gobiernan.
El tercer deleite: El poder y la autoridad
El ego experimenta complacencia en el dominio, el gobierno sobre los demás, el mando y el ejercicio del poder. Es la fascinación por el liderazgo coercitivo y el control.
El cuarto deleite: El conocimiento ostentoso
El ego encuentra asimismo un sutil deleite en la adquisición de saber. Aunque pueda parecer paradójico, la búsqueda de conocimiento puede derivar del propio ego cuando el individuo anhela ser reconocido como erudito o exhibir su erudición ante la creación.
Todas estas formas de placer emanan del ego imperioso (al-Nafs al-Ammārah bi-l-sūʾ), la dimensión de la psique que impele hacia el mal y el extravío.
▪︎ Como declaró el Profeta Yūsuf (la paz sea con él) en el Sagrado Corán:
«En verdad, el ego impele ciertamente al mal, salvo cuando mi Señor tiene misericordia de mí.»
(Sūrat Yūsuf, 12:53)
Esto significa que el ego inferior, por su propia naturaleza inclinada a la materia, persuade continuamente al ser humano hacia la desobediencia y la negligencia respecto a Allah Todopoderoso. La única vía de liberación frente a los dictámenes del ego imperioso radica en el descenso de la Misericordia Divina.
El ego imperioso se asemeja a un compañero nocivo que incita constantemente al error: motiva el exceso en la comida, el aletargamiento en el sueño, la pereza, la ira, el orgullo y la codicia. Jamás busca el bien auténtico del buscador. No obstante, cuando la Misericordia de Allah alcanza al siervo, este adquiere la capacidad de disciplinar esa fuerza interior y transmutarla hacia la virtud.
La transformación del ego en el alma pacificada (Nafs al-Muṭma'innah)
Cuando el buscador se consagra con rigor a la purificación del alma (Tazkiyat al-Nafs), el ego imperioso experimenta una transmutación gradual hasta convertirse en el alma pacificada y tranquila (al-Nafs al-Muṭma'innah): la dimensión que halla sosiego y complacencia plena en Allah. Al alcanzar esta estación (maqām), el ser adopta la nobleza del carácter humano primordial. El propósito supremo de la disciplina espiritual no es la aniquilación de las facultades, sino la transformación del ego imperioso en un alma pacificada.
Todas las afecciones morales y los vicios del corazón proceden del ego inferior: la ira, la soberbia, la envidia (ḥasad), la avaricia, la apatía, la lascivia y la ostentación (riyāʾ) son ramificaciones de esta misma raíz.
Advertencia sobre la ilusión de la religiosidad externa
Aparecen en el mundo individuos que exhiben una apariencia de profunda religiosidad y piedad: eruditos, juristas (fuqahāʾ), ascetas que velan en oración durante la noche, ayunan con frecuencia, han cumplido la peregrinación (Ḥajj), viven en retiro o son aclamados como autoridades espirituales (awliyāʾ). Pueden ser reconocidos por su devoción, su enseñanza, sus visiones y su austeridad externa.
Sin embargo, subsiste un peligro sutil: a pesar de tales virtudes ostensibles, muchos de ellos permanecen subliminalmente cautivos de su propio ego, siguiendo aspiraciones egoicas veladas. Entre la multitud de los que profesan la vía, son escasos aquellos unidos con absoluta sinceridad a la Verdad (al-Ḥaqq) únicamente por Allah. Por ello, la presencia de un verdadero guía maestro (Murshid Kāmil) es extraordinariamente excepcional en cada época.
La alegoría del rey, el ministro y el mundo
Los maestros del taṣawwuf han ilustrado esta realidad mediante la parábola del ego como un rey entronizado, donde Satanás (Shayṭān) actúa como su visir o consejero, y el mundo transitorio (Dunyā) es la nodriza que lo nutre. El ego, Satanás y el mundo terrenal convergen armónicamente para apartar al ser humano de la Presencia Divina.
Cuando el corazón se satura del amor y apego a la Dunyā, se convierte en el asiento de Satanás. Quien sucumbe a este estado se expone a la advertencia coránica dirigida a quienes transgreden los límites y prefieren la vida terrenal sobre la trascendente: su morada final será la lejanía y el fuego.
Al establecer Satanás su dominio sobre el corazón, se desencadenan cuatro manifestaciones o impulsos adversos:
Khannās (El susurrador esquivo): Aquel que infiltra sugestiones sutiles (waswās) y se retira temporalmente, retornando de forma recurrente como un intruso que busca fisuras en la morada del corazón.
Khartūm (El promotor de la tentación): Aquel que embellece la desobediencia y presenta el error bajo una apariencia atractiva.
Waswasah (La duda paralizante): La fuerza que siembra confusión, escepticismo e incertidumbre respecto a la fe, la adoración y la veracidad del camino.
Khaṭarāt (Las cavilaciones dispersas): Pensamientos fluctuantes e imágenes desordenadas que asaltan la mente para distraer al corazón de la remembranza de Allah (dhikr).
Estas cuatro fuerzas operan en concierto como centinelas al servicio del ego inferior.
La alianza del ego, Satanás y el mundo
La tradición enseña que cuando Iblīs fue despojado de su rango primigenio, pactó una alianza con el ego y con la Dunyā, comprometiéndose conjuntamente a propiciar la caída de la estirpe humana.
Satanás declaró: «Obstaculizaré a los hijos de Adán en su obediencia a Allah, desviándolos de las obras de bien e induciéndolos al error.»
El ego declaró: «Los sumergiré en la búsqueda compulsiva de placeres, haciéndolos cautivos de sus pasiones para que olviden a su Creador.»
El mundo (Dunyā) declaró: «Me engalanaré ante sus ojos, deslumbrándolos con mis encantos para que codicien riquezas y estatus, quedando atrapados en mis redes hasta olvidar su retorno.»
Los estados aberrantes del ego inferior
El ego en la saciedad (El estado de Faraón): Cuando el ego se encuentra colmado de placeres materiales, cae en la arrogancia y la autosuficiencia, asumiendo la postura del Tirano que proclama implícitamente: «Yo soy el señor supremo».
El ego en la privación desordenada: Cuando se ve privado sin disciplina espiritual, actúa como una bestia rabiosa que pierde la capacidad de discernimiento, incapaz de distinguir entre lo lícito (ḥalāl) y lo ilícito (ḥarām).
El ego bajo el dominio de la concupiscencia: Cuando la pasión carnal lo avasalla, el juicio se nubla por completo, eclipsando la conciencia de la Presencia Divina y las consecuencias de los actos.
El ego en la ira: Bajo la ira, el ego emite palabras hirientes y reprobables que vulneran las enseñanzas sagradas, razón por la cual el Profeta ﷺ enfatizó la contención del enojo.
El ego en la falsa generosidad (El estado de Qarūn): Incluso ante la oportunidad de ejercer la caridad, el ego puede actuar con el recelo de Qarūn (Coré), induciendo al cálculo egoísta y a la vanagloria en lugar del desprendimiento sincero por la causa de Allah.
Que Allah Todopoderoso nos guíe por el camino recto, nos proteja de las sutiles engañifas del ego y nos conceda la compañía de auténticos guías (Murshidūn) que nos conduzcan con sinceridad hacia Su Cercanía. Āmīn.
■ Enseñanzas del Corazón.