La fragancia del amor en los jardines de los conocedores

 


La fragancia del amor en los jardines de los conocedores

Saborea la dulzura del Amor Divino en los jardines de aquellos que verdaderamente conocen a Allah Todopoderoso.

Entre las flores más fragantes que florecen dentro de estos jardines sagrados se encuentra la vida del gran asceta y santo (walī), Bishr ibn al-Ḥārith al-Ḥāfī (que Allah Todopoderoso santifique su secreto), un hombre que una vez vagó por los valles de la negligencia (ghaflah) antes de convertirse en una lámpara radiante para generaciones de buscadores.

Antes de su arrepentimiento, Bishr vivió una vida sumergida en las atracciones efímeras del mundo. Residiendo en Bagdad entre sus ciudadanos opulentos, disfrutaba de riquezas, lujos, entretenimiento, bebida, juegos de azar y toda forma de indulgencia mundana.

Exteriormente poseía comodidad y estatus, pero interiormente su corazón permanecía velado de su verdadero Amado.

Entonces llegó la hora destinada para su despertar: el instante en que la mirada Divina se posa sobre un siervo y transforma toda una vida.

Un día, mientras caminaba por las calles de Bagdad, Bishr notó un trozo de papel tirado en el suelo bajo los pies de los transeúntes. Al levantarlo, descubrió que llevaba inscritas las benditas palabras:

«Bismillāhi al-Raḥmāni al-Raḥīm»

(En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso)

Su corazón tembló de reverencia y exclamó:

«¡Oh Señor mío! ¿Ha sido Tu Nombre Más Bendito arrojado al polvo bajo los pies de los desatentos?»

Incapaz de soportar tal falta de respeto, compró un fino perfume, perfumó delicadamente el papel y lo colocó en un nicho protegido dentro de su hogar para que ya no fuera deshonrado.

Esa misma noche tuvo una visión mientras dormía. Una voz se dirigió a él:

«Oh Bishr ibn al-Ḥārith, porque honraste Mi Nombre sobre la tierra, Yo honraré tu nombre en este mundo y en el Más Allá.»

Así comenzó el primer impulso de su transformación espiritual. Sin embargo, el momento decisivo de su arrepentimiento llegó poco después.

Un día, el Imām Mūsā al-Kāẓim (la paz sea con él), noble hijo del Imām Jaʿfar al-Ṣādiq (la paz sea con él) y descendiente del Imām al-Ḥusayn (la paz sea con él), pasó cerca de la residencia de Bishr. Desde el interior de la casa surgían sonidos de música, risas y jolgorio mundano.

Cuando una sirvienta salió para tirar algunos desperdicios, el Imām Mūsā le preguntó con dulzura:

«¿El dueño de esta casa es un hombre libre o un esclavo?»

Sorprendida por la pregunta, ella respondió:

«Es un hombre libre.»

El Imām contestó:

«Has dicho la verdad. Si fuera verdaderamente un esclavo, temería a su Señor.»

Con esas pocas palabras, continuó tranquilamente su camino. Cuando la sirvienta le relató la conversación a Bishr, las palabras atravesaron su corazón como una flecha de Misericordia Divina.

«Si fuera verdaderamente un esclavo, temería a su Señor.»

Su alma se conmovió hasta los cimientos. Abrumado por el remordimiento, se levantó de inmediato, abandonando todo a su alrededor. Olvidando incluso sus sandalias, corrió descalzo por las calles en busca del Imām. Cuando finalmente lo alcanzó, le suplicó:

«Por favor, repite lo que dijiste.»

Al escuchar las palabras una vez más, Bishr se derrumbó en lágrimas y clamó:

«¡No! No soy libre. ¡Soy el esclavo de mi Señor!»

Desde aquel día en adelante, nunca volvió a usar calzado. Cuando se le preguntaba sobre esta práctica, respondía:

«Fue estando descalzo cuando mi Señor me reconcilió Consigo mismo. Me da vergüenza usar calzado después de eso.»

Así, el hombre de indulgencia se convirtió en el hombre de renuncia (zuhd).

El amante de los placeres mundanos se convirtió en uno de los mayores amantes de Allah Todopoderoso.

El negligente se convirtió en uno de los más vigilantes (murāqibūn).

El bebedor se convirtió en un asceta cuya remembranza ablandó innumerables corazones.

Aunque caminaba descalzo sobre la tierra, su corazón viajaba a través de los jardines de la Cercanía Divina. Abandonó los palacios de los placeres efímeros a cambio de la fragancia eterna de la intimidad con Allah Todopoderoso.

Sus sermones fueron pocos, pero su estado espiritual (ḥāl) se convirtió en una lección perdurable. Su vida sigue siendo uno de los testimonios más hermosos del Islam sobre el poder transformador del arrepentimiento sincero (tawbah naṣūḥ). Ningún siervo está fuera de la Misericordia de Allah Todopoderoso, y ningún corazón está demasiado distante como para no ser iluminado por un solo instante de Gracia Divina.

▪︎ El Imām Abū Ḥāmid al-Ghazālī (que Allah Todopoderoso tenga misericordia de él) observó hermosamente:

«La herida que te devuelve a Allah es mejor que la bendición que te hace olvidarlo.»

▪︎ El Sheij Dhū al-Nūn al-Miṣrī (que Allah Todopoderoso santifique su secreto) dijo:

«La señal de quien ama a Allah es que todo lo demás aparte de Él se vuelve insignificante ante sus ojos.»

▪︎ El Sheij al-Junayd al-Baghdādī (que Allah Todopoderoso santifique su secreto) señaló:

«El arrepentimiento consiste en olvidar el pecado debido a la grandeza de Aquel a quien has regresado.»

La vida de Bishr al-Ḥāfī encarna bellamente estas profundas realidades. Su corazón fue despertado por la reverencia al Nombre Divino y completado por una sola frase pronunciada por un siervo virtuoso de Allah Todopoderoso.

Tal es la misteriosa fragancia del Amor Divino: una sola mirada, una sola palabra, un solo versículo o un solo instante sincero pueden transformar un destino entero.

Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.

Enseñanzas del Corazón.