Tú eres generoso en tus favores,oh Oyente de la oración.


Tú eres generoso en tus favores,
oh Oyente de la oración.

Las oraciones son concedidas por ti antes de ser pronunciadas.

¡Tú abres la puerta para admitir corazones a cada instante! ¡Cuántas cartas escribes con tu pluma todopoderosa!

Al maravillarse allí, las piedras se vuelven como cera.

Tú escribes la Nun de la frente, la Sad del ojo, y la Jim de la oreja, para asombrar a la razón y al sentido. 

Estas letras ejercitan y confunden a la razón; ¡Escribe, oh hábil Escritor Hermoso! 

Imprimiendo cada momento en el No-ser las bellas formas del mundo de los ideales, ¡para confundir todo pensamiento! 

Sí, copiando allí las bellas letras de la página de los ideales, a saber, ¡ojo y ceja y bigote y lunar! Por mí, seré un amante del No-ser, no de la existencia, porque el amado del No-ser es más bendecido. 

Dios hizo a la razón lectora de todas estas letras, para sugerirle reflexiones sobre ese derramamiento de gracia. 

La razón, como Gabriel, aprende día a día su porción diaria de la "Tabla Indeleble". 

¡Contemplad las letras escritas sin manos en el No-ser! ¡Contemplad la perplejidad de la humanidad ante esas letras! 

Todos están desconcertados por estos pensamientos, y buscan tesoros ocultos con la esperanza de encontrarlos.

— Masnavi V
Mevlana Jalaludin Muhammad Rumi.

Este pasaje aparece inmediatamente después de la conmovedora historia del invitado infiel. No es una casualidad. Rumi nos conduce desde un hecho aparentemente humano hasta el océano insondable de la Misericordia divina.

El hombre come sin medida, ensucia la habitación y se marcha avergonzado. Sin embargo, el Profeta ﷺ no lo humilla ni lo expone ante los demás. Lo deja partir con dignidad. Después, por un designio que solo pertenece a Dios, aquel hombre regresa transformado. Rumi nos está revelando que la guía no nace del reproche humano, sino de la Misericordia divina.

Por eso las primeras palabras del poema parecen iluminar toda la historia: «Las oraciones son concedidas por Ti antes de ser pronunciadas.» Antes de que aquel hombre sintiera el deseo de volver, Dios ya había preparado su regreso. Antes de que el corazón pronunciara una súplica, la respuesta ya había descendido desde la infinita Compasión.

Cuando Rumi dice: «¡Tú abres la puerta para admitir corazones a cada instante!», comprendemos que el verdadero protagonista del relato no es el invitado, ni siquiera el Profeta ﷺ. El verdadero protagonista es el Amado, que abre el corazón cuando quiere. El Profeta ﷺ fue el espejo perfecto de esa Misericordia, reflejándola sin juicio, sin humillación y sin apartar a nadie de la esperanza.

Después, Rumi eleva aún más nuestra mirada. Dios escribe en el No-ser las formas del mundo. Ese No-ser (ʿadam) no es la nada absoluta; es el ámbito del Misterio donde todas las posibilidades reposan en el conocimiento eterno de Dios antes de manifestarse. Cada criatura, cada mirada, cada lágrima y cada despertar son letras escritas por el Calígrafo divino.

La frente, el ojo y la oreja son presentados como letras de una caligrafía sagrada. El ser humano entero es una āyah, un signo escrito por la Pluma divina. El universo entero es un libro abierto para quien ha aprendido a leer con el corazón.

Entonces aparece uno de los versos más profundos del Masnavi: «Seré un amante del No-ser, no de la existencia.» No se trata de amar la nada, sino de abandonar la ilusión de una existencia separada de Dios. Es el vaciamiento del nafs, la pobreza espiritual (faqr) y la entrega total, para que solo permanezca la Realidad divina. Allí acontece el tajallī, la teofanía, donde el ego se desvanece y la Luz divina encuentra un corazón limpio donde reflejarse.

Rumi también nos enseña el lugar de la razón. Ella es noble y necesaria, pero posee un límite. Como el ángel Gabriel en el Viaje Nocturno, puede acompañarnos hasta cierto punto. Más allá comienza el conocimiento del corazón, iluminado por la gracia y no solamente por el pensamiento. La razón lee las letras; el corazón contempla al Autor.

Finalmente, Rumi contempla a toda la humanidad perpleja ante esa Escritura divina. Todos buscan el Tesoro oculto sin comprender que ese Tesoro se encuentra detrás de las mismas letras que contemplan cada día. La creación entera es una Escritura viva; cada instante es una nueva palabra pronunciada por Dios, una nueva manifestación de Su Misericordia.

Tal vez esa sea la enseñanza más luminosa de este pasaje. Dios continúa escribiendo el corazón del ser humano en cada instante. Nadie queda fijado para siempre en su estado actual. Mientras la Pluma divina siga escribiendo sobre la página del corazón, siempre existe la posibilidad de un nuevo comienzo.

«Las oraciones son concedidas por Ti antes de ser pronunciadas.» Esa es la esperanza del caminante. La Misericordia de Dios precede incluso a nuestro arrepentimiento. Antes de que demos un paso hacia Él, Él ya ha abierto la puerta.

Rumi en el corazón de El Amado

La Oración de las Luces de Sayyid Aḥmad al-Badawī


■ La Oración de las Luces de Sayyid Aḥmad al-Badawī
Que Allah Todopoderoso santifique sus nobles secretos.
En el Nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.
بِسْمِ اللَّهِ الرَّحْمَنِ الرَّحِيمِ
En el Nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.
اللَّهُمَّ صَلِّ عَلَى سَيِّدِنَا مُحَمَّدٍ نُورِ الأَنْوَارِ
¡Oh, Allah! Envía Tus bendiciones sobre nuestro señor Muḥammad, la Luz de las luces,
وَسِرِّ الأَسْرَارِ
el Secreto de los secretos,
وَتِرْيَاقِ الأَغْيَارِ
el antídoto contra toda alteridad (es decir, contra todo aquello que aparta de Allah),
وَمِفْتَاحِ بَابِ الْيَسَارِ
la llave de la puerta de la facilidad y de la asistencia divina,
سَيِّدِنَا مُحَمَّدٍ الْمُخْتَارِ
nuestro señor Muḥammad, el Elegido,
وَآلِهِ الأَطْهَارِ
y sobre su purificada Familia,
وَأَصْحَابِهِ الأَخْيَارِ
y sobre sus nobles y virtuosos Compañeros,
عَدَدَ نِعَمِ اللَّهِ وَأَفْضَالِهِ
tantas veces como las bendiciones y los favores de Allah.
Āmīn, ¡oh Señor! 🤲
■ Enseñanzas del Corazón.

Una observación interesante: la expresión "تِرْيَاقِ الأَغْيَارِ" (tiryāq al-aghyār) es profundamente sufí. Tiryāq significa literalmente "antídoto" o "remedio", mientras que aghyār ("los otros") no se refiere simplemente a las personas, sino a todo aquello que distrae el corazón de Allah: el ego, el mundo, las pasiones y cualquier apego que vele la Presencia Divina. 
Por eso, algunos maestros también traducen esa expresión como "el remedio contra todo lo que no es Allah", una interpretación que refleja muy bien su sentido espiritual.

El criterio divino de la verdad en la espiritualidad islámica


■ La luz del al-Furqān: el criterio divino de la verdad en la espiritualidad islámica

En el Nombre de Allah, la Luz de los cielos y de la tierra.

Entre los mayores dones espirituales concedidos al creyente se encuentra la luz del al-Furqān: la capacidad otorgada por Allah para distinguir la verdad de la falsedad, la guía del extravío y la sinceridad del engaño.

Esta facultad luminosa no es simplemente una capacidad intelectual, sino una percepción espiritual (baṣīrah) que brota de un corazón purificado mediante la fe, la reverencia y la conciencia constante de Allah.

▪︎ Allah, Exaltado sea, dice en el Noble Corán:

> يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا إِن تَتَّقُوا اللَّهَ يَجْعَل لَّكُمْ فُرْقَانًا

«¡Oh, creyentes! Si sois conscientes de Allah, Él os concederá un Furqān (criterio de discernimiento).»

(Corán 8:29)



Los comentaristas clásicos del Corán explican que Furqān designa un criterio divino mediante el cual el creyente distingue entre la verdad y la falsedad.

Comprende el juicio recto, la perspicacia espiritual, la ayuda divina y la iluminación del corazón. Este don está inseparablemente unido a la taqwā, es decir, a una vida vivida con reverente conciencia de Allah. Cuanto mayor es la taqwā de una persona, más claro se vuelve su discernimiento espiritual.

Dentro de la tradición sufí, el Furqān es considerado uno de los frutos de la purificación del alma (tazkiyat al-nafs) y del recuerdo constante de Allah (dhikr).

A medida que el corazón es purificado de los apegos mundanos, de los deseos egoístas y de la negligencia espiritual, se vuelve receptivo a la luz divina.

Esa luz permite al buscador percibir realidades que trascienden las apariencias externas y distinguir los sutiles movimientos del alma de las insinuaciones del ego y de Satanás.

Los grandes maestros espirituales describieron el corazón iluminado por la guía divina como aquel del que han sido retirados los velos de las pasiones y de la ilusión, permitiendo al siervo percibir mediante la luz que Allah le concede.

En ese estado, los engaños del mundo pierden su atractivo y las realidades de la fe se manifiestan cada vez con mayor claridad.

Del mismo modo, enseñaron que el verdadero discernimiento va mucho más allá de distinguir simplemente entre lo lícito y lo ilícito.

Es un desvelamiento interior mediante el cual el siervo percibe las realidades profundas ocultas tras las formas externas, permitiendo que cada acción sea guiada por la sabiduría divina.

Los maestros sufíes insistieron constantemente en la necesidad de purificar el corazón mediante el recuerdo continuo de Allah.

Cuando el corazón es pulido por el dhikr, el buscador adquiere gradualmente una claridad espiritual gracias a la cual sus pensamientos, intenciones, palabras y acciones son medidos según la balanza de la verdad y no según las inclinaciones del alma inferior.

El temor reverencial a Allah (taqwā) engendra una luz interior que guía al creyente a través de las confusiones de la vida terrenal.

Esa iluminación se convierte en una luz con la que el siervo camina seguro en medio de la oscuridad espiritual.

Esta realidad queda reflejada en el conocido dicho del amado Profeta ﷺ:

> «Temed la perspicacia (firāsah) del creyente, pues ciertamente ve con la luz de Allah.»

▪︎ Jāmiʿ al-Tirmidhī.



Los sabios explican que esta firāsah no constituye un conocimiento sobrenatural independiente de la Revelación, sino una intuición concedida por Allah que brota de la fe sincera, la pureza del corazón y la obediencia constante.

Es uno de los frutos del refinamiento espiritual y de la cercanía a Allah.

Cuando la luz del Furqān se establece en el corazón, el creyente se vuelve cada vez menos vulnerable a los engaños del alma inferior, a las seducciones del apego mundano y a las sutiles insinuaciones de Satanás.

Así, el siervo avanza con una certeza creciente por el Camino Recto (al-Ṣirāṭ al-Mustaqīm), guiado por la claridad interior y no por las apariencias externas.

Los maestros espirituales recordaban con frecuencia que el conocimiento auténtico debe manifestarse mediante obras rectas e intenciones sinceras.

Según la comprensión sufí, la luz del Furqān sólo permanece en aquellos corazones que son continuamente pulidos mediante la humildad, el arrepentimiento, la sinceridad (ikhlāṣ) y el recuerdo de Allah.

Junto a ella se encuentra la luz de la certeza (yaqīn), que fortalece la confianza inquebrantable en la promesa de Allah, mientras que la luz del Furqān permite al creyente atravesar las pruebas y confusiones de la vida sin perder su orientación espiritual.

Por ello, los Awliyāʾ (los amigos íntimos de Allah) describen el Furqān como una lámpara interior colocada en el pecho, una luz que revela realidades ocultas a la percepción ordinaria.

Esta luz se alimenta mediante la vigilancia interior (murāqabah), el abundante recuerdo (dhikr), el arrepentimiento sincero, la obediencia constante y el alejamiento del pecado.

Cuanto más intensa se vuelve esta luz, con mayor claridad reconoce el creyente la verdad y con mayor naturalidad se aparta de la falsedad.

En definitiva, la luz del al-Furqān constituye una de las mayores provisiones concedidas a quienes recorren el camino espiritual.

Los preserva en tiempos de confusión, los protege del orgullo espiritual y del autoengaño, y les permite permanecer firmes en la obediencia a Allah.

▪︎ Es el criterio divino prometido a quienes cultivan la taqwā, tal como Allah declara:

> إِن تَتَّقُوا اللَّهَ يَجْعَل لَّكُمْ فُرْقَانًا

«Si sois conscientes de Allah, Él os concederá un Furqān.»

▪︎ (Corán 8:29).



Que Allah, Altísimo sea, ilumine nuestros corazones con la luz del al-Furqān, nos conceda una perspicacia fundada en la sinceridad, nos guíe por el Camino Recto con una certeza inquebrantable y nos permita encontrarnos con Él con corazones purificados por Su recuerdo y rostros resplandecientes por Su complacencia.

Y Allah Todopoderoso es Quien mejor sabe.

■ Enseñanzas del Corazón.

Antes del ocaso · 8/20


“La tarea del ser humano
no es buscar el amor,
sino encontrar y derribar
las barreras que ha construido
contra él.”

— Rumi, Fihi Ma Fihi
(Adaptación de una enseñanza atribuida a Rumi)

Pasamos la vida
buscando.
Buscando paz.
Buscando felicidad.
Buscando amor.

Como si fueran cosas
que algún día
aparecerán
desde fuera.

Pero Rumi
nos hace
una pregunta distinta.
¿Y si el amor
nunca se fue?

¿Y si lo único
que lo oculta
son las paredes
que hemos levantado
con el miedo,
el orgullo,
las heridas,
y el deseo
de tener siempre
la razón?

Quizá
hacerse viejo
no consiste
en acumular respuestas.
Sino en derribar,
una a una,
las barreras
que ya no necesitamos.

Tal vez,
al final de la vida,
no descubramos
un amor nuevo.
Solo recordemos
el que siempre
estuvo esperándonos.

Mevlana Rumi 

La importancia de los Awrād diarios


■ La importancia de los Awrād diarios (Letanías): el tiempo, el sacrificio y el recuerdo de Allah

Entre las características distintivas del camino espiritual (ṭarīqah) se encuentra la perseverancia en los awrād diarios (letanías y fórmulas prescritas de recuerdo).

A lo largo de la historia de la espiritualidad islámica, los grandes maestros del taṣawwuf consideraron estas devociones cotidianas no simplemente como actos de adoración recomendables, sino como el alimento del corazón y el fundamento de la transformación espiritual.

La mayor ofrenda que un siervo puede presentar ante Allah no es únicamente su riqueza o sus posesiones, sino una parte de su propia vida.

Dedicar incluso una o dos horas cada día exclusivamente al recuerdo (dhikr), la recitación, la súplica y la contemplación de Allah constituye una de las más elevadas expresiones de sinceridad y servidumbre (ʿubūdiyyah).

■ El recuerdo como signo de la fe

El Corán contrapone repetidamente el abundante recuerdo de Allah con la negligencia espiritual asociada a la hipocresía.

▪︎ Allah Todopoderoso dice:

> «Los hipócritas pretenden engañar a Allah, pero Él hace que su engaño recaiga sobre ellos. Cuando se levantan para la oración, lo hacen con pereza, buscando ser vistos por la gente, y recuerdan a Allah muy poco.»

(Corán 4:142)



Asimismo, se narra que el Imán ʿAlī ibn Abī Ṭālib —que Allah Todopoderoso honre su noble rostro— describió las características de la hipocresía aludiendo a quienes recuerdan poco a Allah, acuden a la oración con desgana y dan limosna de mala gana.

El propósito de estas enseñanzas no es condenar a quienes recuerdan a Allah en poca medida, sino animar a los creyentes a incrementar continuamente Su recuerdo.

Todo acto sincero de dhikr, por pequeño que sea, constituye un paso hacia la vida espiritual, mientras que la negligencia persistente priva al corazón de su mayor fuente de alimento.

■ El significado espiritual del sacrificio

▪︎ Allah, Exaltado sea, declara:

> «Jamás alcanzaréis la verdadera virtud hasta que gastéis de aquello que amáis.»

(Corán 3:92)



Los juristas y exégetas clásicos entendieron este versículo principalmente como una exhortación a ofrecer generosamente parte de la riqueza y de las posesiones más apreciadas por amor a Allah.

Los maestros sufíes, sin negar este significado externo, descubrieron también una dimensión interior. Observaron que lo más amado por todo ser humano es, en última instancia, su propio nafs (ego o alma inferior).

La riqueza, la familia y las comodidades mundanas son ciertamente amadas, pero ninguna supera el apego que el ser humano siente por su propia vida, sus deseos y su voluntad personal.

Por ello, la forma más elevada de infāq (ofrenda o entrega por la causa de Allah) consiste en ofrecer el propio tiempo, la atención y el propio ser mediante una adoración sincera.

Consagrar una parte de cada día exclusivamente a Allah significa sacrificar aquello que poseemos de más precioso: nuestra vida fugaz.

■ La sabiduría de los awrād diarios

Por esta razón, las personas del camino espiritual establecieron los awrād diarios.

Estas letanías cultivan la constancia, la disciplina y la presencia ante Allah.

Poco a poco purifican el corazón de la negligencia (ghaflah), refinan el ego y fortalecen en el siervo la conciencia de la Presencia Divina.

El valor de los awrād no reside únicamente en la cantidad de palabras recitadas, sino en la continuidad de la relación con Allah.

Incluso una práctica diaria modesta, pero constante, produce una transformación espiritual mucho más profunda que actos de devoción esporádicos.

■ Un honor concedido por Allah

Los maestros sufíes recuerdan con frecuencia a sus discípulos que la capacidad misma de recordar a Allah constituye uno de Sus mayores dones.

El dhikr no es simplemente algo que el siervo ofrece a Allah; es, ante todo, un honor que Allah concede a aquel a quien permite recordarlo.

▪︎ Como dice Allah Todopoderoso:

> «Recordadme, y Yo os recordaré.»

(Corán 2:152)



Por ello, cada instante dedicado al recuerdo de Allah es, antes que un acto de devoción humana, una manifestación de la gracia divina.

Los awrād diarios son mucho más que una rutina devocional; representan la ofrenda consciente del tiempo, del corazón y de la vida del creyente a Allah Todopoderoso.

Encarnan el llamado coránico al recuerdo constante, transforman las horas ordinarias en actos de adoración y conducen gradualmente al buscador desde la negligencia hasta la presencia, del apego a la entrega y de la conciencia de sí mismo a la conciencia de Allah (taqwā).

Para la gente del taṣawwuf, la perseverancia en los awrād diarios no es simplemente una disciplina espiritual: es una renovación constante del pacto entre el siervo y su Señor, y uno de los signos más claros de que el corazón ha comenzado a vivir por el recuerdo de Allah Todopoderoso.

Y el verdadero éxito sólo proviene de Allah Todopoderoso.

■ Enseñanzas del Corazón.

Aprender la quietud de la creación


■ El Imán al-Ghazālī sobre la vigilancia interior (Murāqabah): aprender la quietud de la creación

Entre las profundas enseñanzas del Imán Abū Ḥāmid al-Ghazālī —que Allah Todopoderoso santifique su secreto— sobre el refinamiento espiritual, se encuentra su exposición acerca de la murāqabah, el estado de vigilancia interior y de constante atención del corazón hacia Allah.

En el Iḥyāʾ ʿUlūm al-Dīn, al-Ghazālī relata una notable anécdota referente al maestro espiritual Abū al-Ḥusayn al-Nūrī (transmitido en algunos textos como al-Nawawī).

Durante un período de retiro espiritual (iʿtikāf), recibió la visita del célebre místico Abū Bakr al-Shiblī —que Allah Todopoderoso santifique su secreto—.

Al-Shiblī lo encontró sentado en absoluta quietud, con el cuerpo sereno y recogido, sin realizar movimiento alguno que fuera innecesario.

Impresionado por aquel profundo estado de recogimiento (jamʿiyyah), al-Shiblī le preguntó:

«¿De quién aprendiste este estado de vigilancia y quietud?»

Él respondió:

«Lo aprendí de un gato que teníamos. Cuando deseaba cazar, se colocaba sobre una roca y permanecía completamente vigilante e inmóvil, hasta el punto de que ni un solo pelo de su cuerpo se movía.»

▪︎ Iḥyāʾ ʿUlūm al-Dīn, vol. 4, p. 394.

La inclusión de este relato por parte del Imán al-Ghazālī ilustra un principio central de la psicología sufí: la verdadera conciencia espiritual requiere presencia, paciencia y dominio sobre las distracciones exteriores.

El buscador espiritual (sālik) debe cultivar un corazón despierto y atento, observando los movimientos de su alma mientras permanece receptivo a la Presencia Divina.

El ejemplo del gato no se presenta como una simple imitación del comportamiento de un animal, sino como una enseñanza sobre la concentración y la disciplina interior.

Así como el cazador permanece completamente absorto en el instante de la caza, el buscador de Allah debe desarrollar un corazón plenamente recogido, libre de negligencia (ghaflah) y preparado para recibir las sutiles inspiraciones (wāridāt) que descienden sobre el corazón purificado.

Ésta es la esencia de la murāqabah: que el siervo permanezca consciente de que Allah lo observa constantemente, tal como expresó el Profeta ﷺ en su célebre enseñanza acerca del iḥsān:

> «Adora a Allah como si Lo vieras; y si no Lo ves, sabe que Él ciertamente te ve.»

(Ṣaḥīḥ al-Bujārī y Ṣaḥīḥ Muslim).



Para al-Ghazālī, el camino hacia la realización espiritual no se alcanza únicamente mediante las acciones externas, sino mediante el refinamiento del estado interior.

El corazón debe llegar a estar lo suficientemente sereno para percibir, lo bastante atento para reconocer y lo suficientemente purificado para recibir la luz de la guía divina.

Así, incluso una sencilla criatura de la creación puede convertirse en maestra para el buscador. Todo el universo contiene signos (āyāt) que señalan hacia la perfección de Aquel que lo creó.

La persona dotada de verdadera visión aprende de todas las cosas, no porque la creación posea perfección por sí misma, sino porque cada criatura refleja una sabiduría que el Creador ha depositado en ella.

Como solían expresar los maestros sufíes:

«El corazón despierto encuentra enseñanzas allí donde el ojo negligente sólo ve cosas ordinarias.»

Y Allah Todopoderoso es Quien mejor sabe.

■ Enseñanzas del Corazón.

Del libro: Tras el primer paso"


"En el Nombre de Dios, 
el Compasivo, 
el Misericordioso.
No pretendo demostrar 
que conozco el camino."

"Pretendo recordarme 
que sigo caminando. 
Que cada página sea 
una oportunidad para recordar, 
agradecer y acercarme 
a la Verdad con un corazón humilde."

N. Bogo.