■ Embriaguez, éxtasis y unión entre la élite del camino espiritual (Parte 2/2)
La bebida de los amantes
▪︎ Sentencia atribuida a Sayyidunā al-Ghawth al-Aʿẓam Shaykh ʿAbd al-Qādir al-Jīlānī (que Allah Todopoderoso santifique su secreto):
«Existe una bebida que fluye desde el Trono (ʿArsh) hacia los corazones de los amantes; quien la prueba jamás vuelve a tener sed de nada más.»
El lenguaje ilustra la comprensión sufí de la plenitud espiritual: el amante puede poseer el mundo sin ser poseído por él, disfrutar de las bendiciones sin adorar las bendiciones, y amar a la creación sin anteponerla al Creador. La sed del corazón es una sed que las cosas creadas no pueden saciar de manera permanente.
La «bebida» representa, por ende, una plenitud interior más profunda: la complacencia (ridā), el amor (maḥabbah), la intimidad (uns) y la cercanía (qurb).
Uns: La intimidad con Allah Todopoderoso
Una de las estaciones más nobles descritas por los maestros es el uns (la intimidad dichosa y la familiaridad espiritual). Al principio del camino, la soledad puede sentirse como aislamiento; pero a medida que el recuerdo (dhikr) se profundiza, la soledad se transforma en compañía Divina:
El silencio se vuelve dhikr.
La noche se vuelve intimidad.
La oración (ṣalāt) se vuelve encuentro.
El corazón experimenta el significado del verso:
«Recordadme, que Yo os recordaré.»
(Glorioso Corán, 2:152)
No se trata de una compañía física, sino de la conciencia profunda del siervo respecto a la remembranza, la misericordia y la cercanía Divinas.
Qurb: La cercanía Divina
El concepto de qurb trasciende el espacio físico, pues Allah Todopoderoso no está contenido dentro de la creación ni unido espacialmente al siervo.
▪︎ El Corán declara:
«No hay nada semejante a Él.»
(Glorioso Corán, 42:11)
▪︎ Y dice Allah Todopoderoso:
«Estamos más cerca de él que su propia vena yugular.»
(Glorioso Corán, 50:16)
Por lo tanto, la cercanía en el taṣawwuf es una cercanía de conocimiento, misericordia, poder, amparo y realización espiritual. Lo que cambia en el itinerario del siervo no es la proximidad de Allah Todopoderoso, sino la lucidez y conciencia del siervo respecto a ella.
Éxtasis y consecución (Wajd y Wiṣāl)
La distinción entre el éxtasis (wajd) y la consecución o unión (wiṣāl) es fundamental:
El éxtasis (wajd): Es una experiencia o estado transitorio que puede descender repentinamente durante la oración, la recitación o el dhikr, y luego retirarse.
La consecución (wiṣāl): En el vocabulario poético de los sufíes, es la realización permanente de que el verdadero objeto de búsqueda del corazón nunca fue una posesión terrenal, ni una sensación extática, ni un fenómeno místico, sino únicamente Allah Todopoderoso.
Fanāʾ: La disolución de las pretensiones egóicas
En esta etapa, el término fanāʾ resulta esencial. No implica la destrucción física u ontológica del individuo, sino la disolución de las afirmaciones del ego (nafs): «Soy independiente», «Poseo», «He alcanzado», «Sé», «Soy superior».
Estas pretensiones desaparecen para dar paso a la servidumbre pura (ʿubūdiyyah):
«Allah Todopoderoso es Quien otorga.»
«Allah Todopoderoso es de Quien dependo.»
«Todo conocimiento es un don Suyo.»
A mayor avance del buscador, menores son sus pretensiones personales: el signo indiscutible de la realización auténtica es la humildad (tawāḍuʿ).
La paradoja de Sukr y Ṣaḥw
La tradición sufí madura no glorifica la embriaguez espiritual de forma aislada. Reconoce una paradoja clave:
La embriaguez (sukr) sin sobriedad (ṣaḥw) puede conducir a la inestabilidad.
La sobriedad sin amor puede volverse sequedad espiritual.
La perfección radica en la integración de ambas (al-jamʿ bayna al-sukr wa-l-ṣaḥw).
El buscador puede estar embriagado de Amor Divino mientras permanece sobrio y riguroso en los deberes de la Sharīʿah. Solloza en el dhikr y luego cumple sus responsabilidades sociales y familiares con excelencia.
El criterio de los frutos espirituales
Toda experiencia mística se juzga por sus frutos:
Si produce: orgullo, desprecio por la Ley Sagrada, abandono de las obligaciones o pretensiones de superioridad, no proviene de la guía recta.
Si produce: humildad, arrepentimiento (tawbah), misericordia, sinceridad (iḵlāṣ), paciencia y constancia en la adoración, sus frutos atestiguan su autenticidad.
El Profeta ﷺ y el secreto de la intimidad
▪︎ En la literatura sufí circula la célebre expresión:
«Tengo un momento con mi Señor en el que no me abarca ni ángel allegado ni profeta enviado.»
(Nota: Aunque es frecuentemente citada para ilustrar la estación de intimidad espiritual, los sabios del Hadiz han analizado sus cadenas de transmisión, señalando su condición de dicho tradicional en los círculos contemplativos más que como un hadiz profético autenticado).
Para el Profeta Muḥammad ﷺ, su estación es única e incomparable. Para los santos (awliyāʾ), la intimidad espiritual es siempre la relación de un siervo (ʿabd) con su Señor (Rabb): la distinción entre Creador y creación nunca se abole.
La copa en tu corazón
Comprende el simbolismo, oh buscador:
La copa es el corazón.
El arrepentimiento (tawbah) la limpia.
El dhikr la pule.
La sinceridad (iḵlāṣ) la purifica.
El amor (maḥabbah) la llena.
El conocimiento (maʿrifah) la ilumina.
La humildad (tawāḍuʿ) la protege.
La Misericordia Divina la hace desbordar.
No busques la copa únicamente por la dulzura de beber: busca a Aquel que otorga la bebida. No te apegues a los estados espirituales (aḥwāl), sino al Señor de todos los estados.
La embriaguez superior
El significado más profundo de la embriaguez mística no es la pérdida de la conciencia, sino la pérdida de la negligencia (ghaflah). El amante se «embriaga» con el recuerdo mientras permanece sobrio en la obediencia.
Experimenta el fanāʾ del ego y descubre el baqāʾ (la subsistencia) en la servidumbre.
La copa: el corazón.
El vino: el Amor Divino.
El beber: la remembranza.
La embriaguez: la conciencia abrumadora de la Presencia.
La sobriedad: la obediencia estricta a la Ley.
El éxtasis: el wajd.
La intimidad: el uns.
La cercanía: el qurb.
La aniquilación: el fanāʾ del ego.
El fruto perdurable: la servidumbre (ʿubūdiyyah).
El amante perfeccionado no abandona el mundo: simplemente retira al mundo del trono que solo pertenece a Allah Todopoderoso. Cuanto más desaparece a sus propios ojos, más claramente contempla su necesidad absoluta de Allah.
Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.
■ Enseñanzas del Corazón.