■ Una hermosa historia sobre el Dhikr
En su libro sobre las nobles virtudes y cualidades del Imām Aḥmad ibn Ḥanbal (que Allah tenga misericordia de él), Ibn al-Jawzī relata:
El Imām había viajado, realizó la oración en una mezquita y deseaba quedarse allí a pasar la noche. El encargado de la mezquita se le acercó y le dijo:
—Debes abandonar la mezquita.
—¡Pero hermano mío, no tengo adónde ir!
—Tienes que salir; está prohibido dormir adentro.
—Pero hermano mío...
—¡Debes salir!
Así, el Imām abandonó la mezquita y comenzó a mirar a su alrededor, sin saber a dónde ir. Se sentó afuera, en el umbral. El encargado vino a cerrar la puerta y, al ver al Imām en el umbral, le ordenó marcharse de nuevo:
—¡Pero hermano mío, no tengo adónde ir!
—¡No te quedes aquí, debes irte!
El encargado aún no sabía que ese hombre era el Imām Aḥmad ibn Ḥanbal. Con brusquedad, tomó al Imām por el pie y lo arrastró hasta el medio de la calle. El Imām Aḥmad quedó perplejo ante semejante comportamiento: ¡era la primera vez que alguien lo trataba así! Estaba reflexionando sobre a dónde podría ir cuando vio la panadería de enfrente. El panadero, habiendo visto al Shaykh en medio de la calle, lo llamó:
—Oh Shaykh, ven, puedes dormir en mi panadería.
El Imām Ibn Ḥanbal entró en la panadería y se sentó. Notó que el panadero recitaba continuamente el dhikr mientras amasaba, formaba las bolas de masa y las metía en el horno. Repetía sin cesar: «Astaghfirullāh, Subḥānallāhi wa biḥamdihi, Subḥānallāhi al-ʿAẓīm, Lā ilāha illallāh», y así sucesivamente. El Imām le preguntó:
—¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto?
—¿Haciendo qué?
—Me refiero al dhikr que recitas constantemente.
—Ah, llevo así desde hace años: ¡en lugar de permanecer en silencio, hago dhikr!
—¿Y no te cansas?
—¡No, me he acostumbrado!
—¿Y qué clase de bendiciones has encontrado en tu vida por mencionar tanto a Allah? ¿Acaso el acto de recordar a Allah, venerarlo y glorificarlo deja un impacto en tu vida?
—¡Cada vez que le he pedido algo a Allah, Él me lo ha concedido!
—¡Subḥānallāh! ¡Cada vez que le has pedido algo a Allah, Él te lo ha concedido!
—Sí, ¡lo juro! Cada vez que Le he pedido algo, me lo ha concedido, excepto una sola petición que todavía estoy esperando.
—¿Y cuál es esa petición?
—¡Le pedí que me concediera la oportunidad de ver a Aḥmad ibn Ḥanbal!
Entonces, el Imām Aḥmad ibn Ḥanbal le dijo:
—¡Allah acaba de responder a tu oración! Yo soy Aḥmad ibn Ḥanbal, y fui arrastrado por los pies hasta tu panadería. De hecho, ¡fueron tus súplicas las que hicieron que me expulsaran de la mezquita!
«Y a quien teme a Allah, Él le dará una salida y le proveerá desde donde no lo espera. Y quien confía en Allah, Él le basta.»
(Glorioso Corán, 65:2–3)
■ Enseñanzas del Corazón.
