■ Entre el número y la Gracia Divina: ¿Por qué algunos emergen de su Wird tal como entraron, mientras otros nacen de nuevo?
Muchas personas imaginan que, una vez completada su cuota diaria (wird) de súplicas, remembranzas y glorificaciones, han cumplido con lo que se les exigía y quedan libres de su obligación hasta la llegada del siguiente horario.
Esta suposición constituye uno de los mayores velos entre el siervo y la realidad de la remembranza (ḥaqīqat al-dhikr), y una de las estratagemas más sutiles con las que el adversario seduce a la gente del corazón. Los hace correr tras el cómputo numérico como si la mera contabilidad fuera la carrera hacia Allah Todopoderoso, haciéndoles olvidar que el valor no reside en cuántas veces se recuerda, sino en cuán presente se permanece.
La realidad del dhikr no consiste en vaciar la cuota diaria para luego regresar al resto de la jornada como si nada hubiese ocurrido. Al contrario, el wird debe ser el inicio de un despertar sin fin: una apertura a través de la cual la conversación con Allah (munājāh) se transforme en la puerta hacia un sosiego (sakīnah) que fluya por cada miembro de tu ser.
Quien imagina que completar el número es el destino final de la travesía se asemeja a un hombre que lee la prescripción del medicamento pero jamás lo ingiere, o a quien adquiere un pasaje pero nunca aborda el transporte. El wird es la medicina que, al llevarse de la recitación a la acción, sana el alma; y es el billete que, al ser utilizado con presencia, conduce a la Meta. ¿Cómo puede una persona de razón contentarse con permanecer en el umbral sin ingresar, o llevar consigo la medicina sin probar una sola gota?
El Profeta ﷺ señaló este secreto cuando declaró que el mejor recuerdo es «Lā ilāha illā Allāh»; no dijo que fuera el más abundante en número. Pues la excelencia radica en la cualidad (kayfiyyah), no en la cantidad (kammiyyah); en la sinceridad (iḵlāṣ), no en las cifras; en la presencia del corazón (ḥuḍūr al-qalb), no en la repetición mecánica.
El mejor dhikr es, por ende, aquel que emana de un corazón veraz (ṣādiq) en lugar de una lengua desatenta (ghāfilah), y que se transforma dentro de quien lo pronuncia en una luz con la cual camina sobre la tierra. En cuanto a la remembranza que procede de una lengua que no comprende el significado y de un corazón que no experimenta la Presencia, por elevado que sea su número, no es más que una cáscara sin grano y una forma desprovista de espíritu.
La prueba del estado tras el Wird
Quizá alguien se pregunte: ¿cuál es la diferencia entre quien recita su wird con un corazón presente y quien lo recita con un corazón distraído?
La respuesta es que el primero emerge de su wird como si hubiera nacido de nuevo. Halla luz (nūr) en su corazón, expansión (inshirāḥ) en su espíritu y bendición (barakah) en su vida. El segundo emerge exactamente tal como entró: sin transformación en su corazón, sin claridad en su visión interior (baṣīrah) y sin diferencia entre lo que era antes del wird y lo que es después.
Esta es la diferencia entre el devoto a quien la remembranza le otorga vida espiritual y el devoto a quien su práctica mecánica únicamente le acrecienta la distancia (buʿd).
Es también una forma de negligencia (ghaflah) que algunos buscadores, cuando omiten su wird un día, sientan culpa, pero cuando lo completan, experimenten alivio como si el sosiego proviriese de agotar el número y no de la Complacencia del Misericordioso.
Han olvidado que Allah es Absolutamente Independiente (al-Ghanī) de Sus siervos y de sus glorificaciones. Es el siervo mismo quien necesita la remembranza. La necesita para que su corazón sea purificado (tazkiyah) y sus asuntos sean rectificados (istiqāmah). Si se levanta de su wird exactamente como se aproximó a él, es como si verdaderamente no hubiera recordado. Si concluye su glorificación sin haber glorificado a Allah desde el centro de su corazón, es como si jamás Le hubiera alabado.
Si deseas un signo por el cual saber si tu wird ha sido aceptado (maqbūl), observa tu estado (ḥāl) tras la recitación:
▪︎ ¿Sentiste un sosiego (sakīnah) que envolvió tu corazón?
▪︎ ¿Sentiste una luz (nūr) ingresando en tu interior?
▪︎ ¿Experimentaste un deseo renovado de obediencia que te impulsó hacia el bien?
▪︎ ¿Hallaste en tu ser una aversión hacia la falta que te protegió de ella?
Si encuentras algo de esto en ti mismo, sabe que has tocado la realidad del camino. Pero si no hallas nada de ello, sabe que has aportado el movimiento de la lengua sin traer la vida del alma; has presentado el número sin recibir el madad (el auxilio y la gracia espiritual Divina).
La costumbre de los conocedores (ʿĀrifūn)
Los piadosos predecesores (al-Salaf al-Ṣāliḥ) temían que sus obras no fueran aceptadas aun cuando las hubieran realizado con devoción y humildad. ¿Cómo puede entonces alguien alejarse de su wird plenamente confiado en que ha cumplido con todo lo requerido, cuando ignora si ha descuidado una de sus condiciones ocultas, cuya realidad es conocida solo por Allah Todopoderoso?
Por ello, la vía de la gente de la gnosis (Ahl al-Maʿrifah) consistía en esforzarse intensamente en la obediencia (mujāhadah) y, al mismo tiempo, albergar el temor reverencial de que sus acciones no fueran aceptadas, permaneciendo siempre entre el temor (khawf) y la esperanza (rajāʾ), tal como su Señor les ordenó.
Entre las mayores desviaciones que corrompen el wird del siervo está imaginar que la práctica concluye cuando cesa el movimiento de la lengua. Permanece confinado dentro de los límites de las letras y no avanza hacia las luces contenidas en sus significados. Luego se vuelve hacia el resto de su día como si hubiera completado una tarea administrativa, en lugar de haber estado en comunicación íntima (munājāh) con el Señor de los mundos.
Ha olvidado que la mayor remembranza es aquella que permanece presente con cada respiración. Algunos de los sabios solían decir que cuando hablaban, su palabra era recuerdo; cuando contemplaban, su mirada era reflexión (iʿtibār); y cuando guardaban silencio, su quietud era contemplación (fikr).
▪︎ Esta es la remembranza a la que alude el mandato coránico:
«Recordad a Allah con un recuerdo abundante.»
(Glorioso Corán, 33:41)
No se trata de un recuerdo confinado a un período delimitado para luego ser abandonado.
De esto comprendemos el error de quien cree que el wird diario es el término de la travesía. No ha cumplido con lo que se le exige; más bien, ni siquiera ha comenzado a cumplirlo. Lo que se requiere de él es ser una persona de remembranza en todo instante, que su corazón permanezca apegado a Allah en todo momento, y que su vida entera se transforme en un wird continuo que ni cesa ni se interrumpe.
¿Por qué habríamos de contentarnos con ser siervos de Allah durante una hora y siervos del mundo durante el resto del día, como si Allah no fuera Aquel que merece ser recordado en cada instante?
Sabe que aquel a quien la remembranza le otorga vida es la persona cuyo wird no concluye cuando se alcanza la cifra. Por el contrario, se extiende posteriormente a través de la Luz Divina: su corazón permanece purificado, su rostro iluminado, su palabra dulce, su carácter noble y su alma tranquila.
▪︎ Estos son los frutos de la remembranza a los que Allah se refiere cuando dice:
«Aquellos que creen y cuyos corazones encuentran tranquilidad en el recuerdo de Allah. ¿Acaso no es con el recuerdo de Allah con lo que se tranquilizan los corazones?»
(Glorioso Corán, 13:28)
Quien halla su corazón sereno tras la remembranza ha ingresado por su puerta. Pero quien permanece interiormente turbado debe saber que meramente ha permanecido ante la entrada sin tocar.
Pida, pues, a Allah Todopoderoso que le abra la realidad del recuerdo y no solo su forma externa; y que le otorgue presencia con Él en lugar de distracción.
Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.
■ Enseñanzas del Corazón.