Oh, valiente compañero

Oh valiente compañero, sabe a ciencia cierta

que si Él te ha puesto un deber, te ha concedido asistencia.

Si la asistencia de Dios no acudiera en nuestro auxilio,

nadie tendría aliento para servir a Dios.

Ve cuál es su rango,

pues de la luna al pez,

ante Él un cabello negro es lo único que queda.

Ve cuál es su poder,

pues para manifestarlo,

de un solo cabello mil facetas te hace ver.

Ve hasta qué punto su magnificencia es soberana,

que en ella tantas almas e intelectos están en movimiento.

Ve cuál es su Majestad,

que domina al alma.

Cada uno de sus átomos

agita con cien tifones.

Ve cuál es su procedencia,

que en aquel comienzo suyo,

ningún ser lo acompañaba.

Ve cuál es la unidad suya,

que en ella un solo cabello no podría deslizarse;

y el mundo, en tal unidad,

no tiene la gravidez de un cabello.

Ve el vínculo que la mañana de los cuarenta días hizo

que su mano pusiera el cebo en la trampa.

Ve cuál es su Misericordia,

que si Iblís tuviera de ella una pizca

habría vencido a Idrís.


Farid al-Din Attar

El libro de los Secretos

Hay momentos en que el alma se pregunta: ¿Seré capaz de cumplir con lo que Dios me pide? Attar responde con una certeza que devuelve la paz al corazón: si Allah te ha confiado un deber, también ha puesto en ti la asistencia necesaria para realizarlo. Ningún acto de adoración, ninguna paciencia en la prueba, ningún paso hacia Él nace únicamente de nuestras fuerzas; todo es sostenido por Su gracia.

Por eso Attar nos invita una y otra vez a "ver". Ver Su rango, Su poder, Su majestad, Su unidad y Su misericordia. Es una llamada a cambiar la mirada. Cuando el corazón contempla la inmensidad de Allah, las montañas de nuestras preocupaciones se vuelven pequeñas, y comprendemos que el universo entero no es sino un signo de Su grandeza.

La referencia a los cuarenta días nos recuerda que la obra de Dios madura en silencio. Así como la arcilla fue preparada antes de recibir el aliento de vida, también nuestras pruebas, esperas y purificaciones forman parte de una sabiduría que muchas veces no alcanzamos a comprender. Allah no improvisa la formación del corazón; lo prepara con delicadeza para acercarlo a Él.

Y Attar culmina con la misericordia. Antes que el temor, coloca la esperanza. Antes que nuestra debilidad, nos recuerda la inmensidad de Su compasión. Quien conoce a Allah sabe que cada paso hacia Él ya estaba precedido por Su misericordia, y que incluso el deseo de buscarlo es un regalo que Él deposita en el corazón.

Que nunca olvidemos esta certeza: si el Amado nos llama, también sostiene nuestros pasos. No caminamos solos; caminamos por la fuerza de Aquel que nos creó, nos guía y nos atrae hacia Sí con infinita misericordia.

Texto: Rumi en el corazón de El Amado.