El horizonte que retrocede


El horizonte que retrocede

Dijo Hazrat Inayat Khan:

“El propósito de la vida es como el horizonte: cuanto más avanzas hacia él, más retrocede.”
Y quizá el corazón se inquieta ante esta frase porque el ego quiere llegar.
Quiere concluir.
Quiere poseer la verdad como quien guarda un objeto en sus manos.

Pero Dios no es un objeto.

Allah no puede ser encerrado dentro de una definición, de una experiencia, ni siquiera dentro de una certeza espiritual. Por eso, cuando el caminante cree haber llegado, el horizonte vuelve a alejarse. No como castigo, sino como misericordia.
Porque si el horizonte pudiera alcanzarse, el hombre dejaría de caminar.

El Corán nos recuerda:

“Y hacia tu Señor es el fin.”
— Surah An-Najm 53:42

No dice: “hacia tu comprensión”.
No dice: “hacia tu dominio”.
Dice: hacia tu Señor.
Y el Señor es Infinito.

Por eso los sufíes entendieron que el camino espiritual no termina en una respuesta, sino en una expansión continua del corazón.

Jalal al-Din Rumi decía que el amante espiritual es como alguien sediento frente al océano: mientras más bebe, más descubre la inmensidad de lo que aún no conoce.

Y ahí aparece el secreto del amor.
Porque solo el amor acepta caminar sin poseer.

El ego quiere resultados;
el amor quiere Presencia.

El ego pregunta:
“¿Cuándo llegaré?”

El amor responde:
“¿Cómo podría cansarme de caminar hacia el Amado?”

Por eso el horizonte retrocede.
Porque Dios no desea solamente darte algo; desea transformarte en alguien capaz de sostener Su Luz.

Los maestros del tasawwuf hablan de la teofanía —la manifestación divina— como destellos de Allah en la creación. Cada instante contiene una revelación distinta de Su Belleza. Y por eso el universo jamás se repite.

El Corán dice:

“Cada día Él está en una manifestación.”
— Surah Ar-Rahman 55:29

Los comentaristas espirituales entendieron esta aleya como un océano inmenso: Dios se revela constantemente bajo nuevas formas, nuevos velos, nuevas aperturas.
Y así también ocurre en el corazón humano.

Hay días en que Allah 
se manifiesta como cercanía.
Otros como ausencia.
Un día como expansión.
Otro como ruptura.

Pero detrás de todos los rostros sigue estando Él.
Shams Tabrizi enseñaba que el buscador debe aprender a no enamorarse de los estados espirituales, sino del Dador de los estados.

Porque incluso las visiones, las emociones profundas o las lágrimas pueden convertirse en velos si el hombre se apega a ellas más que a Dios.
Y quizá esa sea una de las razones más profundas por las que el horizonte retrocede: para romper toda idolatría espiritual.
Para que el hombre nunca adore su conocimiento.
Ni sus experiencias.
Ni siquiera su propia santidad.

Solo a Él.

El camino sufí no es acumular luces;
es volverse transparente.
Hasta que el caminante ya no vea únicamente un horizonte lejano, sino que descubra que cada paso era ya una teofanía.

Entonces comprende algo inmenso:
el propósito nunca estuvo al final del camino.

El propósito era aprender a amar a Dios en el caminar mismo.
Y ahí el horizonte deja de ser frustración.
Se vuelve invitación.

Porque el amante finalmente entiende que la distancia era parte del amor.
Si Allah mostrara toda Su Belleza de una sola vez, el corazón humano no podría soportarlo.

Por eso Él se revela gota a gota, amanecer tras amanecer, secreto tras secreto.
Y el hombre espiritual aprende entonces a vivir entre la nostalgia y la contemplación.
Nostalgia por lo que aún no alcanza.
Contemplación por lo que ya le fue mostrado.
Y entre ambas, nace el verdadero sufismo:
caminar hacia un Horizonte infinito…
con el corazón ardiendo de amor.

Rumi en el corazón de El Amado.

Lo que oímos


“Lo que el oído te contó falsamente,  
el ojo te lo revelará con verdad.”  

— Mevlana Rumi, Masnavi  
(traducción inspirada en versiones clásicas)

Aquello que el oído  
te contó de manera confusa,
el ojo  
habrá de revelártelo claramente.

Y entonces el oído mismo  
adquirirá la naturaleza del ojo.

Tus oídos,  
ahora simples como la lana,
se volverán joyas preciosas.

Sí…
todo tu cuerpo  
se convertirá en un espejo.
Y dentro de tu pecho  
brillará un ojo luminoso  
como una gema resplandeciente.

Primero escuchas con el oído,
y ese escuchar  
te permite formar ideas.

Después, esas ideas  
comienzan a conducirte  
hacia el Amado.

Por eso esfuérzate  
en profundizar esa comprensión.
Aliméntala.
Protégela.
Hazla crecer.

Porque incluso un pensamiento verdadero  
puede convertirse en un sendero.

Y ese sendero,
como le ocurrió a Majnun,
puede terminar guiándote  
hasta el Amado.

Mevlana Rumi 
(Masnavi, versión basada en E. H. Whinfield)

Cuál es tu intención


—¿Cuál es tu intención?
—La fidelidad y la amistad.

Así comienza el diálogo del alma con lo Divino.
No preguntando por riquezas, ni por fama, ni siquiera por salvación.
Sino por la capacidad de permanecer.
Porque amar verdaderamente siempre exige permanencia.

—¿Qué deseas de mí?
—Tu gracia universal.

El ser humano pasa gran parte de su vida persiguiendo pequeñas cosas:
aprobación, seguridad, posesiones, control.

Pero llega un momento en que el corazón madura.
Y entonces deja de pedir fragmentos.
Comienza a pedir la Fuente.

—¿Dónde viste los milagros?
—En el palacio del César.

Incluso en medio del poder, del ruido y de la grandeza del mundo, el alma todavía puede reconocer destellos de lo eterno.

Porque Dios no desaparece de los palacios.
Solo se vuelve más difícil verlo allí.

—¿Por qué está desolado?
—Por miedo al salteador del camino.

Y cuando le preguntaron quién era ese ladrón, la respuesta fue sorprendente:
“La culpa.”

No siempre son los enemigos quienes destruyen al hombre.

A veces es la vergüenza silenciosa que carga dentro de sí.
La voz que le repite que ya no es digno del amor, de la misericordia, o del regreso.

—¿Dónde está la seguridad?
—En la abstinencia y la devoción.

Porque el alma no encuentra paz poseyendo más, sino necesitando menos.

Hay una libertad extraña en dejar de correr detrás de todo.

—¿Dónde está la calamidad?
—En la calle de tu amor.
Porque el amor divino no llega para decorar el ego.

Llega para derrumbarlo.
Nadie atraviesa verdaderamente el amor y permanece intacto. Y finalmente Rumi guarda silencio.

Porque algunas verdades,
si fueran dichas completamente,
harían que el ser humano saliera de sí mismo.
“No quedarían ni puerta ni techo.”

Es decir: la vieja casa del ego desaparecería.

Y quizá eso es precisamente lo que más tememos… y también lo que más necesitamos.

— Inspirado en Mystical Poems of Rumi
Traducción de A. J. Arberry

Mírate y encuentrame


El regalo

“No tienes idea de lo mucho que he buscado un regalo que traerte.
Nada parecía lo correcto.

¿Qué sentido tiene llevar oro a una mina de oro, o agua al Océano?
Todo lo que se me ocurría era como llevar especias al Oriente.

No es bueno darte mi corazón y mi alma,
Porque Tú ya los tienes,
Así que te he traído un espejo.
Mírate a ti mismo y recuérdame.”

— Paráfrasis atribuida a Jalal al-Din Rumi

***


Hay poemas cuya belleza parece venir de otro lugar. No solo conmueven: revelan. Como si detrás de las palabras existiera una enseñanza silenciosa esperando ser contemplada.

Este poema atribuido a Rumi posee precisamente ese perfume. Y quizá su grandeza está en que puede leerse en varios niveles al mismo tiempo: como la voz de un amante humano, como el diálogo entre el alma y Dios, o incluso como una enseñanza divina dirigida al corazón del hombre.

Porque el poema comienza con una búsqueda profundamente humana: ofrecer algo valioso al Amado.

El ser humano cuando ama entrega algo: palabras, promesas, gestos, incluso su propia identidad. Pero conforme el poema avanza, ocurre una transformación interior. El amante comprende que nada puede añadirse a Aquello que ya es Totalidad.

“¿Qué sentido tiene llevar oro a una mina de oro, o agua al Océano?”

Aquí aparece una de las intuiciones más profundas del sufismo: toda belleza creada procede de una Belleza absoluta. Toda luz visible nace de una Luz primordial. Todo amor verdadero es apenas un reflejo de una Realidad mayor.

El Corán dice:

“A dondequiera que os volváis, allí está el Rostro de Dios.”
— Surah Al-Baqarah 2:115

Para la mirada ordinaria existen cosas separadas: el océano, el amante, la belleza, el mundo. Pero para la mirada espiritual todo se vuelve signo, manifestación, teofanía. El universo entero comienza a percibirse como un espejo donde los Nombres divinos se reflejan constantemente.

Los maestros sufíes llamaron a esto tajallī: el desvelamiento de la Presencia divina en las formas.

Entonces el poema deja de ser únicamente romántico y se vuelve metafísico.

“No es bueno darte mi corazón y mi alma,
Porque Tú ya los tienes.”

Aquí el ego empieza a deshacerse silenciosamente. El amante comprende que incluso aquello que llamaba “mío” nunca le perteneció realmente. El corazón, la respiración, la consciencia, la belleza y el amor proceden de una misma Fuente.

Y entonces aparece el regalo final: el espejo.

“Así que te he traído un espejo.”

Quizá esta sea la parte más elevada de toda la enseñanza.

Porque el espejo puede entenderse de dos maneras al mismo tiempo.

Por un lado, como el regalo del amante que desea que el Amado contemple su propia belleza. Pero en una lectura más profunda, parece que es Dios quien entrega el espejo al ser humano diciendo:

“Mírate a ti mismo y recuérdame.”

Y ahí el poema adquiere una dimensión casi coránica.

“Les mostraremos Nuestros signos en los horizontes y en ellos mismos hasta que les quede claro que es la Verdad.”
— Surah Fussilat 41:53

“Y en vosotros mismos. ¿Acaso no veis?”
— Surah Adh-Dhariyat 51:21

El ser humano mismo se convierte en signo.

En el sufismo, el corazón es descrito como un espejo capaz de reflejar la Luz divina. Pero el ego, el orgullo, el miedo y el olvido cubren ese espejo con óxido. Por eso el camino espiritual no consiste tanto en adquirir algo nuevo, sino en pulir lo que ya estaba presente desde el origen.

El Profeta Muhammad ﷺ dijo:

“Hay un pulido para todo, y el pulido del corazón es el recuerdo de Dios.”

El espejo entonces no agrega nada. Solo revela.

Y quizá esa es una de las misericordias más misteriosas de ciertos encuentros humanos: hay personas cuya presencia nos recuerda algo eterno de nosotros mismos. No porque nos den una nueva identidad, sino porque delante de ellas el alma recuerda la luz que había olvidado.

Entonces la frase final deja de sentirse solamente poética y se convierte en contemplación:

Mira la belleza… y recuerda la Fuente de la Belleza.
Mira la misericordia… y recuerda al Misericordioso.
Mira la luz en tu corazón… y recuerda de dónde vino.

“Mírate a ti mismo y recuérdame.”

Tal vez toda la creación sea eso: un inmenso espejo.

El océano recuerda el Infinito.
La luz recuerda la Fuente.
El amor recuerda el Origen.

Y el corazón humano, cuando es pulido por el recuerdo y la sinceridad, termina reflejando algo del Rostro que siempre estuvo presente detrás de todas las cosas.

Rumi en el corazón de El Amado

La yihad interior y la coherencia del corazón


La yihad interior y la coherencia del corazón

Hay personas que creen que la espiritualidad consiste en corregir al mundo entero, pero olvidan mirar aquello que ocurre dentro de sí mismas.
Hablan de Dios, pero viven irritadas por la diferencia, endurecidas por el orgullo y atrapadas en la necesidad de tener razón.

Y entonces uno comprende algo importante:
la verdadera lucha no siempre ocurre afuera.

En el islam, como en la mística islamica se ha hablado durante siglos de una batalla silenciosa y profunda: la yihad interior.
No como una guerra contra otros seres humanos, sino como el esfuerzo constante por vencer aquello dentro del alma que separa al hombre de la misericordia.

El Corán dice:

«“Ha triunfado quien purifica su alma.”
— Surah Ash-Shams 91:9»

Tal vez ahí se encuentra una de las claves más profundas del camino espiritual.

Rumi decía:
“Ayer era inteligente y quería cambiar al mundo.
Hoy soy sabio y me cambio a mí mismo.”

Porque el ego disfruta corrigiendo a los demás, señalando errores y sintiéndose superior.
Pero el corazón sincero empieza a comprender que la transformación más difícil no es la del mundo… sino la propia.

El ego puede incluso vestirse de espiritualidad.
Puede aprender versos, símbolos, discursos sagrados y palabras hermosas… mientras continúa alimentándose de superioridad, arrogancia y juicio.

A veces el ego religioso es más peligroso que el ego mundano, porque ya no se siente oscuro: se siente justificado. 

Entonces el hombre comienza a dividir:
“Nosotros y ellos.”
“Los conscientes y los ignorantes.”
“Los puros y los equivocados.”

Y así, aquello que debía expandir el corazón termina estrechándolo.

La yihad interior comienza precisamente ahí:
cuando el ser humano deja de obsesionarse con corregir a todos los demás y empieza a observar sus propias sombras.

¿Por qué necesito imponerme?
¿Por qué me molesta tanto quien piensa distinto?
¿Por qué disfruto sentirme moralmente superior?
¿Por qué mi espiritualidad me vuelve más duro en lugar de más compasivo?

Esas preguntas son más difíciles que cualquier debate.

Porque combatir el ego requiere sinceridad.
Y la sinceridad duele.

El alma quiere reconocimiento.
Quiere sentirse especial.
Quiere pertenecer al “grupo correcto”.
Quiere tener siempre la razón.
Pero el corazón que verdaderamente busca a Dios comienza poco a poco a vaciarse de esa necesidad.

Entonces aparece algo más humilde:
el silencio,
la escucha,
la compasión,
el discernimiento sin odio.

Porque discernir no significa despreciar.
Uno puede proteger su camino sin vivir rechazando a todos.
Puede amar profundamente su tradición sin convertirla en una herramienta de superioridad.

Allah es más vasto que nuestras etiquetas.
Más grande que nuestras interpretaciones limitadas.
Más profundo que nuestras disputas humanas.

Y quizás una de las señales más hermosas de madurez espiritual sea esta:
cuando la lengua recuerda a Dios…
y el corazón también comienza a parecerse un poco más a la misericordia.

Rumi en el corazón de El Amado.

ORACIONES SUFÍES - Tu compañía diaria

 


Hazrat Inayat Khan 


 ORACIONES SUFÍES 

 Tu compañía diaria 


 Texto original y traducción © International Headquarters of the Sufi Movement, 2517 GJ Banstraat 24 Holanda Edición revisada en castellano, Movimiento Sufi Internacional 2008 Para información concerniente a las actividades del Movimiento Sufí Internacional, por favor contacte: Movimiento Sufí Internacional movimientosufi@etb.net.co / http://msilatinoamerica.blogspot.com o consulte la página web: www.sufimovement.org 

***

TABLA DE CONTENIDO 

 LA CONFRATERNIDAD DEL MENSAJE 

Invocación                                                                    - 3 - 
 Saum                                                                            - 4 - 
 Pir                                                                                 - 5 - 
 Salat                                                                             - 6 - 
 Nabí                                                                             - 7 - 
 Khatum                                                                       - 7 - 
 Rasul                                                                           - 8 - 
 Universelle                                                                - 8 - 

 OTRAS BELLAS ORACIONES                      - 9 - 

   Nayaz                                                                       - 9 - 
   Nazar                                                                       - 9 
   Oración de Año Nuevo                                        - 10 
 Oración por el difunto                                          - 11 -
Bendición para el difunto                                      - 11 - 
 Suras exequiales                                                    - 12 - 

SOBRE HAZRAT INAYAT KHAN                     - 14 -

***


La Confraternidad del Mensaje 

- con suras cantados - 

 Invocación Hacia el Uno, la Perfección del Amor, 
 Armonía y Belleza, 
 el Único Ser, Unidos a todas las almas iluminadas 
 que forman el cuerpo del Maestro, 
 el Espíritu de Guía. 



Saum 

 Alabanza a Ti, 

 Dios el más Supremo, Omnipotente, Omnipresente, 
 el que todo lo compenetra, el Único Ser. 
 Llévanos en Tus paternales brazos, elévanos desde la densidad de la tierra. 
 Tu belleza adoramos; voluntariamente nos rendimos a Ti. 
 El más misericordioso y compasivo Dios, 
 el idealizado Señor de toda la humanidad, 
 a Ti el único a quien sí adoramos y hacia Ti sólo aspiramos. 
 Abre nuestros corazones hacia Tu belleza, 
 ilumina nuestras almas con Luz Divina. Oh Tú, 
la Perfección del Amor, Armonía y Belleza, 
 Creador Todopoderoso, Sustentador, Juez y quien perdona nuestras faltas, 
 Señor Dios del Este y del Oeste, 
 de los mundos superiores e inferiores y de los seres visibles e invisibles: 
 Derrama sobre nosotros Tu amor y Tu luz, 
 da sustento a nuestros cuerpos, corazones y almas, 
 Úsanos para el propósito que Tu sabiduría elija, 
 y guíanos en el sendero de Tu propia Bondad. 
 Atráenos más cerca de Ti en cada momento de nuestra vida 
 hasta que sea reflejada en nosotros 
 Tu gracia, Tu Gloria, Tu Sabiduría, Tu Dicha y Tu Paz. 
 Derrama sobre nosotros Tu Amor y Tu Luz...




Pir 

 Inspirador de mi mente, 

 Consolador de mi corazón, Sanador de mi espíritu, 
 Tu presencia me eleva de la tierra al cielo; 
 Tus palabras fluyen como el río sagrado; 
 Tu pensamiento brota como fuente divina; 
 Tus tiernos sentimientos despiertan simpatía en mi corazón. 
 Amado Maestro, 
 Tu mismo ser es perdón. 
 Las nubes de duda y miedo son 
dispersadas por Tu penetrante mirada; 
 Toda ignorancia se desvanece en 
Tu iluminadora presencia; 
 Una nueva esperanza nace en mi corazón 
 respirando tu pacífica atmósfera. 
 Oh Guía inspiradora a través de los acertijos de la vida, 
 en Ti siento abundancia de Bendiciones! 




Salat 

 Benignísimo Señor, 

 Maestro, Mesías, y Salvador de la Humanidad, 
 Te saludamos a Ti con toda humildad. 
 Tú eres la primera causa y el último efecto, 
 la Luz Divina y el Espíritu de Guía, Alfa y Omega. 
 Tu Luz está en todas las formas, 
 Tu amor en todos los seres, en una amorosa madre, 
en un bondadoso padre, en un inocente niño, 
 en un servicial amigo, y en un maestro inspirador. 
 Permítenos reconocerte en todos tus nombres y formas sagrados: 
 como Rama, como Krishna, como Shiva, como Buda; 
 Permítenos conocerte como Abraham, como Salomón, 
como Zaratustra, como Moisés, como Jesús, como Mahoma, 
 Y en muchos otros nombres y formas, 
 conocidos y desconocidos para el mundo. 
 Adoramos Tu Pasado; 
 Tu presencia ilumina profundamente nuestro ser, 
 y anhelamos tus bendiciones en el futuro. 
 Oh Mensajero, Cristo, Nabí, el Rasul de Dios, 
 Tu cuyo corazón constantemente asciende, 
 Tú que vienes a la tierra con un mensaje, 
 como paloma que desciende cuando el Darma decae, 
 Y hablas la palabra que es puesta en Tu boca, 
 como la luz que llena la creciente luna. 
 Permite que La estrella de Luz Divina que brilla 
en Tu corazón sea reflejada en los corazones de Tus devotos. 
 Que el Mensaje de Dios se extienda a lo largo y ancho, 
 Iluminando y haciendo a toda la humanidad 
 como una sola hermandad 
en la paternidad de Dios. 
 Que el Mensaje de Dios se extienda a lo largo y ancho...




Nabí 

 Antorcha en la oscuridad, 

 Bastón en mi debilidad, 
 Roca en el cansancio de la vida, 
 Tú, Maestro mío, haces de la tierra un paraíso. 
 Tu pensamiento me brinda gozo celestial, 
 Tu luz ilumina el camino de mi vida, 
 Tus palabras me inspiran con Divina sabiduría, 
 Sigo Tus pasos que me llevan a la meta eterna, 
 Consuelo de corazones desolados, 
 Apoyo para los necesitados, 
 Amigo de los amantes de la verdad, 
 Maestro Bendito, 
Tú eres el Profeta de Dios. 




 Khatum 

 Oh Tú, 

Que eres la Perfección del Amor, 
 Armonía y Belleza, El Señor del cielo y de la tierra, 
 Abre nuestros corazones para que podamos escuchar tu voz, 
 que constantemente viene de nuestro interior. 
 Descubre a nosotros Tu Luz Divina 
 que está escondida en nuestras almas, 
 para que conozcamos y entendamos mejor la vida. 
 El más Misericordioso y Compasivo Dios, 
 dadnos Tu gran bondad, 
 enséñanos Tu amoroso perdón; 
 elévanos por encima de distinciones 
y diferencias que dividen a los hombres; 
 Envíanos la paz de Tu Espíritu divino, 
 y únenos a todos en Tu perfecto Ser. 
 Descubre a nosotros Tu Luz Divina




Rasul 

 Tú, 

quien advierte sobre peligros venideros 
 Quien despierta al mundo de su sueño 
 Quien entrega el mensaje de Dios 
 Tú eres nuestro salvador El sol en el alba de la creación, 
 La luz del universo entero, 
 El cumplimiento del propósito de Dios, 
 Tú, la vida eterna Buscamos refugio 
en Tu abrazo amoroso Espíritu de guía, 
 Fuente de toda belleza y Creador de armonía. 
 Amor, amante y bienamado Señor 
 Tú eres nuestro Divino Ideal 




 Universelle 

 Oh Tú, 

que eres el Hacedor, Formador, 
 y Constructor del Universo, 
 Construyes con tus Propias manos el Universelle, 
 nuestro Templo para Tu divino Mensaje 
 de Amor, Armonía y Belleza. 

 Amén.




Nayaz 

 Bienamado Señor, 

 Todopoderoso Dios, 
 A través de los rayos del Sol, 
 A través de las ondas del Aire, 
 A través de la omnipresente vida en el espacio, 
 Oro para que purifiques, 
revivas y sanes mi cuerpo, 
mi corazón y mi alma. 

 Amén.




 Nazar 

 Oh Tú, 

 Sustentador de nuestros cuerpos, 
corazones y almas, 
 bendice todo lo que recibimos en gratitud, 

 Amén.





Oración de Año Nuevo 

 Oh Tú 

que habitas en nuestros corazones, 
 El más misericordioso y compasivo Dios, 
 Señor del cielo y de la tierra, 
 Perdonamos a otros sus ofensas y pedimos tu perdón por nuestros errores. 
 Iniciamos el nuevo año con el corazón puro 
y la conciencia clara, con coraje y esperanza 
 Ayúdanos a lograr el propósito de nuestras vidas bajo tu Divina Guía.





Oración por el difunto 

 Oh Tú! 

La causa y efecto de todo el Universo, 
 La fuente de la que hemos venido 
 y la meta hacia la que estamos destinados: 
 Recibe en Tus paternales brazos esta alma que viaja hacia Ti. 
 Que Tu mirada de perdón sane su corazón. 
 Elévala desde la densidad de la tierra, 
 Rodéala con la Luz de Tu propio espíritu. 
 Asciéndela al cielo, que es su verdadera morada. 
 Te pedimos le asegures la bendición de 
 Tu más exaltada presencia. 
 Que su vida sobre la tierra se convierta 
en un sueño de su ya despierta alma, 
 Y permite que sus sedientos ojos mantengan 
 La gloriosa visión de Tu sol. 

 Amén.





 Bendición para el difunto 

 Sana su espíritu, 

Señor, de todas las heridas que ha sufrido su corazón 
 a través de esta vida de limitación 
sobre la tierra. 
 Purifica su corazón con Tu divina Luz 
 y envía sobre su espíritu Tu misericordia, 
Tu compasión y Tu paz. 

 Amén.





Suras exequiales 

 La muerte

 se lleva el desgaste de la vida; 
 y el alma comienza una vida nueva. 
 La muerte es un sueño del que despierta 
 el alma en el más allá. 
 La muerte es la crucifixión, 
 y después sigue la resurrección. 
 La muerte es la noche y después 
comienza el día. 
 Es la muerte la que muere, 
no la vida. 
 La vida eterna está escondida 
en el corazón de la muerte. 

Bienamado, 
Tú me sacias todos los días. 
 Tú cavas en mi corazón, 
 más profundo que en las honduras de la tierra. 
 Tú elevas mi alma más alto 
que los más altos cielos, 
 haciéndome más vacío cada día 
 y aun así, saciado. 
 Tú me ensanchas más que los confines del mundo; 
 Tú estiras mis dos brazos 
 a través de la tierra y el mar, 
 Dándome en mi apertura el Este y el Oeste. 
 Tú transformas mi carne en tierra fértil; 
 Tú tornas mi sangre en corrientes de agua; 
 Tú amasas mi arcilla, lo sé, para hacer un nuevo universo. 



***


 Sobre Hazrat Inayat Khan 

 Hazrat Inayat Khan (la palabra ‘Hazrat’ es honorífica) nació en Baroda, India, en 1882. Su familia era excepcionalmente musical; su abuelo, Maulabakhsh, en ocasiones llamado el ‘Beethoven’ de la India, fundó la Gayanshala, la primera academia musical en la India, e Inayat demostró ser un cantante y ejecutor de vina de extraordinaria habilidad, ofreciendo conciertos en cortes principescas a través de la India, en los tiempos en que transcurrían sus tempranos veintes. 
En la cultura India clásica existe una profunda sintonía entre música y espiritualidad, y los estudios de música de Inayat lo prepararon para lo que fue un momento decisivo en su vida, su encuentro con su Murshid (Maestro) Sufí Abu Hashim Sayed Madani. El entrenamiento e inspiración que recibió de su Murshid, llevó a Inayat a un nivel de entendimiento universal, y las últimas instrucciones en este mundo de su maestro (‘Ve y une Este y Oeste con la música de tu alma.’) lo encaminaron hacia su destino. Acompañado por dos de sus hermanos, en 1910 navega desde Bombay hacia occidente para llevar la sabiduría del Sufismo al mundo. 

Durante dieciséis años viajó por América y Europa, impartiendo conferencias y escribiendo sobre el Mensaje Sufí, despertando así estudiantes en este camino. Se casó, tuvo cuatro hijos, fundó el Movimiento Sufí Internacional (International Sufi Movement, que ahora tiene su sede central en Holanda), y finalmente se estableció con su familia en Suresnes, en los alrededores de París. En 1926 regresó a la India, y murió allí a principios de 1927, a la edad de 44 años. Desde su muerte, se han publicado y traducido ampliamente más de una docena de libros de sus escritos. 




Nuestro sol


“Pero el Sol del alma  
no conoce ocaso  
ni tiene ayer.”  
Mevlana Rumi, Masnavi  
(traducción basada en E.H. Whinfield)


Todo en este mundo  
parece moverse hacia la noche.
La juventud envejece.  
Las flores caen.  
Las voces se apagan.


Pero hay una luz  
que no depende del tiempo.
Una presencia  
que no envejece contigo.


El alma la recuerda  
en ciertos instantes:
en el silencio,  
en la oración,  
en el amor verdadero,  
o en esa extraña nostalgia  
que aparece sin motivo.


Y aunque el cuerpo cambie…
algo dentro de ti  
sigue mirando hacia la eternidad.

Mevlana Rumi 
(Masnavi)