■ Embriaguez, éxtasis y unión entre la élite del camino espiritual (Parte 1/2)
Entre los temas más sutiles en la literatura de la espiritualidad islámica (taṣawwuf) se halla el lenguaje de la embriaguez (sukr), el éxtasis (wajd), la intimidad (uns), la cercanía Divina (qurb) y la unión o consecución (wiṣāl).
Los grandes maestros sufíes emplearon con frecuencia la imaginería del vino, las copas, el acto de beber, la sed, la embriaguez y la sobriedad (ṣaḥw), no para propugnar la intoxicación física, sino para expresar realidades del corazón que el lenguaje ordinario difícilmente puede contener.
El «vino» de los amantes no es vino de uvas. Es el vino metafórico del Amor Divino, la remembranza (dhikr), la develación (kashf) y la proximidad.
▪︎ Tal como expresa una sentencia atribuida a Sayyidunā el Imām ʿAlī (que Allah Todopoderoso ennoblezca su bendito rostro):
«En verdad, Dios posee copas en el mundo; da de beber de ellas a Sus siervos creyentes.»
La copa es el corazón; la bebida es un don Divino; y la embriaguez es el efecto avasallador de la realización espiritual sobre la conciencia del siervo.
Esta imaginería no debe comprenderse de forma literal. Allah Todopoderoso no se convierte en una sustancia que el siervo consuma, ni el siervo se fusiona ontológicamente con la Esencia Divina (Dhāt). Más bien, el corazón recibe los efectos del Amor Divino, el conocimiento (maʿrifah), la misericordia y la proximidad según su capacidad.
▪︎ El Corán establece el fundamento para el lenguaje del gusto espiritual (dhawq):
«Y su Señor les dará una bebida pura.»
(Glorioso Corán, 76:21)
▪︎ Y en otro pasaje:
«¿Acaso no es con el recuerdo de Allah con lo que se tranquilizan los corazones?»
(Glorioso Corán, 13:28)
La copa del Amor Divino
La metáfora mística de la copa aparece reiteradamente en la literatura sufí. El corazón se concibe como un recipiente. Si está colmado del amor al mundo (dunyā), del apego al ego (nafs), del orgullo, la envidia y la negligencia (ghaflah), apenas resta espacio para la realización espiritual.
Sin embargo, cuando el corazón es purificado mediante el arrepentimiento (tawbah), la remembranza (dhikr), la sinceridad (iḵlāṣ), la adoración, el servicio y la lucha espiritual (mujāhadah), se vuelve apto para recibir los dones Divinos. Por ello, los maestros sufíes hablan del corazón como un espejo que debe ser pulido.
La copa no fabrica el vino; simplemente se vuelve capaz de contenerlo. Del mismo modo, el buscador no origina el Amor Divino, sino que se dispone para recibir la gracia (faḍl) de Allah Todopoderoso.
El vino de los amantes
Entre las expresiones más célebres de este simbolismo místico se encuentra la atribuida al Sheij Manṣūr al-Ḥallāj (que Allah Todopoderoso santifique su secreto):
«Bebí una bebida de una copa que las aguas de los océanos no podrían llenar. Permanecí embriagado durante mil años, y aún continúo embriagado.»
Esta declaración es característica del lenguaje del sufismo extático. El océano representa la capacidad entera de la creación. La copa representa el corazón del amante. La bebida representa el Amor Divino. El significado radica en que ningún placer creado puede satisfacer al corazón una vez que ha probado la dulzura del conocimiento íntimo de Allah Todopoderoso.
El mundo puede ofrecer innumerables deleites, pero ninguno puede saciar permanentemente a un corazón cuyo anhelo más profundo se ha vuelto Divino. Los «mil años» no constituyen una medición cronológica; pertenecen al lenguaje de la atemporalidad mística: el amante describe una embriaguez cuya realidad no se rige por las magnitudes mundanas ordinarias.
El Sheij Ibn ʿArabī y el vino sin uvas
El Sheij Muḥyī al-Dīn Ibn ʿArabī (que Allah Todopoderoso santifique su secreto) empleó un simbolismo igualmente profundo respecto al vino y al amor. Describe el vino místico como:
«Un vino sin uva, prensado del significado del amor mismo, que se desborda en las copas de los corazones de la élite.»
Esta expresión sintetiza uno de los principios centrales de la poesía mística: el vino carece de origen físico. Es «prensado» del amor mismo. La uva ha desaparecido; el viñedo ha desaparecido; la copa física ha desaparecido. Lo que permanece es el significado (maʿnā).
Por lo tanto, la metáfora señala más allá de la experiencia sensorial, hacia la realidad interior del amor (maḥabbah). El corazón del amante se convierte en el cáliz, el amor en el vino, la remembranza en el acto de beber y la cercanía Divina en la dulzura.
La naturaleza de Sukr: La embriaguez espiritual
La palabra árabe sukr significa literalmente embriaguez. En la terminología sufí, designa un estado en el que la intensidad de la experiencia espiritual desborda la conciencia ordinaria del yo. Los maestros contrapusieron habitualmente el sukr con el ṣaḥw (la sobriedad espiritual).
Sukr es el estado abrumador.
Ṣaḥw es el retorno al equilibrio y a la conciencia ordinaria.
El gran maestro sufí, el Imām al-Junayd al-Baghdādī (que Allah Todopoderoso santifique su secreto), está asociado con la escuela sobria de Bagdad, la cual insistía en que la realización mística nunca podía excusar el abandono del Corán y la Sunnah.
▪︎ Una sentencia atribuida a él expresa este significado:
«El sukr es la pérdida de la conciencia del propio yo bajo el dominio del Real (al-Ḥaqq).»
La expresión «pérdida del yo» requiere una interpretación precisa. No significa que el ser humano cese de existir o se absorba literalmente en Allah Todopoderoso. Más bien, lo que desaparece es la pretensión de independencia por parte del ego. El siervo deja de verse a sí mismo como una fuente autónoma de poder, conocimiento o existencia. Esto se halla estrechamente vinculado con el concepto de fanāʾ: la aniquilación de las pretensiones egóicas.
Tres dimensiones de la embriaguez
La tradición mística suele describirse a través de tres formas complementarias de embriaguez espiritual:
Embriaguez del Espíritu (Sukr al-Arwāḥ): Es el efecto avasallador de la iluminación Divina sobre la conciencia espiritual. El buscador queda tan absorto en la remembranza y en la contemplación que las preocupaciones mundanas pierden temporalmente su intensidad. El corazón saborea algo superior a los atractivos de la creación.
Embriaguez del Amor (Sukr al-Maḥabbah): Aquí el amante es desbordado por el anhelo (shawq) hacia Allah Todopoderoso. El Corán establece este principio:
«Pero los creyentes son más fuertes en el amor a Allah.» (Glorioso Corán, 2:165) La jerarquía de valores del amante se transforma. Las cosas mundanas pueden permanecer en sus manos, pero ya no ocupan el trono de su corazón.
Embriaguez de la Consecución (Sukr al-Wiṣāl): El término wiṣāl sugiere llegada, conexión o logro. En la literatura mística, describe la vivencia de hallar aquello que el buscador pasó la vida buscando. Sin embargo, debe entenderse con rigor: el siervo no se convierte en Allah Todopoderoso, ni la creación se funde en el Creador. Más bien, wiṣāl significa la consumación del amor, la realización espiritual, la intimidad y la cercanía.
El éxtasis (Wajd)
Estrechamente relacionado con el sukr se halla el wajd, traducido habitualmente como éxtasis. La palabra deriva de una raíz asociada con «hallar» o «encontrar». El místico experimenta el hallazgo de algo profundo en el centro del corazón. Un versículo del Corán puede penetrar repentinamente con mayor profundidad; un Nombre Divino puede despertar una ternura extraordinaria; el dhikr puede producir un amor abrumador; la contemplación puede suscitar lágrimas; y el corazón puede experimentar un gozo inefable. Esto es wajd.
No obstante, los sufíes enfatizan que la experiencia en sí misma no es la meta. Un buscador que se apega al éxtasis puede convertir involuntariamente el estado en un ídolo. El verdadero buscador no dice: «Busco el éxtasis», sino: «Busco a Allah Todopoderoso».
Ṭarab: El gozo de la cercanía
Otra expresión empleada es ṭarab, que denota un gozo intenso, deleite o regocijo emocional. La tradición sufí utiliza dicho término para describir al corazón cuando es alcanzado por el Amor Divino.
▪︎ Una enseñanza atribuida al Sheij Abū al-Ḥasan al-Shādhilī (que Allah Todopoderoso santifique su secreto) expresa esta realidad:
«Cuando la copa del amor de Dios es ofrecida al siervo, los cielos y la tierra no pueden contener la alegría que colma su ser.»
Nuevamente, esto debe comprenderse como una metáfora mística antes que como una descripción cosmológica literal. Los cielos y la tierra simbolizan la inmensa capacidad de la creación; el gozo del Amor Divino se retrata superando las limitaciones ordinarias del corazón.
Y Allah Todopoderoso sabe más.
■ Enseñanzas del Corazón.