■ Las Siete Tierras y sus reinos según la tradición de Muḥammad ibn ʿAbd Allāh al-Kisāʾī
Muḥammad ibn ʿAbd Allāh al-Kisāʾī relata:
«…Hay siete tierras. La primera se llama Ramaka, debajo de la cual se encuentra el Viento Estéril (al-Rīḥ al-ʿAqīm), el cual no puede ser enfrenado por menos de setenta mil ángeles. Con este viento, Dios destruyó al pueblo de ʿĀd. Los habitantes de Ramaka son una nación llamada Muwashshim, sobre quienes recae un tormento perpetuo y la retribución divina.
La segunda tierra se llama Khalada, en la cual se encuentran los instrumentos de tortura para los habitantes del Infierno. Allí habita una nación llamada Tamīs, cuyo alimento es su propia carne y su bebida su propia sangre. La tercera tierra se llama Arqā, en la cual habitan águilas semejantes a mulas con colas en forma de lanzas. En cada cola hay trescientas sesenta púas venenosas. Si tan solo una púa fuera colocada sobre la faz de la tierra, el universo entero perecería. Los habitantes de esta son una nación llamada Qays, que comen tierra y beben leche materna.
La cuarta tierra se llama Harabā, en la cual habitan las serpientes del Infierno, que son tan grandes como montañas. Cada serpiente tiene colmillos como palmeras altas, y si golpearan la montaña más gigantesca con sus colmillos, esta sería nivelada hasta el suelo. Los habitantes de esta tierra son una nación llamada Jillā; no tienen ojos, manos ni pies, sino que poseen alas como murciélagos y mueren únicamente de vejez.
La quinta tierra se llama Maltham, en la cual piedras de azufre cuelgan de los cuellos de los infieles. Cuando el fuego es encendido, el combustible es colocado sobre sus pechos y las llamas saltan hacia sus rostros, tal como Él ha dicho: “Un fuego cuyo combustible son los hombres y las piedras” (Corán 2:24), y “El fuego cubrirá sus rostros” (Corán 14:50). Los habitantes son una nación llamada Ḥajlā, quienes son numerosos y se devoran unos a otros. La sexta tierra se llama Sijjīn.
Aquí están los registros de las gentes del Infierno, y sus obras son viles, tal como Él ha dicho: “En verdad, el registro de las acciones de los malvados está ciertamente en Sijjīn” (Corán 83:7). Aquí habita una nación llamada Qaṭāṭ, quienes tienen forma de aves y adoran a Dios verdaderamente. La séptima tierra se llama ʿAjībā y es la morada de Iblīs.
Allí habita una nación llamada Khaṣūm, que son negros y de baja estatura, con garras como de león. Son ellos a quienes se les dará dominio sobre Yaʾjūj y Maʾjūj (Gog y Magog), los cuales serán destruidos por ellos…»
(Traducido de Qiṣaṣ al-Anbiyāʾ — Tales of the Prophets, trad. Wheeler M. Thackston Jr., Great Books of the Islamic World, Inc. / Kazi Publications, Chicago, IL, 1997, pp. 8-9).
Reflexión contemplativa (Tafakkur) sobre la cosmografía alegórica
En el marco de la tradición sufí y el estudio de las geografías sagradas medievales, relatos como los de al-Kisāʾī en las obras de Qiṣaṣ al-Anbiyāʾ cumplan una función fundamentalmente pedagógica y simbólica:
* Morfología de los estados inferiores del ser: Las capas descritas (Sijjīn, Maltham, ʿAjībā) no se entienden únicamente como coordenadas físicas tridimensionales, sino como la cartografía de las profundidades del al-ghayb y las manifestaciones de la ira (Jalāl) divina frente a la transgresión y el egocentrismo.
* El contraste con el mundo de la adoración: Incluso en las profundidades de la sexta tierra (Sijjīn), seres como los Qaṭāṭ son descritos manteniendo una adoración pura a Allah, recordando que no existe rincón en la creación exento de la glorificación a su Creador (Corán 17:44).
* El propósito de despertar el temor reverente (Khawf): Al ilustrar los severos velos e instrumentos del castigo espiritual, estas imágenes conducen al caminante (sālik) a buscar refugio en la Misericordia Divina, purificando el corazón de la arrogancia y la negligencia (gaflah).
■ Enseñanzas del Corazón.