Una historia real de

 


CÓMO EL DAROOD
CONSTANTE
TRAJO ALIVIO
DE LAS DEUDAS

Un hombre no podía saldar una deuda de 3,000 dinares.
Con solo un mes de plazo otorgado por el juez,
recurrió al único que nunca decepciona:
el Profeta ﷺ.
Durante 27 días, envió constantemente Darood
sobre el Amado ﷺ con humildad y lágrimas.
Entonces vino una serie de sueños benditos...
El Profeta ﷺ lo guio hacia el visir
y le dio una señal secreta conocida solo
por Alá y los Ángeles.
Como resultado, no solo se pagó su deuda,
sino que recibió 12,000 dinares en total,
¡todo a través de las bendiciones del Darood!
«En verdad, Alá y Sus Ángeles envían bendiciones
sobre el Profeta. ¡Oh, vosotros que creéis!
Envíad bendiciones sobre él
y saludadlo con todo respeto».

(Corán 33:56)

Cuando el espíritu se apodera del cuerpo: El temblor del éxtasis entre la humildad y el arrobamiento espiritual



Cuando el espíritu se apodera del cuerpo: El temblor del éxtasis entre la humildad y el arrobamiento espiritual

En las profundidades de aquellos momentos en los que nos retiramos a la soledad, elevando las manos en súplica (duʿāʾ), repitiendo los Nombres Más Bellos de Allah Todopoderoso en susurros o en voz alta, o permaneciendo con reverencia ante los lugares de descanso de aquellos a quienes Allah eligió para la cercanía con Él, ocurre a veces un estremecimiento misterioso que escapa a nuestro control.

Un poderoso escalofrío recorre el cuerpo de la cabeza a los pies, como si un torrente de luz hubiese descendido sobre un ser de barro incapaz de soportar su intensidad. Los miembros comienzan a temblar y el corazón queda suspendido entre la veneración (haybah) y la dulzura, el temor reverencial y el deleite espiritual, la majestad (jalāl) y el anhelo (shawq). Muchos se preguntan por la causa de este temblor: no es una mera reacción nerviosa ni una ilusión psicológica, sino una de las puertas de los significados espirituales que inundan el corazón cuando este se encuentra con el Señor del Reino de lo No Visto (ʿĀlam al-Ghayb).

Es el instante en que el éxtasis espiritual (wajd) se apodera de los miembros, cuando todo lo material guarda silencio ante el poder de lo invisible. Cada partícula del cuerpo parece unirse a la remembranza (dhikr), armonizándose con el aliento del alma, la cual se vuelve más pesada que el propio cuerpo y más elevada que toda sensación física.

Al recitar las evocaciones matutinas y vespertinas o al repetir las letanías (awrād) heredadas de las generaciones virtuosas que nos precedieron, a menudo lo hacemos como parte de nuestra rutina diaria. Sin embargo, existen momentos extraordinarios en los que esa rutina se transforma en un estado espiritual universal (ḥāl). Uno ya no siente que está recordando a Allah Todopoderoso; más bien, la remembranza parece ocurrir a través de él. Es como si una fuerza invisible moviera sus labios, llenara su pecho con un ritmo distinto, hiciera temblar sus manos a pesar del calor del entorno, erizara su piel a pesar de la calma del aire y extrajera lágrimas de sus ojos sin tristeza ni alegría terrenal identificables.

Tal estado se halla plenamente dentro de la lógica del camino espiritual (sulūk). Es un signo de que el corazón se ha convertido en un recipiente para algo mayor que él mismo. Las facultades externas se estremecen porque responden a realidades (ḥaqāʾiq) que el intelecto limitado no puede comprender plenamente. En esos instantes, la conciencia del tiempo y del lugar se desvanece; las paredes de la estancia no se diferencian de la vastedad del universo, y un segundo fugaz no se distingue de mil años, porque el alma ha ingresado en una Presencia (Ḥaḍrah) que no se mide por estándares terrenales.

El estremecimiento ante la huella de los virtuosos

Cuando uno permanece ante los lugares de descanso de los virtuosos (awliyāʾ), este temblor adquiere otra cualidad. No se debe a que las piedras o los edificios posean una santidad inherente, sino a que tales espacios conservan la fragancia de almas que vivieron en continua intimidad (uns) con Allah Todopoderoso.

Nuestras propias almas, exhaustas por las distracciones del mundo material (dunyā), recuerdan de pronto que una vez conocieron otra senda. Reconocen que estos siervos rectos dieron testimonio de realidades ocultas a la mirada ordinaria. Los miembros tiemblan por la reverencia ante un misterio no visto y en respuesta a una atracción espiritual (jadhbah) difícil de resistir.

En tales momentos, toda pretensión desaparece. Ya no se busca una explicación intelectual ni se cuestiona si cada movimiento puede ser analizado y categorizado. Más bien, uno queda inmerso en un estado que trasciende el control deliberado. Se asemeja a una embriaguez espiritual (sukr), no de las que despojan de la conciencia, sino de las que la profundizan. Es una presencia que desvía la mirada de los pormenores de la tierra hacia los signos del cielo.

La naturaleza y el consejo de los maestros

Este temblor no es un signo de debilidad ni de deficiencia. Es la evidencia de que el cuerpo endurecido se ha ablandado ante una suave brisa de Cercanía Divina (Qurb), y de que la coraza protectora que rodea al corazón se ha resquebrajado lo suficiente para que ingresen los vientos del significado espiritual.

Los sabios y maestros espirituales que han escrito sobre estas experiencias no las clasificaron generalmente como dolencias corporales ni trastornos psicológicos. Más bien, las consideraron como posibles signos de sinceridad (iḵlāṣ) en la búsqueda de Allah Todopoderoso e indicaciones de una profunda humildad (khushūʿ) ante Él.

Asimismo, aconsejaron a quienes experimentan tales estados que no interrumpan su remembranza, sino que continúen hasta que el temblor se apacigüe de forma natural, al tiempo que advirtieron seriamente contra la búsqueda de estas vivencias por sí mismas. Son dones (mawāhib) que no se pueden convocar a voluntad; llegan únicamente cuando el siervo olvida buscarlos y permanece con sinceridad ante su Señor, sin que nada ocupe su corazón excepto Él.

En verdad, este temblor refleja el encuentro de dos realidades: la pesadez del barro y la sutileza del espíritu; el mundo cotidiano de la percepción física y las estaciones más elevadas a las que aspira el alma. El cuerpo tiembla porque se halla ante algo más grande de lo que puede contener, del mismo modo que la tierra se estremece bajo un viento poderoso, para emerger después más limpia y renovada. De igual modo, tras tales instantes, el alma suele sentirse más ligera, como si se le hubiesen retirado sus cargas, quedando mejor dispuesta para continuar por un camino que ningún mapa puede trazar y ningún reloj puede medir.

El testimonio del silencio

Estos momentos pueden durar poco o prolongarse en el tiempo; pueden recurrir con frecuencia o presentarse raras veces. Sin embargo, su huella permanece viva en el corazón como una brasa encendida, recordando al buscador que más allá del mundo percibido por los sentidos existe un universo totalmente distinto. El cuerpo que tiembla está, en realidad, confesando su propia incapacidad: no una incapacidad fea, sino la hermosa impotencia del amante ante una Belleza (Jamāl) que no puede ser vista del todo ni descrita adecuadamente.

En última instancia, este temblor permanece como uno de los misterios sutiles del camino espiritual. La lógica por sí sola no puede explicarlo, ni teoría alguna puede abarcarlo por completo. Quienes lo han probado saben que el cuerpo no es más que una delicada envoltura que oculta un tesoro de luz.

Las invocaciones de Allah Todopoderoso, las letanías sagradas y la visita a los lugares de descanso de los virtuosos no son rituales vacíos, sino citas con momentos en los que los velos se levantan y los significados de la Cercanía Divina se revelan de modos que el cuerpo solo puede soportar mediante el temblor y una profunda entrega (taslīm).

Quien desee comprender este misterio debe saborearlo (dhawq) más que meramente leer sobre él. Y cuando los miembros comiencen a temblar, tal vez la respuesta más sabia sea el silencio, pues en ese silencio el alma puede pronunciar sus palabras más verdaderas: palabras más sinceras que cualquiera que haya articulado en toda una vida.

Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.

Enseñanzas del Corazón.

Al-Ghazali

 


Qué tragedia, el cuerpo que se
pudrirá es mimado, y el alma que
vive para siempre es descuidada.

~ Al-Ghazali

«Allāhu Akbar»: Más allá de toda comparación

 


«Allāhu Akbar»: Más allá de toda comparación

Se relata que el gran gnoseólogo, el Sheij Abū Yazīd al-Bisṭāmī (que Allah Todopoderoso se complazca con él), escuchó en una ocasión a un hombre proclamar:

«Allāhu Akbar.»

El Sheij le preguntó:

«¿Qué comprendes tú por las palabras "Allāhu Akbar"?»

El hombre respondió:

«Significa que Allah es más grande que cualquier otra cosa.»

Abū Yazīd replicó:

«¡Ay de ti! ¿Acaso existió jamás algo junto a Él mediante lo cual pudiera ser medido, para que se diga que Él es más grande que ello?»

El hombre le preguntó entonces:

«¿Qué significa verdaderamente "Allāhu Akbar"?»

El Sheij respondió:

«Significa que Allah Todopoderoso es demasiado excelso para ser medido, demasiado majestuoso para ser confinado dentro de cualquier estándar de comparación, y que está infinitamente más allá del alcance de los sentidos.»

La trascendencia absoluta (Tanzīh)

Este intercambio profundo nos recuerda que Allah Todopoderoso trasciende toda limitación de la existencia creada. No está contenido por el tiempo ni abarcado por el espacio, pues tanto el tiempo como el espacio son en sí mismos creaciones Suyas.

El intelecto humano (ʿaql), por extraordinario que sea, permanece finito y creado; no puede comprender lo Infinito por su propia fuerza autónoma.

▪︎ Allah Todopoderoso declara:

«¡Exaltado sea Él! Muy por encima de lo que dicen, con una trascendencia inmensa.»

(Glorioso Corán, 17:43)

▪︎ Y también dice:

«No hay nada semejante a Él, y Él es el TodoOidor, el TodoVeedor.»

(Glorioso Corán, 42:11)

El creyente, por ende, afirma estas verdades divinas con humildad y sometimiento (taslīm). Del mismo modo que creemos en las realidades no vistas del Paraíso —donde hay bendiciones que «ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ni han pasado por el corazón de ser humano alguno»—, afirmamos la trascendencia absoluta de Allah sin intentar someterlo a las limitaciones de la imaginación humana.

La función y el límite del intelecto

Nuestros maestros en el camino espiritual (tasawwuf) nos han recordado desde antiguo que el intelecto, el conocimiento y la lógica son dones inmensos de Allah Todopoderoso; sin embargo, no constituyen el destino final.

Si una persona se apega únicamente a ellos, pueden convertirse en velos (ḥujub) que impidan al corazón atestiguar realidades más profundas (maʿrifah). El conocimiento auténtico culmina en la humildad, donde el siervo reconoce los límites de la comprensión creada y remite cada asunto a Aquel que posee el conocimiento absoluto.

▪︎ Como dice Allah Todopoderoso:

«Elevamos en grados a quien Queremos, y por encima de todo poseedor de conocimiento hay Uno más omnisciente.»

(Glorioso Corán, 12:76)

El camino del buscador no consiste en negar la razón, sino en reconocer sus límites naturales. Más allá del horizonte del intelecto yace la entrega; más allá de la entrega yace la certeza (yaqīn); y más allá de la certeza yace la reverencia ante la Majestad de Allah Todopoderoso, Quien jamás podrá ser abarcado por el pensamiento, la imaginación ni la comparación.

Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.

Enseñanzas del Corazón.

«Ciertamente, la muerte retirará el velo... ¿pero de qué servirá entonces?»

 


«Ciertamente, la muerte retirará el velo... ¿pero de qué servirá entonces?»

El Glorioso Corán nos recuerda esta verdad sobrecogedora:

«Ciertamente estabas en la negligencia (ghaflah) respecto a esto; pero hemos retirado tu velo, y hoy tu vista es aguda.»

(Sūrat Qāf, 50:22)

En el instante de la muerte, los velos de la ilusión se levantan de golpe. La Realidad (al-Ḥaqq) se vuelve inconfundiblemente clara, sin espacio para la duda ni la distracción.

Pero entonces emerge la pregunta más seria y penetrante:

¿De qué sirve la claridad si llega cuando la oportunidad de transformar el corazón ya ha pasado?

Esta es la razón por la cual los conocedores de Dios (ʿārifūn) en la tradición del sufismo (taṣawwuf) han hecho eco ininterrumpidamente de la máxima clásica:

«Muere antes de morir.»

(Mātū qabla an tamūtū)

La muerte voluntaria del ego

Esta invitación no es una llamada a la muerte física ni al abandono de las responsabilidades en el mundo.

Es la llamada a la muerte voluntaria del ego (al-mawt al-ikhtiyārī):

  • Que el ego (nafs) muera a sus pretensiones de independencia.

  • Que la ilusión de la separación y la autosuficiencia se disuelva.

  • Que el apego desmedido a las apariencias efímeras del mundo (dunyā) se desvanece.

  • Que el falso sentido del «yo» rinda sus armas ante la Majestad Divina.

Todo esto mientras la vida aún nos otorga el soplo, la salud y la oportunidad de despertar.

El retiro del velo a través de la Conciencia

«Morir antes de morir» significa permitir que el velo caiga por elección e introspección, antes de que la muerte física lo retire por estricta necesidad.

  • Entonces la vida misma se transfigura en la presencia de la Otra Vida (Ākhirah) en la conciencia.

  • El velo ya no es rasgado por el trance de la muerte, sino disuelto por la Atención Plena y el Recuerdo (Dhikr / Murāqabah).

  • El yo ya no es quebrantado por la fuerza inevitable del fin, sino entregado voluntariamente en Amor y Servidumbre (ʿUbūdiyyah).

  • La Realidad ya no es pospuesta hasta la tumba, sino reconocida y vivida aquí y ahora.

La muerte terrenal retirará indefectiblemente cada velo.

Dichosos y benditos aquellos que, por la gracia de su Señor, lo retiran antes de que llegue la muerte.

«Muere antes de morir.»

Enseñanzas del Corazón.

Antes de preguntar dónde comenzó el universo, preguntemos: ¿Quién lo pregunta...?



Antes de preguntar dónde comenzó el universo, preguntemos: ¿Quién lo pregunta...?

Pasamos un enorme esfuerzo intelectual intentando comprender el universo: su origen, su estructura, sus leyes, la materia, la energía, el espacio y el tiempo.

Sin embargo, hay otra pregunta agazapada debajo de todas estas interrogantes:

«¿Quién —o qué— es el que pregunta?»

Antes de intentar explicar el origen del cosmos, tal vez debamos examinar primero el sistema mismo a través del cual el universo está siendo conocido, experimentado, percibido y cuestionado.

Esta indagación puede comenzar de manera natural con el cigoto. No porque el universo haya comenzado literalmente como un cigoto, sino porque el cigoto representa la etapa más temprana de un organismo humano individual: una sola célula que se desarrolla a través de un proceso extraordinariamente complejo hasta formar un cuerpo con billones de células, incluyendo un cerebro capaz de formular preguntas sobre la conciencia, la existencia y el cosmos.

Desde ese microscópico comienzo emerge un ser capaz de preguntar:

  • ¿Qué es la conciencia?

  • ¿Dónde surge la intención?

  • ¿Cuál es la naturaleza del yo (anā)?

  • ¿Cómo surge la experiencia subjetiva?

  • ¿Cuál es la relación entre la mente y la materia?

  • Y, en última instancia, ¿cuál es el origen del universo?

De una célula al Conocedor

Considera el asombroso recorrido:

Una célula → Diferenciación → Sistema nervioso → Cerebro → Percepción → Memoria → Pensamiento → Autoconciencia → Indagación

El mismo organismo que finalmente pregunta «¿Qué es el universo?» es, en sí mismo, un producto del universo que intenta comprender. Esto crea un bucle epistemológico fascinante:

«El universo intenta comprenderse a sí mismo a través de un ser que surgió dentro de él.»

Pero esto plantea de inmediato una interrogante más profunda:

«¿Cómo llega a existir el que conoce?»

Podemos investigar galaxias, partículas, ADN, redes neuronales y las leyes de la física. Sin embargo, junto a la pregunta «¿Qué está siendo conocido..?», existe otra:

«¿Cuál es la naturaleza de aquel que conoce?»

La ciencia puede describir la actividad neuronal asociada a la percepción y la experiencia consciente. La neurociencia puede investigar correlaciones entre procesos cerebrales y estados subjetivos.

Sin embargo, la pregunta filosófica persiste: ¿Por qué hay una experiencia en primera persona (dhawq / experiencia directa)? ¿Por qué el universo no es simplemente una colección de procesos que ocurren sin que nadie los experimente? Esto se halla estrechamente vinculado con lo que el filósofo David Chalmers denominó el «problema duro de la conciencia».

Dos direcciones de la indagación

Quizá una investigación completa de la realidad requiera dos direcciones complementarias:

  • HACIA AFUERA (Lo Conocido):

    ¿Qué es el universo? ¿Cómo evolucionó? ¿Cuáles son sus leyes fundamentales? ¿Qué son el espacio, el tiempo, la materia y la energía?

  • HACIA ADENTRO (El Conocedor):

    ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es la experiencia? ¿Qué es el yo? ¿Cuál es la naturaleza de aquel que conoce?

La primera investiga lo conocido.

La segunda investiga al conocedor.

Y tal vez estas dos indagaciones no estén en el fondo separadas.

La extraña posición del observador

Hay algo profundamente singular en nuestra situación: no somos espectadores desapegados parados fuera del universo. Estamos dentro del universo, hechos de su materia, gobernados por sus leyes, y sin embargo, de algún modo, somos capaces de contemplar el todo.

Como expresó poéticamente Carl Sagan:

«Somos una forma para que el cosmos se conozca a sí mismo.»

Ya sea tomado en sentido literal, poético o filosófico, la afirmación señala un hecho extraordinario: el universo contiene seres capaces de preguntar qué es el universo.

Pero entonces... ¿Quién es el Conocedor?

Aquí la indagación se vuelve aún más sutil. Si el cerebro es el instrumento a través del cual ocurre la experiencia:

  • ¿Quién es consciente del cerebro?

  • Si los pensamientos surgen dentro de la mente: ¿quién es consciente de los pensamientos?

  • Si las sensaciones surgen a través de los sentidos: ¿quién es consciente de las sensaciones?

  • Y si el universo entero aparece dentro de la conciencia: ¿cuál es la naturaleza de esa conciencia...?

Estas preguntas nos llevan más allá de la descripción científica ordinaria y se adentran en el territorio explorado durante siglos por la filosofía, las tradiciones contemplativas, el Advaita Vedanta, el Budismo y la gran tradición del sufismo (taṣawwuf / Maʿrifah).

La antigua máxima griega «Conócete a ti mismo» apunta en la misma dirección. Del mismo modo, la tradición de las Upaniṣad vuelve repetidamente la atención hacia el conocedor del conocer, en lugar de dirigirla únicamente hacia los objetos del conocimiento.

En la tradición islámica contemplativa, este principio halla su eco en el célebre axioma de los ʿārifūn (los conocedores de Dios):

«Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor.»

(Man ʿarafa nafsahu faqad ʿarafa Rabbah)

Comenzar en el punto cero

Quizá por eso el cigoto ofrece un punto de partida filosófico tan interesante. No como el comienzo del cosmos, sino como el comienzo de este conocedor encarnado en particular.

De una sola célula emerge un sistema nervioso.

Del sistema nervioso emerge la percepción.

De la percepción emerge un mundo de experiencia.

De esa experiencia emerge el pensamiento.

Y dentro del pensamiento surge la pregunta:

«¿Qué es todo esto?»

Pero antes de apresurarnos hacia afuera para responder a esa pregunta, tal vez debamos hacer una pausa y preguntar:

«¿Quién la está formulando?»

La indagación más profunda

La investigación última de la realidad posee dos dimensiones inseparables:

  1. ¿Qué está siendo conocido?

  2. ¿Cuál es la naturaleza de aquel que conoce?

Nos hemos vuelto extraordinariamente diestros en investigar lo conocido. Quizás la próxima frontera no sea simplemente otra galaxia distante, otra partícula fundamental o una nueva ecuación matemática. Tal vez la frontera sea el conocedor mismo.

Porque cada observación científica, cada argumento filosófico, cada ecuación matemática y cada teoría sobre el cosmos aparece, en última instancia, ante un conocedor.

De modo que la pregunta más profunda no es meramente: «¿De dónde vino el universo?», sino también:

«¿Quién —o qué— está formulando esta misma pregunta?»

Y tal vez, en el nivel más profundo, la investigación del universo y la investigación del conocedor resulten ser dos direcciones de la mismísima indagación.

«Conócete a ti mismo.» — Máxima de la antigua Grecia

«Somos una forma para que el cosmos se conozca a sí mismo.» — Carl Sagan

«¿Qué es aquello sabiendo lo cual todo esto es conocido?» — Indagación recurrente de las Upaniṣad

El universo es lo conocido.

La conciencia es el conocedor.

El misterio más profundo yace en comprender la relación entre ambos.

Enseñanzas del Corazón.

El Hizb del Tahlīl (Declaración de la Unicidad Divina) de Sayyid Aḥmad al-Badawī

 



**حِزْبُ التَّهْلِيلِ لِسَيِّدِي أَحْمED الْبَدَوِي**

**El Hizb del Tahlīl (Declaración de la Unicidad Divina) de Sayyid Amad al-Badawī**

*(izbu t-Tahlīl li-Sayyid Amad al-Badawī)*

 

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بِسْمِ اللَّهِ الرَّحْمَنِ الرَّحِيمِ

En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso

*(Bismi llāhi r-Ramāni r-Raīm)*

 

الْحَمْدُ لِلَّهِ رَبِّ الْعَالَمِينَ

Todas las alabanzas pertenecen a Allah, Señor de todos los mundos

*(Al-amdu li-llāhi rabbi l-ʿālamīn)*

 

الرَّحْمَنِ الرَّحِيمِ

El Clemente, el Misericordioso

*(Ar-Ramāni r-Raīm)*

 

مَالِكِ يَوْمِ الدِّينِ

Soberano del Día del Juicio

*(Māliki yawmi d-dīn)*

 

إِيَّاكَ نَعْبُدُ وَإِيَّاكَ نَسْتَعِينُ

Solo a Ti adoramos y solo a Ti pedimos ayuda

*(Iyyāka naʿbudu wa-iyyāka nastaʿīn)*

 

اهْدِنَا الصِّرَاطَ الْمُسْتَقِيمَ

Guíanos por el camino recto

*(Ihdinā ṣ-ṣirāa l-mustaqīm)*

 

صِرَاطَ الَّذِينَ أَنْعَمْتَ عَلَيْهِمْ غَيْرِ الْمَغْضُوبِ عَلَيْهِمْ وَلَا الضَّالِّينَ

El camino de aquellos a quienes has favorecido, no el de los que han incurrido en Tu ira ni el de los extraviados. Amén.

*(Ṣirāa lladhīna anʿamta ʿalayhim ghayri l-maghūbi ʿalayhim wa-lā -āllīn. Āmīn)*

 

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وَإِلَهُكُمْ إِلَهٌ وَاحِدٌ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ الرَّحْمَنُ الرَّحِيمُ

Vuestro Dios es un Dios Único; no hay más dios que Él, el Clemente, el Misericordioso

*(Wa-ilāhukum ilāhun wāid, lā ilāha illā Huwa r-Ramānu r-Raīm)*

 

اللَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ الْحَيُّ الْقَيُّومُ

Allah: no hay más dios que Él, el Viviente, el Sustentador Absoluto

*(Allāhu lā ilāha illā Huwa l-ayyu l-Qayyūm)*

 

لَا تَأْخُذُهُ سِنَةٌ وَلَا نَوْمٌ

No le apriega la somnolencia ni el sueño

*(Lā ta’khudhuhu sinatun wa-lā nawm)*

 

لَّهُ مَا فِي السَّمَاوَاتِ وَمَا فِي الْأَرْضِ

A Él pertenece cuanto hay en los cielos y en la tierra

*(Lahu mā fī s-samāwāti wa-mā fī l-ar)*


مَن ذَا الَّذِي يَشْفَعُ عِندَهُ إِلَّا بِإِذْنِهِ

¿Quién podrá interceder ante Él sino con Su permiso?

*(Man dhā lladhī yashfaʿu ʿindahu illā bi-idhnih)*

 

يَعْلَمُ مَا بَيْنَ أَيْدِيهِمْ وَمَا خَلْفَهُمْ

Sabe lo que hay ante ellos y lo que hay detrás de ellos

*(Yaʿlamu mā bayna aydīhim wa-mā khalfahum)*

 

وَلَا يُحِيطُونَ بِشَيْءٍ مِّنْ عِلْمِهِ إِلَّا بِمَا شَاءَ

Y no abarcan nada de Su conocimiento excepto lo que Él quiere

*(Wa-lā yuīūna bi-shay’in min ʿilmihi illā bimā shā’)*

 

وَسِعَ كُرْسِيُّهُ السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضَ

Su Trono abarca los cielos y la tierra

*(Wasiʿa kursiyyuhu s-samāwāti wa-l-ar)*

 

وَلَا يَئُودُهُ حِفْظُهُمَا

Y no Le fatiga la preservación de ambos

*(Wa-lā ya’ūduhu ifuhumā)*

 

وَهُوَ الْعَلِيُّ الْعَظِيمُ

Y Él es el Altísimo, el Grandioso

*(Wa-Huwa l-ʿAliyyu l-ʿAīm)*

 

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الٓمٓ

Alif Lām Mīm

*(Alif Lām Mīm)*

 

اللَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ الْحَيُّ الْقَيُّومُ

Allah: no hay más dios que Él, el Viviente, el Sustentador Absoluto

*(Allāhu lā ilāha illā Huwa l-ayyu l-Qayyūm)*

 

نَزَّلَ عَلَيْكَ الْكِتَابَ بِالْحَقِّ

Él ha hecho descender sobre ti el Libro con la verdad

*(Nazzala ʿalayka l-kitāba bi-l-aqq)*

 

مُصَدِّقًا لِّمَا بَيْنَ يَدَيْهِ

Confirmando lo que había antes de él

*(Muṣaddiqan li-mā bayna yadayhi)*

 

وَأَنزَلَ التَّوْرَاةَ وَالْإِنجِيلَ

Y reveló la Torá y el Evangelio

*(Wa-anzala t-Tawrāta wa-l-Injīl)*

 

مِن قَبْلُ هُدًى لِّلنَّاسِ

Anteriormente, como guía para la humanidad

*(Min qablu hudan li-n-nās)*

 

وَأَنزَلَ الْفُرْقَانَ

Y reveló el Criterio

*(Wa-anzala l-Furqān)*

 

إِنَّ الَّذِينَ كَفَرُوا بِآيَاتِ اللَّهِ لَهُمْ عَذَابٌ شَدِيدٌ

En verdad, quienes no creen en los signos de Allah tendrán un castigo severo

*(Inna lladhīna kafarū bi-āyāti llāhi lahum ʿadhābun shadīd)*

 

وَاللَّهُ عَزِيزٌ ذُو انتِقَامٍ

Y Allah es Poderoso, Dueño de la retribución

*(Wa-llāhu ʿazīzun dhū ntiqām)*

 

إِنَّ اللَّهَ لَا يَخْفَىٰ عَلَيْهِ شَيْءٌ فِي الْأَرْضِ وَلَا فِي السَّمَاءِ

En verdad, nada en la tierra ni en el cielo se oculta a Allah

*(Inna llāha lā yakhfā ʿalayhi shay’un fī l-ari wa-lā fī s-samā’)*

 

هُوَ الَّذِي يُصَوِّرُكُمْ فِي الْأَرْحَامِ كَيْفَ يَشَاءُ

Él es Quien os forma en los vientres maternos como Él quiere

*(Huwa lladhī yuṣawwirukum fī l-arāmi kayfa yashā’)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ الْعَزِيزُ الْحَكِيمُ

No hay más dios que Él, el Poderoso, el Sabio

*(Lā ilāha illā Huwa l-ʿAzīzu l-akīm)*

 

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شَهِدَ اللَّهُ أَنَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

Allah atestigua que no hay más dios que Él

*(Shahida llāhu annahu lā ilāha illā Huwa)*

 

وَالْمَلَائِكَةُ وَأُولُو الْعِلْمِ قَائِمًا بِالْقِسْطِ

Y así lo atestiguan los ángeles y los poseedores del conocimiento, manteniendo la justicia

*(Wa-l-malā’ikatu wa-ulū l-ʿilmi qā’iman bi-l-qis)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ الْعَزِيزُ الْحَكِيمُ

No hay más dios que Él, el Poderoso, el Sabio

*(Lā ilāha illā Huwa l-ʿAzīzu l-akīm)*


إِنَّ الدِّينَ عِندَ اللَّهِ الْإِسْلَامُ

Ciertamente, la religión ante Allah es el Islam

*(Inna d-dīna ʿinda llāhi l-Islām)*

 

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اللَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ لَيَجْمَعَنَّكُمْ إِلَىٰ يَوْمِ الْقِيَامَةِ لَا رَيْبَ فِيهِ

Allah —no hay más dios que Él— os congregará sin duda alguna para el Día de la Resurrección

*(Allāhu lā ilāha illā Huwa la-yajmaʿannakum ilā yawmi l-qiyāmati lā rayba fīh)*

 

وَمَنْ أَصْدَقُ مِنَ اللَّهِ حَدِيثًا

¿Y quién es más veraz que Allah en la palabra?

*(Wa-man aṣdaqu mina llāhi adīthā)*

 

ذَلِكُمُ اللَّهُ رَبُّكُمْ

Ese es Allah, vuestro Señor

*(Dhālikumu llāhu rabbukum)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ خَالِقُ كُلِّ شَيْءٍ

No hay más dios que Él, el Creador de todas las cosas

*(Lā ilāha illā Huwa khāliqu kulli shay’)*

 

فَاعْبُدُوهُ وَهُوَ عَلَىٰ كُلِّ شَيْءٍ وَكِيلٌ

Adoradle, pues; Él es el Custodio de todas las cosas

*(Fa-ʿbudūhu wa-Huwa ʿalā kulli shay’in wakīl)*

 

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اتَّبِعْ مَا أُوحِيَ إِلَيْكَ مِن رَّبِّكَ

Sigue lo que te ha sido revelado de tu Señor

*(Ittabiʿ mā ūiya ilayka min rabbik)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

No hay más dios que Él

*(Lā ilāha illā Huwa)*

 

وَأَعْرِضْ عَنِ الْمُشْرِكِينَ

Y apártate de los idólatras

*(Wa-aʿri ʿani l-mushrikīn)*

 

قُلْ يَا أَيُّهَا النَّاسُ إِنِّي رَسُولُ اللَّهِ إِلَيْكُمْ جَمِيعًا

Di: ¡Oh, humanidad! En verdad soy el Mensajero de Allah para todos vosotros

*(Qul yā ayyuhā n-nāsu innī rasūlu llāhi ilaykum jamīʿā)*

 

الَّذِي لَهُ مُلْكُ السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضِ

A Quien pertenece la soberanía de los cielos y de la tierra

*(Alladhī lahu mulku s-samāwāti wa-l-ar)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ يُحْيِي وَيُمِيتُ

No hay más dios que Él; Él da la vida y da la muerte

*(Lā ilāha illā Huwa yuyī wa-yumīt)*

 

فَآمِنُوا بِاللَّهِ وَرَسُولِهِ النَّبِيِّ الْأُمِّيِّ

Creed, pues, en Allah y en Su Mensajero, el Profeta iletrado

*(Fa-āminū bi-llāhi wa-rasūlihi n-nabiyyi l-ummiyy)*

 

الَّذِي يُؤْمِنُ بِاللَّهِ وَكَلِمَاتِهِ

Que cree en Allah y en Sus palabras

*(Alladhī yu’minu bi-llāhi wa-kalimātih)*

 

وَاتَّبِعُوهُ لَعَلَّكُمْ تَهْتَدُونَ

Y seguidle para que podáis ser guiados

*(Wa-ittabiʿūhu laʿallakum tahtadūn)*

 

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وَمَا أُمِرُوا إِلَّا لِيَعْبُدُوا إِلَهًا وَاحِدًا

Y no se les ordenó sino que adoraran a un Dios Único

*(Wa-mā umirū illā li-yaʿbudū ilāhan wāidā)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

No hay más dios que Él

*(Lā ilāha illā Huwa)*

 

سُبْحَانَهُ عَمَّا يُشْرِكُونَ

¡Glorificado sea por encima de lo que Le asocian!

*(Subānahu ʿammā yushrikūn)*

 

فَإِن تَوَلَّوْا فَقُلْ حَسْبِيَ اللَّهُ

Y si se apartan, di: Allah me basta

*(Fa-in tawallaw fa-qul asbiya llāh)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

No hay más dios que Él

*(Lā ilāha illā Huwa)*

 

عَلَيْهِ تَوَكَّلْتُ

En Él confío

*(ʿAlayhi tawakkaltu)*

 

وَهُوَ رَبُّ الْعَرْشِ الْعَظِيمِ

Y Él es el Señor del Trono Grandioso

*(Wa-Huwa rabbu l-ʿarshi l-ʿaīm)*

 

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حَتَّىٰ إِذَا أَدْرَكَهُ الْغَرَقُ قَالَ آمَنتُ

Hasta que, al verse a punto de ahogarse, exclamó: Creo

*(attā idhā adrakahū l-gharaq qāla āmantu)*

 

أَنَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا الَّذِي آمَنَتْ بِهِ بَنُو إِسْرَائِيلَ

Que no hay más dios que Aquel en Quien creen los Hijos de Israel

*(Annahu lā ilāha illā lladhī āmanat bihi banū Isrā’īl)*

 

وَأَنَا مِنَ الْمُسْلِمِينَ

Y soy de los que se someten a Él

*(Wa-anā mina l-muslimīn)*

 

وَهُمْ يَكْفُرُونَ بِالرَّحْمَنِ

Mientras ellos no creen en el Clemente

*(Wa-hum yakfurūna bi-r-Ramān)*

 

قُلْ هُوَ رَبِّي لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

Di: Él es mi Señor; no hay más dios que Él

*(Qul Huwa rabbī lā ilāha illā Huwa)*

 

عَلَيْهِ تَوَكَّلْتُ وَإِلَيْهِ مَتَابِ

En Él confío y a Él es mi retorno

*(ʿAlayhi tawakkaltu wa-ilayhi matāb)*

 

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يُنَزِّلُ الْمَلَائِكَةَ بِالرُّوحِ مِنْ أَمْرِهِ

Hace descender a los ángeles con el Espíritu por Su mandato

*(Yunazzilu l-malā’ikata bi-r-rūi min amrih)*

 

عَلَىٰ مَن يَشَاءُ مِنْ عِبَادِهِ

Sobre quien Él quiere de Sus siervos

*(ʿAlā man yashā’u min ʿibādih)*

 

أَنْ أَنذِرُوا أَنَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا أَنَا

Advirtiendo: No hay más dios que Yo

*(An andhirū annahu lā ilāha illā Anā)*

 

وَإِن تَجْهَرْ بِالْقَوْلِ فَإِنَّهُ يَعْلَمُ السِّرَّ وَأَخْفَىٰ

Aunque hables en voz alta, Él conoce lo secreto y lo más oculto

*(Wa-in tajhar bi-l-qawli fa-innahu yaʿlamu s-sirra wa-akhfā)*

 

اللَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ لَهُ الْأَسْمَاءُ الْحُسْنَىٰ

Allah: no hay más dios que Él; a Él pertenecen los Nombres Más Bellos

*(Allāhu lā ilāha illā Huwa lahu l-asmā’u l-usnā)*

 

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وَأَنَا اخْتَرْتُكَ فَاسْتَمِعْ لِمَا يُوحَى

Y Yo te he elegido, así que escucha lo que se te revela

*(Wa-anā ikhtartuka fa-stamiʿ limā yūā)*

 

إِنَّنِي أَنَا اللَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا أَنَا

En verdad, Yo soy Allah; no hay más dios que Yo

*(Innanī anā llāhu lā ilāha illā Anā)*

 

فَاعْبُدْنِي وَأَقِمِ الصَّلَاةَ لِذِكْرِي

Adórame, pues, y establece la oración para Mi recuerdo

*(Fa-ʿbudnī wa-aqimi ṣ-ṣalāta li-dhikrī)*

 

إِنَّمَا إِلَهُكُمُ اللَّهُ الَّذِي لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

Vuestro único Dios es Allah, no hay más dios que Él

*(Innamā ilāhukum llāhu lladhī lā ilāha illā Huwa)*

 

وَسِعَ كُلَّ شَيْءٍ عِلْمًا

Él lo abarca todo en Su conocimiento

*(Wasiʿa kulla shay’in ʿilmā)*

 

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وَمَا أَرْسَلْنَا مِن قَبْلِكَ مِن رَّسُولٍ

Y no enviamos antes de ti a ningún mensajero

*(Wa-mā arsalnā min qablika min rasūl)*

 

إِلَّا نُوحِي إِلَيْهِ أَنَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا أَنَا

Sino revelándole: No hay más dios que Yo

*(Illā nūī ilayhi annahu lā ilāha illā Anā)*

 

فَاعْبُدُونِ

Adoradme, pues

*(Fa-ʿbudūn)*

 

وَذَا النُّونِ إِذْ ذَهَبَ مُغَاضِبًا

Y recuerda al del Pez (Jonás), cuando se fue airado

*(Wa-dhā n-nūni idh dhahaba mughāiban)*

 

فَظَنَّ أَن لَّن نَّقْدِرَ عَلَيْهِ

Pensando que no lo estrecharíamos

*(Fa-anna an lan naqdira ʿalayh)*

 

فَنَادَىٰ فِي الظُّلُمَاتِ

Y clamó en las tinieblas

*(Fa-nādā fī -ulumāt)*

 

أَن لَّا إِلَهَ إِلَّا أَنتَ سُبْحَانَكَ

No hay más dios que Tú, ¡glorificado seas!

*(An lā ilāha illā Anta subānaka)*

 

إِنِّي كُنتُ مِنَ الظَّالِمِينَ

En verdad, he sido de los injustos

*(Inni kuntu mina -ālimīn)*

 

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فَتَعَالَى اللَّهُ الْمَلِكُ الْحَقُّ

¡Exaltado sea Allah, el Rey Verdadero!

*(Fa-taʿālā llāhu l-Maliku l-aqq)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ رَبُّ الْعَرْشِ الْكَرِيمِ

No hay más dios que Él, Señor del Trono Noble

*(Lā ilāha illā Huwa rabbu l-ʿarshi l-karīm)*

 

وَيَعْلَمُ مَا تُخْفُونَ وَمَا تُعْلِنُونَ

Y Él sabe lo que ocultáis y lo que manifestáis

*(Wa-yaʿlamu mā tukhfūna wa-mā tuʿlinūn)*

 

اللَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ رَبُّ الْعَرْشِ الْعَظِيمِ

Allah —no hay más dios que Él— es el Señor del Trono Grandioso

*(Allāhu lā ilāha illā Huwa rabbu l-ʿarshi l-ʿaīm)*

 

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وَهُوَ اللَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

Y Él es Allah; no hay más dios que Él

*(Wa-Huwa llāhu lā ilāha illā Huwa)*

 

لَهُ الْحَمْدُ فِي الْأُولَىٰ وَالْآخِرَةِ

A Él pertenece la alabanza en esta vida y en la Otra

*(Lahu l-amdu fī l-ūlā wa-l-ākhirah)*

 

وَلَهُ الْحُكْمُ وَإِلَيْهِ تُرْجَعُونَ

De Él es el juicio y a Él seréis devueltos

*(Wa-lahu l-ukmu wa-ilayhi turjaʿūn)*

 

وَلَا تَدْعُ مَعَ اللَّهِ إِلَهًا آخَرَ

Y no invoques a otro dios junto con Allah

*(Wa-lā tadʿu maʿa llāhi ilāhan ākhara)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

No hay más dios que Él

*(Lā ilāha illā Huwa)*

 

كُلُّ شَيْءٍ هَالِكٌ إِلَّا وَجْهَهُ

Toda cosa perecerá excepto Su Rostro

*(Kullu shay’in hālikun illā wajhah)*

 

لَهُ الْحُكْمُ وَإِلَيْهِ تُرْجَعُونَ

De Él es el juicio y a Él seréis devueltos

*(Lahu l-ukmu wa-ilayhi turjaʿūn)*

 

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يَا أَيُّهَا النَّاسُ اذْكُرُوا نِعْمَتَ اللَّهِ عَلَيْكُمْ

¡Oh, humanidad! Recordad el favor de Allah sobre vosotros

*(Yā ayyuhā n-nāsu udhkurū niʿmata llāhi ʿalaykum)*

 

هَلْ مِنْ خَالِقٍ غَيْرُ اللَّهِ يَرْزُقُكُم

¿Hay acaso algún creador fuera de Allah que os provea

*(Hal min khāliqin ghayru llāhi yarzuqukum)*

 

مِّنَ السَّمَاءِ وَالْأَرْضِ

Desde el cielo y la tierra?

*(Mina s-samā’i wa-l-ar)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

No hay más dios que Él

*(Lā ilāha illā Huwa)*

 

فَأَنَّىٰ تُؤْفَكُونَ

¿Cómo, pues, os desviáis?

*(Fa-annā tu’fakūn)*

 

إِنَّهُمْ كَانُوا إِذَا قِيلَ لَهُمْ لَا إِلَهَ إِلَّا اللَّهُ يَسْتَكْبِرُونَ

En verdad, cuando se les decía: «No hay más dios que Allah», se llenaban de soberbia

*(Innahum kānū idhā qīla lahum lā ilāha illā llāhu yastakbirūn)*

 

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ذَلِكُمُ اللَّهُ رَبُّكُمْ لَهُ الْمُلْكُ

Ese es Allah, vuestro Señor; a Él pertenece el dominio

*(Dhālikumu llāhu rabbukum lahu l-mulk)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ فَأَنَّىٰ تُصْرَفُونَ

No hay más dios que Él — ¿cómo, pues, os apartáis?

*(Lā ilāha illā Huwa fa-annā tuṣrafūn)*

 

حمٓ

ā Mīm

*(ā Mīm)*

 

تَنزِيلُ الْكِتَابِ مِنَ اللَّهِ الْعَزِيزِ الْعَلِيمِ

La revelación del Libro procede de Allah, el Poderoso, el Omnisciente

*(Tanzīlu l-kitābi mina llāhi l-ʿAzīzi l-ʿAlīm)*

 

غَافِرِ الذَّنْبِ وَقَابِلِ التَّوْبِ

Perdonador del pecado y Aceptador del arrepentimiento

*(Ghāfiri dh-dhanbi wa-qābili t-tawb)*

 

شَدِيدِ الْعِقَابِ ذِي الطَّوْلِ

Severo en el castigo, Poseedor de la gracia inmensa

*(Shadīdi l-ʿiqābi dhī -awl)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ إِلَيْهِ الْمَصِيرُ

No hay más dios que Él; a Él es el retorno

*(Lā ilāha illā Huwa ilayhi l-maṣīr)*

 

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ذَلِكُمُ اللَّهُ رَبُّكُمْ خَالِقُ كُلِّ شَيْءٍ

Ese es Allah, vuestro Señor, Creador de todas las cosas

*(Dhālikumu llāhu rabbukum khāliqu kulli shay’)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ فَأَنَّىٰ تُؤْفَكُونَ

No hay más dios que Él — ¿cómo, pues, os desviáis?

*(Lā ilāha illā Huwa fa-annā tu’fakūn)*

 

هُوَ الْحَيُّ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

Él es el Viviente; no hay más dios que Él

*(Huwa l-ayyu lā ilāha illā Huwa)*

 

فَادْعُوهُ مُخْلِصِينَ لَهُ الدِّينَ

Invocadle, pues, consagrándole la religión con sinceridad

*(Fa-dʿūhu mukhliṣīna lahu d-dīn)*

 

الْحَمْدُ لِلَّهِ رَبِّ الْعَالَمِينَ

Alabado sea Allah, Señor de todos los mundos

*(Al-amdu li-llāhi rabbi l-ʿālamīn)*

 

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رَبِّ السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضِ وَمَا بَيْنَهُمَا إِن كُنتُم مُّوقِنِينَ

Señor de los cielos y de la tierra y de lo que hay entre ambos, si tenéis certeza

*(Rabbi s-samāwāti wa-l-ari wa-mā baynahumā in kuntum mūqinīn)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ يُحْيِي وَيُمِيتُ

No hay más dios que Él; Él da la vida y da la muerte

*(Lā ilāha illā Huwa yuyī wa-yumīt)*

 

رَبُّكُمْ وَرَبُّ آبَائِكُمُ الْأَوَّلِينَ

Vuestro Señor y Señor de vuestros antepasados

*(Rabbukum wa-rabbu ābā’ikum al-awwalīn)*

 

فَاعْلَمْ أَنَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا اللَّهُ

Sabe, pues, que no hay más dios que Allah

*(Faʿlam annahu lā ilāha illā llāh)*


وَاسْتَغْفِرْ لِذَنبِكَ

Y pide perdón por tu pecado

*(Wa-staghfir li-dhanbik)*

 

وَلِلْمُؤْمِنِينَ وَالْمُؤْمِنَاتِ

Y por los creyentes y las creyentes

*(Wa-li-l-mu’minīna wa-l-mu’mināt)*

 

وَاللَّهُ يَعْلَمُ مُتَقَلَّبَكُمْ وَمَثْوَاكُمْ

Y Allah conoce vuestros desplazamientos y vuestra morada

*(Wa-llāhu yaʿlamu mutaqallabakum wa-mathwākum)*

 

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هُوَ اللَّهُ الَّذِي لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

Él es Allah, no hay más dios que Él

*(Huwa llāhu lladhī lā ilāha illā Huwa)*

 

الْمَلِكُ الْقُدُّوسُ السَّلَامُ الْمُؤْمِنُ الْمُهَيْمِنُ

El Soberano, el Santísimo, la Paz, el Dispensador de seguridad, el Custodio

*(Al-Maliku l-Quddūsu s-Salāmu l-Mu’minu l-Muhaymin)*

 

الْعَزِيزُ الْجَبَّارُ الْمُتَكَبِّرُ

El Poderoso, el Sometedor, el Supremo

*(Al-ʿAzīzu l-Jabbāru l-Mutakabbir)*

 

سُبْحَانَ اللَّهِ عَمَّا يُشْرِكُونَ

¡Glorificado sea Allah por encima de lo que Le asocian!

*(Subāna llāhi ʿammā yushrikūn)*

 

هُوَ اللَّهُ الْخَالِقُ الْبَارِئُ الْمُصَوِّرُ

Él es Allah, el Creador, el Hacedor, el Formador

*(Huwa llāhu l-Khāliqu l-Bāri’u l-Muṣawwir)*

 

لَهُ الْأَسْمَاءُ الْحُسْنَىٰ

A Él pertenecen los Nombres Más Bellos

*(Lahu l-asmā’u l-usnā)*

 

يُسَبِّحُ لَهُ مَا فِي السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضِ

Cuanto hay en los cielos y en la tierra Le glorifica

*(Yusabbiu lahu mā fī s-samāwāti wa-l-ar)*

 

وَهُوَ الْعَزِيزُ الْحَكِيمُ

Y Él es el Poderoso, el Sabio

*(Wa-Huwa l-ʿAzīzu l-akīm)*

 

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اللَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ

Allah: no hay más dios que Él

*(Allāhu lā ilāha illā Huwa)*

 

وَعَلَى اللَّهِ فَلْيَتَوَكَّلِ الْمُؤْمِنُونَ

Y en Allah deben confiar los creyentes

*(Wa-ʿalā llāhi fa-l-yatawakkali l-mu’minūn)*

 

رَبُّ الْمَشْرِقِ وَالْمَغْرِبِ

Señor del Oriente y del Occidente

*(Rabbu l-mashriqi wa-l-maghrib)*

 

لَا إِلَهَ إِلَّا هُوَ فَاتَّخِذْهُ وَكِيلًا

No hay más dios que Él; tómale, pues, como tu Protector

*(Lā ilāha illā Huwa fa-ttakhidhhu wakīlā)*

 

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اللَّهُمَّ إِنِّي أَسْأَلُكَ بِنُورِ وَجْهِكَ الَّذِي مَلَأَ أَرْكَانَ عَرْشِكَ

¡Oh, Allah! Te pido por la Luz de Tu Rostro que llena los pilares de Tu Trono

*(Allāhumma innī as’aluka bi-nūri wajhika lladhī mala’a arkāna ʿarshik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِطَوْلِ حَوْلِ شَدِيدِ قُوَّتِكَ

Y Te pido por el inmenso alcance de Tu fuerza poderosa

*(Wa-as’aluka bi-awli awli shadīdi quwwatik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِتَوْكِيدِ أَكِيدِ بُرْهَانِكَ

Y Te pido por la firmeza absoluta de Tu prueba irrefutable

*(Wa-as’aluka bi-tawkīdi akīdi burhānik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِبَدِيعِ مَنِيعِ رَفِيعِ سَتْرِكَ

Y Te pido por la naturaleza admirable, inexpugnable y elevada de Tu protección

*(Wa-as’aluka bi-badīʿi manīʿi rafīʿi satrik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِقَدْرِ مِقْدَارِ اقْتِدَارِ قُدْرَتِكَ

Y Te pido por la medida infinita de Tu poder supremo

*(Wa-as’aluka bi-qadri miqdāri iqtidāri qudratik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِدَوَامِ دَيْمُومِ دَيْمُومِيَّتِكَ

Y Te pido por la continuidad de Tu permanencia eterna

*(Wa-as’aluka bi-dawāmi daymūmi daymūmiyyatik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِعَزِيزِ مُعْتَزِّ عِزَّتِكَ

Y Te pido por la gloria invencible de Tu majestad

*(Wa-as’aluka bi-ʿazīzi muʿtazzi ʿizzatik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِجَلَالِ كَمَالِ نِعْمَتِكَ

Y Te pido por la majestad de la perfección de Tu favor

*(Wa-as’aluka bi-jalāli kamāli niʿmatik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِمَكْنُونِ تَكْوِينِ كَائِنِ سِرِّكَ

Y Te pido por la esencia oculta de la creación de Tu secreto ser

*(Wa-as’aluka bi-maknūni takwīni kā’ini sirrik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِمَا أَنَارَتْ بِهِ السَّمَاوَاتُ وَالْأَرْضُ مِنْ خَفِيِّ عِلْمِكَ

Y Te pido por aquello con lo que iluminaste los cielos y la tierra desde Tu conocimiento oculto

*(Wa-as’aluka bimā anārat bihi s-samāwātu wa-l-aru min khafiyyi ʿilmik)*

 

وَأَسْأَلُكَ بِاسْمِكَ الْعَظِيمِ وَرُكْنِكَ الْجَسِيمِ

Y Te pido por Tu Nombre Grandioso y Tu pilar majestuoso

*(Wa-as’aluka bi-smika l-ʿaīmi wa-ruknika l-jasīm)*

 

أَنْ تَفُكَّ اللَّهُمَّ كُرْبَتِي وَتُفَرِّجَ غُمَّتِي

Que alivies, ¡oh, Allah!, mi angustia y disipes mi pesadumbre

*(An tafukka llāhumma kurbatī wa-tufarrija ghummatī)*

 

وَتُؤْنِسَ غُرْبَتِي وَتُقِيلَ عَثْرَتِي

Y me des consuelo en mi soledad y perdones mi tropiezo

*(Wa-tu’nis ghurbatī wa-tuqīla ʿathratī)*

 

وَتَتَفَضَّلَ عَلَيَّ يَا إِلَهِي بِنَظْرَةٍ مِنْكَ

Y me agrancies, ¡oh, Dios mío!, con una mirada Tuya

*(Wa-tatafaḍḍala ʿalayya yā ilāhī bi-naratin minka)*

 

تَكُونُ لِيَ النَّجَاةُ بِهَا فِي الدُّنْيَا وَالْآخِرَةِ

Mediante la cual obtenga la salvación en este mundo y en el Más Allá

*(Takūnu liya n-najātu bihā fī d-dunyā wa-l-ākhirah)*


إِنَّكَ عَلَىٰ كُلِّ شَيْءٍ قَدِيرٌ يَا أَرْحَمَ الرَّاحِمِينَ

En verdad, Tú tienes poder sobre todas las cosas, ¡oh, el Más Misericordioso de los misericordiosos!

*(Innaka ʿalā kulli shay’in qadīr yā arama r-rāimīn)*

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وَلَا حَوْلَ وَلَا قُوَّةَ إِلَّا بِاللَّهِ الْعَلِيِّ الْعَظِيمِ

No hay fuerza ni poder excepto en Allah, el Altísimo, el Grandioso

*(Wa-lā awla wa-lā quwwata illā bi-llāhi l-ʿAliyyi l-ʿAīm)*

 

وَصَلَّى اللَّهُ عَلَى سَيِّدِنَا مُحَمَّدٍ النَّبِيِّ الْأُمِّيِّ وَعَلَى آلِهِ وَصَحْبِهِ وَسَلَّمَ

Y que Allah bendiga a nuestro señor Muammad, el Profeta iletrado, y a su familia y compañeros, y les conceda la paz.

*(Wa-ṣallā llāhu ʿalā sayyidinā Muammadin an-nabiyyi l-ummiyy wa-ʿalā ālihi wa-ṣabihi wa-sallam)*

 

آمين يا رب

¡Amén, oh Señor de los mundos!

*(Āmīn yā Rabb)*

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**Enseñanzas del Corazón.**