■ Observa el atestiguar
No lo busques.
No le pongas nombre.
No lo imagines.
Solo observa el atestiguar...
No luches contra la mente.
No sigas a la mente.
Solo observa lo que está sucediendo —incluida la mente.
En el momento en que el buscador deja de buscar al Observador, el esfuerzo se disuelve. No hay entidad que capturar, ni concepto que sostener, ni forma que construir.
Lo que permanece es simplemente la radiancia silenciosa e increada de la Presencia (Ḥuḍūr): iluminando el surgir y desaparecer de cada pensamiento, cada sensación, cada respiración.
Sin apegarse.
Sin rechazar.
Solo la claridad pura y silenciosa del Ser.
■ Enseñanzas del Corazón.