Sufismo en estrofas...
Textos maravillosos de distintos maestros Sufíes, como así un poco de historia de este maravilloso mundo persa.
Las Causas Ocultas que Impiden el Desvelamiento Espiritual y el Progreso en la Cercanía a Allāh, el Altísimo
Las Etapas del Viaje del Buscador y del Atraído
■ Las Etapas del Viaje del Buscador y del Atraído
El viaje hacia Allāh, el Altísimo, no es uniforme ni está limitado a un único modelo espiritual.
Los maestros del taṣawwuf distinguieron entre quienes avanzan hacia Allāh mediante el esfuerzo disciplinado (sulūk) y aquellos a quienes Allāh atrae hacia Sí por Su pura gracia (jadhbah).
Aunque sus comienzos difieren, ambos llegan finalmente a la misma Realidad, pues toda guía proviene únicamente de Allāh, el Altísimo.
▪︎ Shaykh Ibn ʿAṭāʾ Allāh al-Iskandarī (que Allāh santifique su secreto) escribe:
«Hay quienes son impulsados por Allāh mediante una aspiración espiritual, de modo que recorren los senderos de sus almas hasta llegar a la Presencia de su Señor. Esto está indicado en Sus palabras:
"Y a quienes se esfuerzan por Nuestra causa, ciertamente los guiaremos por Nuestros caminos." (Corán 29:69)
Y hay quienes son sorprendidos por el cuidado de Allāh sin esfuerzo previo ni preparación, tal como lo indican Sus palabras:
"Él escoge para Su misericordia a quien Él quiere." (Corán 2:105)
Los primeros corresponden a la estación de los buscadores (sālikūn); los segundos, a la estación de los atraídos (majdhūbūn).»
▪︎ Laṭāʾif al-Minan
Así, el buscador avanza mediante la adoración, la disciplina, el recuerdo (dhikr) y la purificación, mientras que el atraído es tomado por la Gracia Divina antes de haber completado las etapas externas del camino.
Sin embargo, ninguno de los dos caminos existe de manera independiente del otro. Todo buscador es sostenido por la Gracia Divina, y todo atraído es finalmente conducido de nuevo a la disciplina de la Ley Sagrada y al refinamiento espiritual.
▪︎ Shaykh Ibn ʿAṭāʾ Allāh (que Allāh santifique su secreto) continúa:
«No imagines que el atraído carece de camino. Más bien, Allāh ha acortado para él el sendero, eliminando sus dificultades mientras conserva intactas sus realidades.»
▪︎ Laṭāʾif al-Minan
Esta enseñanza refuta la idea errónea de que la atracción espiritual elimina la disciplina. Más bien, Allāh vela las dificultades del camino mientras preserva sus frutos.
▪︎ Shaykh Muḥammad Abū al-Mawāhib al-Shādhilī (que Allāh santifique su secreto) resumió bellamente la relación entre estos dos viajeros:
«El caminante asciende, mientras que el atraído desciende.»
▪︎ Y además explica:
«El atraído es llevado desde sí mismo hasta la Presencia de Allāh sin una progresión gradual, mientras que el caminante llega a ella mediante el orden, la disciplina y la educación espiritual.»
El ascenso (ṣuʿūd) del buscador y el descenso (nuzūl) del atraído convergen finalmente.
Uno asciende desde la creación hacia el Creador, mientras que el otro regresa desde la cercanía divina hacia la creación para servir, enseñar y guiar.
Sus recorridos son opuestos en dirección, pero idénticos en destino.
Esta distinción ilumina la sutil diferencia entre ascender hacia Allāh y descender con Allāh.
El buscador asciende mediante el esfuerzo hasta que se le concede el desvelamiento (kashf), mientras que el atraído saborea primero ese desvelamiento antes de ser instruido en las disciplinas que lo preservan.
Por esta razón, Shaykh Muḥyī al-Dīn Ibn al-ʿArabī (que Allāh santifique su secreto) describe cuidadosamente los estados interiores experimentados durante este ascenso en su monumental Al-Futūḥāt al-Makkiyyah.
▪︎ Él define el ascenso (ṣuʿūd) como:
«El movimiento a través de los estados espirituales (aḥwāl), las estaciones (maqāmāt) y los conocimientos (maʿārif), mediante el cual el siervo avanza por las realidades del alma, del corazón y del espíritu en busca de la cercanía de Allāh.»
▪︎ Al-Futūḥāt al-Makkiyyah
Mientras el siervo asciende, Allāh, el Altísimo, le concede continuamente dones espirituales.
▪︎ Shaykh Ibn al-ʿArabī define la recepción (talqī) como:
«La recepción de aquello que la Verdad Divina concede al siervo durante su ascenso a través de los estados espirituales.»
Todo desvelamiento, inspiración, certeza o incremento en el conocimiento no es adquirido de manera independiente, sino recibido como un don divino.
La culminación del ascenso es la cercanía (qurb), que Shaykh Ibn al-ʿArabī describe como:
«El ascenso de aquellos que han sido acercados a Allāh, seguido por su descenso portando misericordia, sabiduría y guía.»
La cercanía, por lo tanto, no constituye el final del viaje, sino el comienzo de una responsabilidad aún mayor.
El siervo perfeccionado experimenta entonces el descenso (nuzūl), que él define como:
«El descenso de la Realidad Divina sobre el siervo y el descenso del siervo hacia la creación con serenidad, enseñanza y guía.»
Aquí el Walī (Amigo de Allāh) se convierte en un medio de misericordia para los demás.
Después de haber viajado interiormente hacia Allāh, el Altísimo, ahora regresa exteriormente a la creación, no por sí mismo, sino para beneficio de ella.
Este descenso va acompañado de la serenidad (sakīnah), acerca de la cual Shaykh Ibn al-ʿArabī escribe:
«Es la paz que se encuentra cuando las realidades del Mundo Invisible descienden sobre el corazón, iluminando su interior.»
El Corán asocia repetidamente esta sakīnah con el apoyo divino concedido a los creyentes (Corán 48:4).
Entre las experiencias más sobrecogedoras que se encuentran durante este ascenso está lo que Ibn al-ʿArabī denomina el Impacto Abrumador (ṣaʿqah).
▪︎ Él escribe:
«Es la aniquilación (fanāʾ) producida por el desvelamiento de la Manifestación Divina. Ocurre en aquellos cuyos corazones permanecen equilibrados entre la esperanza y el temor.»
▪︎ Al-Futūḥāt al-Makkiyyah
Este desvelamiento abrumador extingue la conciencia del yo antes de devolver al siervo con una certeza aún mayor.
La esperanza (rajāʾ) y el temor (khawf) permanecen como las dos alas que conservan el equilibrio a lo largo de todo el viaje.
▪︎ Shaykh Ibn al-ʿArabī explica:
«La esperanza es el anhelo por la Otra Vida, mientras que el temor es la aprensión respecto a lo que está por venir. Juntas desprenden al siervo de sí mismo y lo devuelven a la humildad y a la entrega.»
Ni una esperanza excesiva ni un temor excesivo conducen a la perfección.
Más bien, el corazón avanza manteniendo ambas en equilibrio.
El viajero también debe cuidarse de apegarse incluso a los logros espirituales.
Las propias estaciones no son el destino.
▪︎ Shaykh Ibn ʿAṭāʾ Allāh al-Iskandarī (que Allāh santifique su secreto) dice en su al-Ḥikam:
«Tu Señor te traslada de una estación a otra para que no te apegues a ninguna de ellas, sino únicamente a Él.»
Todo desvelamiento, toda estación, toda dulzura espiritual y toda manifestación son temporales.
Sólo Allāh, el Altísimo, permanece para siempre.
En definitiva, ya sea que uno comience como buscador mediante el esfuerzo o como atraído por la Gracia Divina, ambos recorridos culminan en la misma realidad: la completa servidumbre ante Allāh, el Altísimo.
El buscador descubre que cada uno de sus pasos fue sostenido por la Atracción Divina, mientras que el atraído descubre que la propia Atracción Divina exige disciplina, gratitud y perseverancia.
Así, los corazones viajan a través del esfuerzo, la atracción, el ascenso, la recepción, la cercanía, el descenso, la serenidad, la esperanza, el temor, la aniquilación y la subsistencia, hasta que cada una de esas etapas desaparece ante Aquel que es ʿĀlim al-Ghayb, el Conocedor de lo Oculto.
Toda estación queda atrás, todo desvelamiento pasa y todo estado se desvanece, hasta que nada permanece en el corazón sino el testimonio de Allāh, el Altísimo, solamente.
Y sólo en Allāh reside todo éxito (wa bi'Llāhi al-tawfīq).
■ Enseñanzas del Corazón.