Yo soy...


«¿No te dije: “No vayas allí,
porque Yo soy quien te conoce"?.
En este espejismo de la aniquilación,
Yo soy tu fuente de Vida.

Y aunque en tu enojo
huyeras de Mí
durante un millón de años,
al final volverás a Mí,
porque Yo soy tu destino.»

Mevlana Rumi

Hay palabras de Rumi que parecen pronunciadas por el propio corazón del Amado:

"Y si en enojo durante un millón de años huiste de Mí, al final volverás a Mí, porque Yo soy tu destino."

¡Qué inmensa es la paciencia de Allah! Él conoce nuestras distracciones, nuestras caídas y nuestras demoras. Sabe cuántas veces el corazón se deja seducir por los espejismos del mundo y, aun así, no deja de llamarlo con infinita misericordia.

Fuimos creados para adorarlo, pero esa adoración no nace de un Dios que necesite ser alabado. Allah no necesita nada de Su creación; somos nosotros quienes necesitamos volver a Él. La adoración es el regalo que nos devuelve a nuestro origen, la puerta por la que el corazón encuentra la paz para la que fue creado.

Con el paso del tiempo, el siervo descubre que la adoración deja de ser un deber para convertirse en intimidad. Cada oración, cada recuerdo de Dios, cada instante de gratitud y cada acto de amor sincero van tejiendo una amistad con el Amado. Y toda amistad verdadera necesita tiempo, presencia, dedicación, atención e intención. No florece en un solo día; crece con cada encuentro sincero.

La paciencia de Allah es, en realidad, una manifestación de Su misericordia. Él espera el regreso del corazón sin cerrar jamás la puerta del arrepentimiento. Incluso cuando el hombre se aleja, el Amado continúa aguardándolo con infinita ternura, esperando el momento en que vuelva su rostro hacia Él.

Quizá por eso Rumi pone estas palabras en labios del Amado. No para que confiemos en nuestras fuerzas, sino para que confiemos en la infinita belleza de Aquel que nunca deja de llamarnos. Porque al final, el verdadero destino del corazón no es este mundo, sino el encuentro con Dios, el Amado, cuya misericordia precede siempre a nuestro regreso.

Rumi en el corazón de El Amado.