¡Oh buscador en el camino hacia Allāh!, sabe —que Allāh, el Altísimo, tenga misericordia de ti— que albergar sospechas infundadas (sū' al-ẓann) hacia los demás, especialmente hacia los hermanos y hermanas entre la Gente de la Qiblah, constituye una de las armas más sutiles de Satanás.
Se infiltra en el corazón negligente, oscureciendo la visión espiritual, endureciendo el ser interior y desviando al viajero del camino de la sinceridad, hasta privarlo de las fuentes de la pureza espiritual y velarlo de las luces de la cercanía divina.
Los maestros espirituales han considerado desde hace mucho tiempo que la sospecha es una enfermedad del corazón más que un simple error del pensamiento.
Corrompe la percepción de la persona antes de corromper sus palabras, y transforma gradualmente el corazón de un recipiente de misericordia en una morada de duda y alejamiento.
▪︎ Entre las máximas atribuidas a las personas de realización espiritual se encuentra:
> «Quien albergue malos pensamientos acerca de sus hermanos encontrará que la misericordia de Allāh le será retenida.»
Ya sea entendida como una máxima transmitida o como un consejo espiritual, su significado concuerda con el espíritu ético del Islam.
La sospecha pretende desvelar aquello que Allāh, el Altísimo, ha ocultado deliberadamente en Sus siervos. Abre las puertas de la discordia mientras cierra las puertas de la iluminación divina.
▪︎ El amado Mensajero de Allāh ﷺ emitió una advertencia inequívoca respecto a este vicio destructivo:
> «Guardaos de la sospecha, pues la sospecha es la más falsa de las palabras.»
(Ṣaḥīḥ al-Bukhārī; Ṣaḥīḥ Muslim)
Esta enseñanza profética demuestra que la sospecha infundada no es un asunto insignificante. Más bien, reúne varias enfermedades espirituales: falta de la debida etiqueta ante el Creador, injusticia hacia Su creación y una violación del sagrado vínculo de hermandad establecido por la fe.
El viajero que descuida purificar su corazón de la sospecha pronto se convierte en prisionero de las conjeturas.
Su mente se ocupa de intenciones imaginarias, su corazón se carga de susurros y su relación con los justos se debilita a causa de suposiciones de las cuales ellos no tienen responsabilidad alguna.
▪︎ Satanás susurra continuamente:
> «Quizás quiso decir esto...
Quizás pretendía aquello...»
Así, la sospecha penetra gradualmente incluso en los lugares de santidad, hasta manchar las páginas sobre las cuales Allāh ha inscrito los nombres de Sus amados siervos.
Por ello, los primeros musulmanes cultivaron la disciplina de interpretar las acciones de los creyentes de la mejor manera posible.
▪︎ Se ha narrado de varios de los piadosos predecesores:
> «Si ves a tu hermano hacer algo que te desagrada, búscale setenta excusas. Si no encuentras ninguna, entonces di: "Quizás tenga una excusa que yo desconozco".»
Aunque la cadena exacta de transmisión de esta afirmación es objeto de debate, su significado refleja de manera hermosa la ética coránica y profética del ḥusn al-ẓann, es decir, tener una buena opinión de los demás.
Ese es el estado de quienes tienen iluminada su visión interior, cuyas almas han alcanzado la serenidad y cuyos corazones han sido purificados de toda malicia.
Por el contrario, quien busca continuamente defectos, escruta las intenciones y juzga apresuradamente los estados interiores de los demás se coloca a sí mismo en un grave peligro espiritual.
Los pecados externos suelen ir seguidos del arrepentimiento; pero cuando el propio corazón enferma a causa de la sospecha, su curación resulta considerablemente más difícil.
Una vez que la sospecha domina el corazón, la serenidad desaparece y la confianza entre los creyentes es sustituida gradualmente por el distanciamiento.
¡Oh viajero en el camino de la purificación!, guarda tu lengua, preserva la pureza de tu corazón y conserva la modestia de tu alma.
No te asemejes a aquellos cuya apariencia exterior refleja devoción mientras que su diálogo interior está ocupado por la sospecha, la crítica y la calumnia oculta.
Guárdate especialmente de la murmuración (ghībah), pues la sospecha con frecuencia madura hasta convertirse en una acusación pronunciada con la lengua. Lo que comienza como un pensamiento no verificado suele terminar como un pecado expresado con palabras.
▪︎ Se ha transmitido que el Imām al-Junayd al-Baghdādī —que Allāh santifique su secreto— dijo:
> «Quien mira a las personas con el ojo de la difamación se ha cerrado a sí mismo la puerta de la misericordia.»
Ya sea transmitida literalmente o conservada a través de la sabiduría de la tradición sufí, esta afirmación expresa una profunda realidad espiritual: quien sospecha continuamente de los demás termina por velarse a sí mismo de la misericordia divina.
El camino hacia Allāh, el Altísimo, es fundamentalmente un camino de purificación interior. No basta con que los miembros del cuerpo se ocupen en la adoración mientras el corazón permanece contaminado por la acusación, la sospecha y el resentimiento oculto.
El buscador debe preocuparse menos por investigar los corazones de los demás y más por rectificar el suyo propio, pues el corazón sano (qalb salīm) es la herencia de los Profetas y de los Awliyāʾ.
Antes de albergar sospechas respecto a otro creyente, que el buscador se pregunte a sí mismo: ¿Acaso Allāh, el Altísimo, no me ha mostrado continuamente Su bondad a pesar de mis propias deficiencias?
¿Cómo podría juzgar la realidad interior de alguien cuyo corazón solamente Allāh conoce verdaderamente? ¿No es mi Señor el Más Misericordioso, el Ocultador de las faltas (al-Sattār) y el Más Indulgente?
Si Allāh oculta nuestras faltas a pesar de conocerlas perfectamente, entonces nosotros también debemos esforzarnos por ocultar las faltas de Sus siervos y tener una buena opinión de quienes proclaman sinceramente:
> «No hay más dios que Allāh.»
▪︎ Los sabios del camino espiritual han observado:
> «Quien piensa bien de las personas, Allāh llena su corazón con la luz del contentamiento. Pero quien piensa constantemente mal de los demás termina velado de la dulzura de la cercanía divina, aunque su adoración exterior sea abundante.»
Esta afirmación expresa una verdad espiritual permanente: la abundancia de actos devocionales no puede compensar un corazón corrompido por la sospecha, así como un pequeño número de obras rectas realizadas con un corazón purificado puede convertirse en un medio para acercarse a Allāh, el Altísimo.
Por ello, esfuérzate por hacer que tu corazón sea tan transparente como el agua pura, libre de sospecha, intacto de malicia e imperturbable ante toda duda infundada.
El viaje hacia la cercanía divina no comienza únicamente con la multiplicación de los actos externos, sino con la purificación del corazón, pues es el corazón el verdadero santuario del conocimiento y del recuerdo de Allāh.
Que Allāh, el Altísimo, purifique nuestros corazones de toda sospecha que nos aleje de Sus siervos; limpie nuestras almas de todo rasgo reprobable; nos adorne con la sinceridad y con una buena opinión de los demás; y nos conceda corazones dignos de contemplar la luz de Su Noble Rostro.
> «En verdad, Allāh es Quien concede todo éxito (al-Muwaffiq).»
■ Enseñanzas del Corazón.