Imsomnios

Cuando estoy contigo, permanecemos despiertos toda la noche.
Cuando no estás, no puedo dormir.
¡Que Dios bendiga estos dos insomnios y la diferencia entre ellos!

Rumi. 

Desde la perspectiva del sufismo, los dos "insomnios" tienen un significado muy distinto:
Cuando el Amado está presente, el corazón no duerme porque está colmado de amor, contemplación y cercanía. Es un desvelo de plenitud.
Cuando el Amado parece ausente, el corazón tampoco duerme, pero por la nostalgia, el anhelo y la búsqueda. Es un desvelo de deseo.
Rumi bendice ambos porque ambos conducen a Dios. La presencia alimenta el amor, y la ausencia purifica el anhelo. En el camino sufí, incluso la separación tiene un propósito: hacer que el corazón busque con más intensidad.
El amante no mide su cercanía por el descanso de sus ojos, sino por la vigilia de su corazón. Hay noches en que Dios se manifiesta como encuentro y noches en que se manifiesta como anhelo. Bendita la vigilia que no olvida al Amado en ninguna de las dos.

Wa Allahu a'lam 
(Y Allah es Quien mejor sabe).

Nuestro propio buscador


Aunque no estés equipado,
sigue buscando:
no es necesario tener equipo
en el camino hacia el Sustentador.

A quien veas involucrado
en la búsqueda,
conviértete en su amigo
y dedícate a ella,

ya que al elegir la compañía
de los buscadores,
te conviertes 
en uno de ellos;
protegido por conquistadores,
tú mismo aprenderás
a conquistar.

Si una hormiga busca participar
en el ejército de Salomón,
no sonrías con desprecio
al contemplar su búsqueda.

Todo lo que posees
de habilidades,
riqueza
y oficio,

¿acaso no fue en sus inicios
un pensamiento
Y una búsqueda?

Masnaví III
Mevlana Jalaludin Muhammad Rumi. 

La búsqueda ya es una respuesta

El camino hacia Allah no comienza cuando el viajero está preparado; comienza cuando el corazón despierta al shawq, la nostalgia del Encuentro. Quien espera estar completamente equipado antes de emprender la marcha, quizá pase la vida entera inmóvil. El verdadero equipo del sālik no son sus méritos, sino su necesidad de Allah.

Por eso Mawlānā Rūmī dice: «Aunque no estés equipado, sigue buscando.» La búsqueda misma es un don. Nadie pronuncia el Nombre del Amado si antes el Amado no ha pronunciado, en secreto, el nombre de ese corazón.

Busca. Aunque tus manos estén vacías. Aunque tu nafs te susurre que aún no eres digno. Aunque tropieces mil veces. En el sendero del ṭarīq, cada paso sincero es recibido por una Misericordia mayor que tus caídas.

Después Rūmī dirige nuestra mirada hacia la compañía espiritual. El corazón adopta el color de aquello que ama. Sentarse con los buscadores es aprender a buscar; caminar con los conquistadores del ego es aprender la verdadera conquista. Porque la mayor fatḥ (apertura) no consiste en dominar el mundo, sino en abrir el corazón para que los tajalliyāt, las teofanías de Allah, encuentren un lugar donde reflejarse.

Y nos ofrece la imagen de una hormiga que desea formar parte del ejército de Sulaymān. ¡Qué delicadeza! El mundo se ríe de la pequeñez; Allah contempla la intención. La hormiga no posee la fuerza del león ni las alas del ave, pero posee una dirección. Y una criatura orientada hacia Allah vale más que un gigante distraído por el mundo.

No desprecies nunca los pequeños comienzos. Todo árbol fue semilla. Todo maestro fue discípulo. Todo walī (santo) comenzó siendo un pobre mendigo a la puerta de la Misericordia. También tú fuiste un pensamiento antes de ser una obra.

Pregúntate entonces: ¿qué buscas realmente? Porque aquello que buscas está moldeando silenciosamente aquello en lo que te convertirás.

Que Allah nos conceda un corazón buscador, una himma (fuerza del corazón) elevada, una compañía bendita y un anhelo que jamás se extinga. Que nos haga caminar hasta que descubramos que, desde el principio, era Él quien nos estaba buscando.

Wa Allahu a'lam.

Rumi en el corazón de El Amado.

Amado y Maestro

La belleza que permanece


Rumi nos dice:

Poco a poco Dios nos quita la belleza humana; poco a poco el árbol joven se marchita. 
Recita: 'Todo cuanto está dotado de vida acabará pereciendo'. No te enamores de los huesos, busca el espíritu.

Estas palabras no son una invitación a la tristeza, sino al despertar. Allah no nos priva de la belleza por crueldad; nos conduce de la belleza pasajera hacia la Belleza eterna. Mientras el ego se aferra a las formas, el corazón aprende a contemplar al Dador de toda hermosura.

Allah nos recuerda en el Corán:

Todo cuanto hay sobre la tierra perecerá. Y permanecerá el Rostro de tu Señor, dueño de la Majestad y la Generosidad. (Corán 55:26-27).»

Desde la cosmovisión sufí, el universo entero es una teofanía (tajallī, تجلّي): una manifestación de los Nombres y Atributos divinos. La juventud, la fuerza, la salud y la belleza son destellos de esa Luz. Sin embargo, cuando confundimos el reflejo con la Fuente, nace el apego y comienza el sufrimiento.

El sufí aprende que toda belleza creada es un espejo. Si el espejo se rompe, la luz no desaparece; simplemente deja de reflejarse allí. 
La verdadera Belleza pertenece únicamente a Allah.

Por eso Rumi dice: «No te enamores de los huesos, busca el espíritu.» El cuerpo cambia, envejece y regresa a la tierra. El espíritu, en cambio, conserva la nostalgia de su origen y reconoce al Amado en cada manifestación.

Cada arruga puede convertirse en una enseñanza. Cada cabello blanco puede ser una invitación. Cada pérdida puede ser un tajallī: una manifestación de la Sabiduría divina que nos llama a dejar de mirar las formas para contemplar a Quien nunca cambia.

El camino espiritual consiste en pasar de la fascinación por la creación al amor por el Creador; de la apariencia a la Realidad (al-Ḥaqq). Entonces comprendemos que la belleza del rostro era solo una puerta hacia la Belleza sin ocaso.

Que Allah nos conceda ojos para reconocer Sus tajalliyāt (manifestación) en cada instante, un corazón que no se aferre a lo efímero y un espíritu que busque siempre al Amado, cuya Belleza jamás envejece ni perece.

Āmīn.
Rumi en el corazón de El Amado.

El molino


El molino
Inspirado en Rumi (Masnavi)

El corazón es como un grano de trigo.
La vida es el molino que lo muele.
A veces nos preguntamos:
”¿Por qué me está pasando esto?”

El cuerpo responde:
“Son mis circunstancias.”

La mente dice:
“No, son mis pensamientos.”

Los pensamientos contestan:
“No, es la vida la que me empuja.”
Cada parte señala hacia otro lugar.
Cada una cree que la causa está fuera de sí.
Entonces Rumi nos invita a dar un paso atrás.

Imagina preguntarle al molino:
”¿Por qué giras?”
El molino no lo sabe.
Gira porque el agua lo mueve.
Pregúntale al agua.

El agua responde:
“Yo sólo fluyo porque el Molinero abrió la compuerta.”
Entonces pregúntale al Molinero.

Él sonríe y dice:
“Si el molino no girara, ¿cómo podría el grano convertirse en pan?”

No todo aquello que nos desgasta ha venido para destruirnos.
Hay cosas que nos están preparando para algo que todavía no alcanzamos a ver.
Se está realizando una obra mucho más grande de lo que podemos comprender.

Por eso, cuando la vida te deje con más preguntas que respuestas, no le preguntes sólo al molino.
No le preguntes sólo al agua.
No le preguntes sólo a tus pensamientos.
Guarda silencio.
Y luego pregúntale a Dios.

Quizá Él te muestre en qué se está convirtiendo el grano.

Charla de Nuestro Pir

Charla de Nuestro Pir
(Orden Sufí Nematollahi Ghadeer Ali Shahi)

El código ético del derviche y su propósito en la vida es amar, servir, ofrecer, dar, perdonar y sentir compasión por toda persona que esté necesitada o requiera algo.

Pero:
Sin hacer alarde de ello.
Sin esperar nada a cambio.
Sin anhelar reconocimiento.

Extracto del libro: 99 cuentos y enseñanzas sufíes


Una mujer se acercó a mi maestro y le dijo: - Explíqueme qué diferencia hay entre el sufismo y el Islam. – Pero mi maestro, mirándola a los ojos, le dijo: – Señora, usted es una discutidora y ha venido aquí a discutir. No obstante, se equivoca de maestro. Nuestra religión es guardar silencio y danzar. Todas las preguntas se disuelven en la danza del amor. Si quiere encontrar su camino, olvídese de todo lo que cree conocer. Aquí no hay lugar para el ego, sólo cabe el corazón. Queme su arrogancia con el fuego del no-ser y podrá derretirse en la experiencia de Dios. Donde termina la razón, comienza la mística, porque la mente no puede entrar allá donde mora el corazón. La cabeza utiliza el lenguaje para expresarse, el corazón sólo entiende de pasión." Extracto del libro: 99 cuentos y enseñanzas sufíes. Editorial Almuzara 

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