■ «Ciertamente, la muerte retirará el velo... ¿pero de qué servirá entonces?»
El Glorioso Corán nos recuerda esta verdad sobrecogedora:
«Ciertamente estabas en la negligencia (ghaflah) respecto a esto; pero hemos retirado tu velo, y hoy tu vista es aguda.»
(Sūrat Qāf, 50:22)
En el instante de la muerte, los velos de la ilusión se levantan de golpe. La Realidad (al-Ḥaqq) se vuelve inconfundiblemente clara, sin espacio para la duda ni la distracción.
Pero entonces emerge la pregunta más seria y penetrante:
¿De qué sirve la claridad si llega cuando la oportunidad de transformar el corazón ya ha pasado?
Esta es la razón por la cual los conocedores de Dios (ʿārifūn) en la tradición del sufismo (taṣawwuf) han hecho eco ininterrumpidamente de la máxima clásica:
«Muere antes de morir.»
(Mātū qabla an tamūtū)
La muerte voluntaria del ego
Esta invitación no es una llamada a la muerte física ni al abandono de las responsabilidades en el mundo.
Es la llamada a la muerte voluntaria del ego (al-mawt al-ikhtiyārī):
Que el ego (nafs) muera a sus pretensiones de independencia.
Que la ilusión de la separación y la autosuficiencia se disuelva.
Que el apego desmedido a las apariencias efímeras del mundo (dunyā) se desvanece.
Que el falso sentido del «yo» rinda sus armas ante la Majestad Divina.
Todo esto mientras la vida aún nos otorga el soplo, la salud y la oportunidad de despertar.
El retiro del velo a través de la Conciencia
«Morir antes de morir» significa permitir que el velo caiga por elección e introspección, antes de que la muerte física lo retire por estricta necesidad.
Entonces la vida misma se transfigura en la presencia de la Otra Vida (Ākhirah) en la conciencia.
El velo ya no es rasgado por el trance de la muerte, sino disuelto por la Atención Plena y el Recuerdo (Dhikr / Murāqabah).
El yo ya no es quebrantado por la fuerza inevitable del fin, sino entregado voluntariamente en Amor y Servidumbre (ʿUbūdiyyah).
La Realidad ya no es pospuesta hasta la tumba, sino reconocida y vivida aquí y ahora.
La muerte terrenal retirará indefectiblemente cada velo.
Dichosos y benditos aquellos que, por la gracia de su Señor, lo retiran antes de que llegue la muerte.
«Muere antes de morir.»
■ Enseñanzas del Corazón.
