Sufismo en estrofas...
Tan solo textos de Rumi, como asi un poco de historia de este maravilloso mundo Persa.
Abrir puertas
La entrega total a Allah
Bismillahir Rahmanir Rahim
Me alegro mucho de poder verlos a todos, Alhamdulillah.
Después de tanto tiempo.
Muchas cosas han ocurrido últimamente alrededor de este
faqir.
Una de ellas es muy linda, muy positiva. Por eso me hubiera
gustado que Suleyman Baba y mi nieta estuvieran escuchando.
Ellos estuvieron hoy visitando Üsküdar.
Para aquellos que no conocen Istanbul, Üsküdar se sitúa en
la parte asiática de la ciudad.
Ustedes saben que el estrecho del Bósforo está formado por
las placas continentales del continente europeo y del continente asiático: allí
se encuentran. Es por ello que muchas veces hay terremotos en esa zona.
Istanbul tiene la parte europea que es la que todos
conocemos, con la Mezquita Azul, la catedral de Santa Sofía y demás. También
está allí nuestro dergah, el Asitane. Luego está la parte asiática.
Üsküdar fue un centro, en su momento, de incubación de
santos. Y disculpen que use ese término, pero muchos han nacido al comenzar
este camino de la mano de sheikhs que vivían en esa zona.
Hoy han visitado la Mezquita Selim Pasha, y allí está la
tumba de un santo llamado Ahmed Raufi. Y al visitar esta tumba junto a los
demás hermanos, mi nieta tuvo una experiencia muy interesante.
No relataré la experiencia porque eso realmente le importa a
ella en este momento, nada más. Muy linda, muy real.
Pero la pregunta fue ¿por qué ella tuvo esa experiencia y
los otros no? La respuesta a tal cuestión que me vino es muy simple: ella no
buscaba nada, no estaba esperando nada.
Fue simplemente a visitar para estar allí y conocer el lugar
de ese santo.
En este momento en el mundo están ocurriendo cosas
terribles. En todos lados, en todos los aspectos.
Y recuerdo siempre las palabras de Muzaffer Efendi (ra)
cuando en uno de sus viajes él paró en Jerusalém para hacer el Salat
Al-Yumu’ah, acompañado por un grupo, camino a realizar el Hajj.
Lo que siempre hacían era salir con mucha antelación para
visitar diferentes tumbas y lugares sagrados en el camino. Iban por tierra, por
supuesto.
Así que era la hora del Salat Al-Yumu’ah en
Jerusalém, el lugar donde Hz. Muhammad (saws) ascendió.
Ese grupo era parte de la mayoría de la gente que estaba
rezando en ese lugar. Es el tercer lugar más sagrado de nuestra religión.
Cuando finaliza la oración, salen y, Muzaffer Efendi (ra) se
da vuelta y les dice a quienes lo acompañaban: “Los musulmanes han
tirado el Corán por la ventana y perderemos Jerusalém”.
En menos de cinco años esa premonición se hizo realidad.
Tenemos el mejor de todos los libros, la suma de todos los
libros.
Todos los libros descendieron en el mes de Ramadán a los
profetas. Desde el Corán i-Kerim, como ustedes saben, los Evangelios a Jesús
(as) el Espíritu de Allah (swt), los rollos, manuscritos al
profeta Abraham (as), los Salmos al profeta Daud (as) y las tablas que
descendieron para los otros profetas.
Ahora estamos en el mes de Muharram, el primero de los
cuatro meses sagrados, el comienzo del año e Insha’Allah el próximo sábado
celebraremos el día de Ashura.
Leo los diarios, escucho las noticias, los noticieros, y me
pregunto qué estamos haciendo con nuestra religión.
Hay cantidad de gente que quizás no conozcan ciertos datos,
por ejemplo, ¿cómo comenzó el Imperio Otomano y por qué?
Osman Bey (ks), quien fundó el Imperio Otomano, pertenecía a
una tribu de turcos que provenían del Khorasán. Y habían descendido hasta
Anatolia.
En un momento se encontraban bajo el mando de Suleyman Shah,
quien era su sultán, su emperador, su rey. Murió ahogado en el río Éufrates. Y
como sucede con tantas cosas, la tribu se dividió en dos: unos querían retornar
a Khorasán y otros querían quedarse allí.
Los que quedaron en la zona de Anatolia, lo hicieron bajo el
mando de Ertuğrul Bey.
Cuando llegan a la parte central de Anatolia se encuentran
con dos ejércitos que estaban luchando.
Como es costumbre en los turcos, fueron a pelear del lado
del bando que estaba siendo derrotado. Estos eran los llamados turcos selyuks,
quienes dominaban toda la zona. Y en agradecimiento por darles la victoria les
permiten quedarse, en una zona que estaba en la frontera del Imperio Bizantino.
Ya los musulmanes hacía muchos años estaban trataban de
conquistar Bizancio.
Así pues se establecen en ese distrito, y allí daba, en ese
tiempo, clases un sheikh llamado Edebali que también era un místico.
El sultán Osman Bey (ks) iba a consultarlo y asistía a todas
sus clases.
Cierto día se había hecho muy tarde, y él le pide al sheikh
que se quede a dormir en su casa, y éste responde: “Sí, con todo
gusto.” Y mantuvieron una extensa conversación.
Mientras tanto, otro derviche, asistente del sheikh, prepara
una habitación para Osman Bey (ks) quien comenzaba su reinado, como ya mencioné
anteriormente.
La habitación consistía en un colchón que estaba en el piso,
con sábanas impecables y algo para cubrirse.
Y había un Corán colgado dentro de una pequeña bolsa en la
pared.
Entonces se despiden, el sultán ingresa al cuarto, mira
hacia todos lados y ve todo impecable, sintió una inmensa gratitud en su
corazón, pero de pronto ve que estaba el Corán i-Kerim colgado de la pared. Las
puertas estaban cerradas, las luces se habían apagado, no podía hacer nada.
Y el sultán Osman Bey (ks) por respeto al Corán i-Kerim, que
es la palabra de Allahu Ta’ala, así como descendió con el
mensajero, el arcángel Gabriel (as) a Hz. Muhammad (saws) y estaba ahí, impresa
en ese libro, no se atrevió a acostarse.
Se quedó toda la noche parado porque el Corán i-Kerim estaba
ahí.
Nosotros no sé si podemos decir que tenemos ese nivel de
respeto por la palabra de Allahu Ta’ala.
Y se quedó despierto hasta que llegó la hora del Salat
Al-Fayr, hacen el Adhan, Osman Bey (ks) lo oye, renueva su
ablución y va a encontrarse con el sheikh y con los discípulos del sheikh, que
estaban allí dispuestos a rezar.
Cuando terminan de hacer el salat, se sientan a hablar, y
como es costumbre en Turquía, toman té, relatan historias, y es un momento para
aprender. Porque el mejor momento del día es esa hora.
En tanto, el asistente del sheikh va a recoger a la
habitación donde estuvo Osman Bey (ks) las sábanas usadas y demás para
lavarlas. Pero al entrar al cuarto ve que la cama no había sido tocada.
Nuevamente el asistente revisó la cama por si hallaba algo
sucio, fuera de lugar, pero no encontró nada.
Regresa y le dice al sheikh en el oído lo que había
encontrado. Entonces el sheikh le pregunta a Osman Bey (ks) si había encontrado
algo no confortable en la habitación. Osman Bey (ks) le dice: “No,
estaba todo perfecto. ¿Por qué me hace esa pregunta?” Y el sheikh le
responde: “Porque veo que no has dormido en la cama. ¿Dónde has
dormido?” Así que Osman Bey (ks) le dijo la verdad: “Oh mi
sheikh, no dormí. Porque estaba el Corán i-Kerim en el cuarto y no me atreví a
acostarme”.
Quiero aclarar que no hay nada en el Corán i-Kerim que diga
que uno no se puede acostar en el cuarto que éste se encuentre, mientras lo
ubiquemos en un lugar elevado. Está perfectamente permitido, pero él
tenía ese nivel de comprensión, ese nivel de respeto por Allahu Ta’ala.
Mi pedido, esta noche, para todos los que me están
escuchando, es el nivel de respeto que debemos tener, por todo lo que este
camino representa. Por todo lo que hacemos a diario.
El día diez es el día de Ashura. Un día que, si
ayunamos, Hz. Muhammad (saws) dijo que “…todos los pecados del año
anterior nos serán perdonados”.
El Corán i-Kerim tenemos la obligación de leer aunque sea
unas frases, todos los días. Tenemos la obligación de tenerlo arriba de nuestra
cintura. Tenemos la obligación de tomarlo en estado de ablución.
Si una mujer no puede estar en estado de ablución porque se
encuentra en esos días especiales, no hay duda de que puede ubicar el Corán
i-Kerim en un lugar donde lo pueda leer, y lo único que tiene que hacer es no
tocarlo con las manos, sin embargo puede ir pasando las hojas valiéndose de la
goma que el lápiz tiene en su otro extremo. Si desean hacerlo.
Les pido que se comporten como santos. Y hay una historia
con respecto a eso. Tiene que ver con Hz. Beyazid Al-Bistami (ks) originario de
Bustam.
Él era un hombre muy conocido. Hombre de tremendo nivel
intelectual.
Tenía un grupo de gente que lo seguía constantemente en las
charlas que él daba y demás.
Y entre ellos se destacaba un santo, también originario de
Bustam, que era un asceta: ayunaba constantemente, hacía tahajjud en
medio de la noche, en todo momento haciendo dhikr, recordando
a Allahu Ta’ala. Vivía simplemente para eso.
Un buen día le dice a Hz. Beyazid Al-Bistami (ks): “Oh
mi sheikh, hace treinta años que estoy aquí escuchándolo a usted. ¡Treinta
años! Y no he podido aún tener acceso al conocimiento del cual usted habla”.
Como esa pureza que exhibió mi nieta esta noche, y por eso
vio lo que vio en esa mezquita. La pureza que a mí también me gustaría tener.
No esperar nada. Hacer sólo las cosas por el placer de Allahu Ta’ala.
Como ya lo decía Hz. Rabi’ah Al-Adawiyyah (ks): “Si
algo estoy haciendo mi Señor porque deseo el Paraíso, quémame en el infierno.
No me des el Paraíso. Pero si lo que hago es por Ti y Tú lo aceptas, regálame a
Ti, Tú presencia”.
El santo, el asceta, quería entender eso, de lo cual hablaba
Hz. Beyazid Al-Bistami (ks) quien responde al cuestionamiento del
santo: “Aunque estuvieras trescientos años ayunando todos los días,
haciendo tahajjud, realizando todo tipo de actos de adoración, jamás accederás
a este conocimiento. Porque estás velado.” El santo pregunta: “¿Hay
un remedio para eso?” Y Hz. Beyazid Al-Bistami (ks) le dice: “Sí.
Hay un remedio.” El asceta le dice: “¡Dámelo!” Hz.
Beyazid Al-Bismtami (ks) le aclara: “No. Porque tú no podrás tomar ese
remedio.” El santo insiste: “¡Por favor, dámelo! Yo necesito
acceder a ese conocimiento. Necesito ascender a ese nivel”.
El asceta sabía que si no podía entender ni practicar el
nivel de santidad del cual Hz. Beyazid Al-Bistami (ks) hablaba, jamás se
acercaría suficientemente al Creador. Así que le dice al asceta: “Muy
bien. Ahora enviaré a uno de mis discípulos para que afeite todo el pelo de tu
cabeza, la barba. Te quitarás esa ropa, te pondrás un pedazo de tela de lana de
oveja alrededor de la cintura, te colgarás del cuello un hilo con nueces e irás
al mercado, donde está la feria y toda la gente, y les pedirás a los chicos que
andan por allí que te den bofetadas. Al que te dé una bofetada tú le regalarás
una nuez”.
El santo asceta dijo: “No puedo hacer una cosa así.
La gente pensará que estoy loco, todo el mundo me conoce aquí”. Y Hz.
Beyazid Al-Bistami (ks) le dice: “¿Lo ves? Tú eres un politeísta,
porque has permitido que tu arrogancia te separe del Creador. Tú piensas que
porque has hecho todas estas cosas mereces algo muy especial. Ése es tu velo”.
Una última historia.
Todos ustedes conocen a Hz. Hasan Al-Basri (ra).
Él vivió en la época en que Hz. Muhammad (saws) había
partido de este mundo y conoció a muchos de sus compañeros.
Hombre de un inmenso nivel intelectual. Conocía el Corán
i-Kerim, los hadices, estuvo en la época que se compilaron todas estas cosas.
Gozaba de un increíble renombre en la comunidad musulmana de
los comienzos.
Nació en el año 642 de Nuestra Era, y falleció en el año
728.
Una santa favorita, al menos de las mías, Hz. Rabi’ah
Al-Adawiyyah (ks), nació – aunque no se sabe exactamente – alrededor del año
714, en el seno de una familia de muy buena reputación; no obstante, cuando el
padre muere quedan en la miseria. Entonces decide hacer una vida de total
ascetismo.
Y es a través de ella que se conoce el concepto del cual
hablé hace un momento, de la entrega total a Allahu Ta’ala, por
Su placer solamente, sin esperar nada en retribución.
Ella envía tres cosas a Hz. Hasan Al-Basri (ks) desde Basra:
un pedazo de vela, una aguja y un pelo. Y le dice: “Tú debes ser como
la vela: ilumina el mundo y, al mismo tiempo, quémate a ti mismo. (Espero
entiendan el simbolismo) También debes ser como la aguja, siempre debes
trabajar desnudo. ¿Desnudo de qué? De ambiciones, sin desear nada de este
mundo. Si lograras esta dos cosas, mil años para ti serán como un cabello”.
Hz. Hasan Al-Basri (ks) entendió el mensaje y decidió ir a
visitarla.
Así pues, llega donde ella y le hace un pedido: “Me
gustaría pedir tu mano para que te cases conmigo”.
Quiero que entiendan: él era un hombre mayor, y ella una
mujer muy joven en ese momento.
Al mencionado pedido Hz. Rabi’ah Al-Adawiyya (ks)
responde: “El compromiso del matrimonio pertenecen a aquellos que
tienen existencia. Aquí (refiriéndose a ella misma) la
existencia ha desaparecido. Porque yo existo solamente a través de Él. Le
pertenezco totalmente a Él. Así que si vas a pedir mi mano, debes pedírsela a
Él. Yo vivo en las sombras de Su control. No pidas nada de mí porque yo no
existo”.
Hz. Hasan Al-Basri (ks) se quedó boquiabierto con esa
respuesta, y le dice: “¿Cómo has encontrado ese secreto oh Rabi’ah?” Y
ella le responde: “Simplemente todo lo que perdí lo encontré en Él”. Hz.
Hasan Al-Basri (ks) le dice: “¿Y cómo has llegado a conocerLo a Él?” Ella
le responde: “Oh Hasan, tú conoces el cómo. Yo conozco el no-cómo”.
Los dejo con este pensamiento para que traten de entenderlo
y digerirlo en los próximos días, hasta el día de Ashura Insha’Allah.
Que Allah (swt) acepte vuestras intenciones
para aquellos que intenten ayunar, y que ese día sea, para todos y cada uno de
nosotros, el día del perdón por todo lo que hemos hecho en este último año.
Mis deseos de que cada palabra, cada acto, los acerquen un
poco más al Creador.
As Salam
‘alaykum wa rahmatullah wa barakatuhu.
Sohbet Hajji Orhan Baba – Sábado 23-9-2017 – “Sagrado Corán
i-Kerim – Hz. Ozman Bey (ks) – Hz. Rabi’ah Al-Adawiyyah (ks)”
La Shariah – Hz. Junaid Al-Baghdadi (ks)
Bismillahir Rahmanir Rahim
Me agrada muchísimo y los felicito, por el empeño que la
mayoría de ustedes tienen en aprender la esencia de nuestro camino que es
la Shari’ah.
Tal vez les resulte sorprendente ese comentario de mi parte,
pero para entenderlo deberíamos regresar a la década del ochenta, cuando
Muzzafer Efendi (ra) llegó a Estados Unidos con sus derviches a traer el
maravilloso e irremplazable mensaje de Tasawwuf.
Para los americanos y los no-americanos como este faqir que
vivían allí en esa época fue algo que realmente encendió nuestros corazones, y
nos atrajo de una manera que no pudimos rechazar.
No puedo decirles qué hubiera ocurrido si lo opuesto hubiese
sido presentado, con la Shari’ah, las regulaciones, las condiciones
y demás.
Hay gente que ha llegado a este camino de la manera normal:
primeramente la Shari’ah y luego tratar de comprender Tasawwuf.
Muzzafer Efendi (ra) adoptó una política de total apertura
hacia aquellas almas que estaban sedientas, sin saber cuál era la causa de ésa
sed. Estaban en la búsqueda.
Muchas veces les dije que ése fue exactamente mi caso
también.
Durante casi dos décadas estuve buscando un camino. Probé
muchos junto a mi esposa, y ninguno llenaba eso que yo estaba buscando, aunque
no sabía exactamente de qué se trataba.
Lo único que sí sabía es que el día que llegara a ese camino
de alguna manera yo estaría informado que ése era mi destino.
Y así sucedió cuando llegué al dergah de Spring Valley, a
unos quince o veinte kilómetros de aquí.
Al entrar a ese lugar mi corazón quedó allí para siempre,
Alhamdulillah.
Y así fue el mensaje de Muzzafer Efendi (ra) de los primeros
cinco años de la década del ochenta.
En mil novecientos ochenta y cinco Allahu Ta’ala tomó
su alma de regreso y Sefer Efendi (ra) fue su sucesor.
Tasawwuf fue la puerta de entrada, el umbral.
La Shari’ah siguió.
Ustedes dirán ¿Cómo es posible que alguien haga algo así?
Pues bien, quizás deberíamos recordar el ejemplo de Hz. Muhammad (saws) en los
comienzos de nuestra religión cuando él se establece en Medina. Y la mezquita,
el lugar donde los musulmanes se reunían a rezar en aquélla época, constaban
solamente de tres paredes y un techo de hojas secas de palmeras, como los que
hay en México, las palapas, el mismo tipo de techo.
No tenían una cuarta pared: la cuarta pared era el lugar por
donde la gente entraba.
Los beduinos, hijos del desierto, no tenían idea de lo que
era el adab: la conducta, la forma en que debían comportarse. Y en algunos
casos muchos de ellos, lo crean ustedes o no, hacían sus necesidades en medio
de la mezquita.
Por supuesto, los compañeros del Profeta (saws) se enojaban,
se ponían violentos con ellos, pero Hz. Muhammad (saws) no permitía que fueran
a castigarlos, sino que fueran a enseñarles.
Ellos, al aprender lo correcto, con el transcurso del tiempo
llevaban la palabra del Islam a sus tribus y a otras tierras.
Le comentaba ayer o antes de ayer a alguien que un dervish de
nuestra rama, de nuestra silsila, fue quien llevó Islam a Indonesia, el país de
mayor población islámica en este momento en la Tierra.
Fue uno el que llevó este mensaje y así se multiplicó.
Algunos de ustedes están preocupados por lo que sucede
durante el transcurso de esta búsqueda, en este camino de retorno al Señor.
Primero debemos entender que en nuestra vida diaria todo nos
afecta.
Nosotros somos una fábrica química que absorbe y transforma
todo lo que nos rodea. Es decir, nuestros alimentos nos afectan, nuestras
costumbres, nuestros hábitos: dormir mucho, dormir poco, lo que sucede
alrededor nuestro, las miradas, las palabras, los gestos de otro.
Nuestro trabajo consiste en aprender a ver.
Hay dos maneras de ver: una con lo que Allah (swt) ha
puesto en nuestra frente. Y otra con lo que Allah (swt) ha
puesto aquí, en la mitad de nuestro pecho.
Ambas cosas requieren de mucho trabajo y mucho esfuerzo.
Sin ese esfuerzo no podemos llegar a absolutamente nada.
Si no me equivoco alguien me contó en un e-mail, un miembro
del dergah, que cuando esa persona para tratar de calmar su interior hacía diez
respiraciones profundas, muchas veces se producía momentos de tremenda
claridad, en los cuales podía ver lo que sucedía alrededor. Esa persona llamó a
esos momentos “momentos de luz”, una hermosísima expresión.
La Shari’ah es la base, la Shari’ah es
el árbol, las ramas son la tariqa, las hojas son la haqiqa,
y los frutos la ma’rifa.
Si quieren regar ese árbol, se riega con las lágrimas de
ablución, y con el salat, con adoración, con el dhikr, con la
remembranza.
En el mundo hay muchos ejemplos de las cosas que no debemos
hacer, y lo mismo en nuestra propia religión.
Sefer Efendi (ra) decía que uno de los trabajos más
difíciles que existe es hacer musulmán a un musulmán.
En una oportunidad Muzzafer Efendi (ra) estaba en Turquía,
en una noche de Laylatul Qadr, durante el mes de Ramadán.
Él fue a la mezquita de Hz. Eyüp Sultán (ra).
Muchos de ustedes conocen la historia, así que simplemente
permítanme mencionarla para aquellos que no la conocen.
Hz. Eyüp Sultán (ra) fue uno de los compañeros de Hz.
Muhammad (saws).
Hz. Muhammad (saws) cuando estaba hablando de las cosas que
sucederían antes del fin del mundo, en una de las muchas oportunidades en que
se refirió a este tema, habló de seis de ellas que sucederán: de las
tentaciones para los musulmanes, de las luchas, de todo ese tipo de cosas. Y
dijo: “La sexta cosa que sucederá es la conquista de una ciudad”. Y
cuando le preguntaron ¿cuál ciudad?, él respondió: “Bizancio”.
No mucho tiempo después, cuando Islam se había expandido por
toda la Península arábiga y seguían llevando el mensaje a otras tierras, Hz.
Eyüp Sultán (ra) que vivió muchos años después que Hz. Muhammad (saws), estaba
junto a las fuerzas que querían conquistar Istanbul. Istanbul hoy en día;
Constantinopla en aquella época. Y murió, fue martirizado en esa batalla.
Finalmente, setecientos años después Mehmed II conquista
Constantinopla (Istanbul).
La tumba de Hz. Eyüp Sultán (ra) quedó allí cubierta por los
siglos, durante setecientos años.
Hz. Shamsuddin (ks) el sheikh de Mehmed II “El
Conquistador”, que Allah (swt) tenga en Su gloria a ambos, era
sheikh de la Bayramiya. Es decir que Mehmed II “El Conquistador”
era un dervish bayrami. Y fue él quien descubrió el lugar donde
fuera enterrado Hz. Eyüp Sultán (ra).
¿Por qué Hz.Eyüp Sultán (ra) es tan querido por los turcos?
Por un motivo muy simple.
Cuando Hz. Muhammad (saws) es invitado a Medina y llega,
todos los que lo invitaron querían que él fuera a vivir en sus casas hasta que
pudiese conseguir un lugar donde pudiera vivir o le iban a construir un lugar.
Y al ver todo ese despliegue de amor y de deseos de
agasajarlo, Hz. Muhammad (saws) dijo: “Les agradezco a todos esto, pero
voy a establecerme en el lugar que mi camello se detenga”.
El camello comenzó a caminar entre esas casas, calles de
arena, y se detuvo frente a la casa de Hz. Eyüp Sultán (ra) y allí residió Hz.
Muhammad (saws) en sus comienzos de Medina.
Y esta es la importancia que tiene Hz. Eyüp Sultán (ra) para
todos nosotros.
Muzzafer Efendi (ra) la noche de Laylatul Qadr se
dirige con sus derviches a la tumba de Hz. Eyüp Sultán (ra) y van al cuarto de
los muezzins.
Mientras estaban hablando podían ver muy cerca, ellos veían
a toda la gente que estaba en la mezquita y visitando la tumba, y había una
cantidad enorme de mujeres que querían llegar.
Es muy tradicional entre los turcos hacer un tawaf alrededor
de la tumba de los santos y luego en la mezquita hacen un par de rakats y le
piden a Allahu Ta’ala lo que ellos desean.
Este hombre, un hombre grande, muy barbudo, trataba a las
mujeres de una manera muy ruda. Gritaba para que se movieran, para que unas
entraran y otras no.
Muzzafer Efendi (ra) lo observó unos minutos y les pidió a
sus derviches que lo llevaran ante su presencia. Dos hermanos fueron y buscaron
al hombre.
Ante todo, Muzzafer Efendi (ra) era un hombre de una altura
bastante importante. Era grande. Tenían una voz importante, que ustedes habrán
oído en los tapes. Impresionante era verlo a Muzzafer Efendi (ra). Y más
impresionante era verlo hacer el dhikr, porque parecía que todo ese
peso se convertía en una pluma girando en el dhikr, cuando él
giraba en el medio del círculo.
Bueno, lo llevan al hombre barbudo ante la presencia de
Muzzafer Efendi (ra) y le pregunta: “¿Eres el imam de la mezquita?” Aunque
él sabía que no lo era pero se lo preguntó de todos modos. Y el hombre
respondió que no. Le preguntó si era muecín y el hombre dijo que no. Le
preguntó una vez más: “¿Tienes un cargo especial en esta mezquita?” y
el hombre respondió nuevamente que no. Muzzafer Efendi (ra) le dice: “¿Entonces
por qué estás tratando a esas mujeres así?”
Le habló de una manera muy fuerte, a tal punto, que
este hombre que sea creía el centro del mundo, se desinfló y dijo: “No.
Lo que sucede es que a algunas se le ve el cabello, se les cae por un costado
del pañuelo o a otras se le ven las medias.” Muzzafer Efendi (ra) le
dijo de todo y además: “Esas mujeres vienen a rezar. Nadie tiene
derecho a echar a una persona de una mezquita o de un dergah. Si quieres retar
a una persona acá nomás hay una playa muy cerca, y allí están todas las mujeres
en bikini. A ésas tienes que decirles algo.” Y el hombre se fue.
Ésta es la mala interpretación de la Shari’ah,
de las reglas de la Shari’ah.
Regresemos un poco en el tiempo, a Hz. Junaid Al-Baghdadi
(ks) quien fuera sheikh, y que enseñó durante muchos años en Baghdad donde está
enterrado.
Hz. Junaid Al-Baghdadi (ks) enseñaba un modo de Tasawwuf que
se denominaba “Tasawwuf sobrio”. Pues él no permitía que
nadie, en el dhikr, se dejara ir y entrara en un estado sin
consciencia. No lo permitía. Decía que podíamos sentir eso pero que debíamos
controlarlo, para tener conciencia en todo momento de lo que estaba ocurriendo.
Algo increíblemente difícil de hacer.
Finalmente, en una de sus charlas y dhikrs y
demás, un derviche no podía más y empezó a gritar: “¡Allah, Allah,
Allah!”.
Hz. Junaid Al-Baghdadi (ks) al terminar el dhikr llamó
al derviche y le dijo: “La próxima vez que hagas lo que hiciste aquí no
dejaré que regreses con nosotros”.
Por supuesto, el hombre se contuvo y pasó el tiempo.
Pero una vez en uno de esos dhikr no pudo
más y gritó: “¡Allah!”. Y ése fue su último aliento, y allí quedó
en el piso. Con ese “¡Allah!” entregó su alma al Creador.
¿Por qué estoy hablando de estos extremos? Porque en el
medio existe un trabajo que debemos hacer para insha´Allah llegar
a algo similar.
Ustedes recordarán esta historia de otra manera, pero el que
inició a Hz. Junaid Al-Baghdadi (ks) en Tasawwuf fue el
hermano de su madre, Hz. Sirri Al-Saqati (ks) y él tomó la responsabilidad de
entrenar a Hz. Junaid Al-Baghdadi (ks) cuando éste contaba apenas con siete
años.
Su padre murió cuando era muy joven y este tío comenzó a
enseñarle.
Lo envió a las mejores escuelas, con los mejores juristas de
Baghdad de aquella época. Y con el correr del tiempo él adquirió esa
característica similar a la que estuve describiendo de Muzzafer Efendi (ra) y
de Sefer Efendi (ra). Un carisma especial para enseñar el camino, y aquellos
que lo conocían simplemente querían beber más de la sabiduría que emanaba de
ese ser tan especial.
Los sheikhs, como todos los seres humanos, a veces tienen
preferencias por algún derviche, hombre o mujer, más que por otros. Se sienten
más cerca con el corazón.
Así es el caso con un derviche joven de Hz. Junaid
Al-Baghdadi (ks).
Ustedes han oído historias similares en otras
circunstancias.
Él no tenía muchos derviches. No creía en las grandes
comunidades. Incluso se negó a enseñar durante muchos años, porque decía que no
podía hacerlo mientras su maestro Hz. Sirri Al-Saqati (ks) estuviera vivo.
Santos vivientes, treinta de ellos, le fueron pidiendo
sucesivamente que enseñara y él se negaba.
Una noche va a dormir y sueña con Hz. Muhammad (saws) quien
le ordena enseñar. Él se levanta enloquecido porque Hz. Muhammad (saws) se
había dirigido a él, no podía dormir y esperó a que fuera la hora del salat
Al-Fayr.
Él vivía en la misma propiedad que su tío y maestro, Hz.
Sirri Al-Saqati (ks) y va a hacer el salat Al-Fayr con el tío. Pero algo
ocurrió.
Por un instante él pensó que cuando Hz. Muhammad (saws) se
apareció en su sueño, eso indicaba que su estado espiritual era superior al de
su maestro.
¿Y saben una cosa? Eso es muy humano que suceda y sucede
todos los días. Nosotros jamás debemos pensar que es así.
El maestro enseña en nombre de Allahu Ta’ala. Y
enseña porque Allah (swt) lo puso en ese lugar, sin el menor
deseo o necesidad de crédito. Nada más.
Hz. Junaid Al-Baghdadi (ks) tuvo ese pensamiento. Entonces
va y hace el salat Al-Fayr con su maestro. Cuando termina Hz. Sirri (ks) lo
mira y le dice: “Tú no has escuchado las palabras de tu sheikh cuando
te pidió que enseñaras. No escuchaste las palabras de los treinta otros sheikhs
que te pidieron que enseñaras. Tampoco las palabras de tus hermanos que te
pidieron que enseñaras. Y ahora, porque Hz. Muhammad (saws) te lo ordenó, vas a
hacerlo”.
Él estaba totalmente sorprendido con esta situación y dice:
“¿Cómo? Si Hz. Muhammad (saws) se me apareció anoche en un sueño”. Y Hz.
Sirri (ks) le dice: “Porque Allahu Ta’ala me habló a mí también y me
dijo que había enviado a Hz. Muhammad (saws) a hablarte a ti”.
¡Las sutilezas del camino!
Una última historia.
Estaba su grupo de derviches y todos celaban de alguien en
particular.
Hz. Junaid Al-Baghdadi (ks) les pide a todos que traigan
pollos vivos al dergah.
Los derviches cumplen, aparecen con los pollos, incluido el
derviche más jovencito. Y les dice a todos: “Esta noche voy a invitar a
la gente más importante del pueblo a cenar. Vamos a hacer un guiso de pollo y
arroz. Necesito que lleven los pollos a un lugar donde nadie los vea, los matan
y me los traen ya desangrados para poder hacer el guiso.” Todos
dijeron: “¡Eyvallah, Eyvallah, Eyvallah!” Se fueron y al rato
regresan todos con los pollos muertos, menos el derviche preferido.
Entonces Hz. Junaid Al-Baghdadi (ks) le dice al joven
derviche: “¿Por qué has desobedecido mi orden? ¿Por qué no has traído
el pollo ya desangrado para incluirlo en el guiso?” El joven derviche
responde: “¡Oh maestro, luz de mi vida! Jamás desobedecería una orden
tuya. Al contrario, la obedecí totalmente”. Y le pregunta su maestro:
“¿Cómo es eso?” El derviche responde: “Tú nos ordenaste que
vayamos a un lugar donde nadie nos viera y matáramos a los pollos, y en todos
lados donde yo miraba veía a Allahu Ta’ala. Aquí está el pollo”.
Le ruego me disculpen, estoy celoso del estado de ese
derviche, y quiero y ruego para todos y cada uno de nosotros que Allah
(swt) nos permita lograr ese estado de sumisión y ese “momento de luz”
que mi derviche me describió en un hermosísimo e-mail, hoy. Y que ese “momento
de luz” se convierta en un estado permanente para quien describió ese momento,
y para todos y cada uno de nosotros.
As Salam ‘alaykum wa rahmatullah wa barakatuh.
Sohbet Hayyi Orhan Baba. Sábado 29-07-2017. El amor. La
noble Shari’ah. Hadrat Sheikh Hz. Junayd Al-Baghdadi (ks)
