■ El anhelo de las almas y la nostalgia de los buscadores
Entre las realidades más profundas analizadas por los maestros de la espiritualidad islámica se encuentra que cada ser humano lleva en lo más hondo de su alma un anhelo sutil que ninguna posesión terrenal puede satisfacer. Es una nostalgia que no se explica por el deseo material, pues es el recuerdo de la propia alma de su propósito primordial y su inclinación perpetua hacia su Creador, Allah Todopoderoso.
Cuando el alma fue encomendada a la vida en este reino terrenal, ingresó a un mundo de formas físicas, limitaciones y distracciones constantes. Velada por el cuerpo y ocupada por las exigencias de la existencia terrenal, se distanció de la pureza para la cual fue creada. Este distanciamiento no es una separación de Allah Todopoderoso —quien jamás está ausente de Su creación—, sino más bien una distancia experimentada a través de la negligencia (ghaflah), el apego al ego inferior (nafs) y el olvido de Él.
Desde el comienzo mismo de su viaje terrenal, el alma lleva en su interior una nostalgia silenciosa. Por debajo del ruido de las preocupaciones mundanas permanece una llamada imperceptible que la invita a regresar a la remembranza (dhikr), a la sinceridad (ṣidq) y a la cercanía con Allah Todopoderoso. Este dolor oculto se encuentra entre las primeras señales del despertar espiritual. Es el primer impulso del viajero que comienza a reconocer que ninguna cosa creada puede colmar el anhelo infinito depositado en el corazón.
▪︎ El Imām Abū Ḥāmid al-Ghazālī (que Allah Todopoderoso tenga misericordia de él) describe bellamente esta realidad:
«El alma es como un pájaro retenido en la jaula del cuerpo. Su alimento es el recuerdo, su libertad es el conocimiento y su vuelo es hacia la Presencia Divina.»
(Referencia: Iḥyāʾ ʿUlūm al-Dīn)
A medida que el siervo purifica el corazón mediante el arrepentimiento (tawbah), la remembranza (dhikr), la adoración sincera y el refinamiento del carácter (takhlīq al-akhlāq), los Nombres Divinos comienzan a iluminar su ser interior. El creyente se engalana con las nobles cualidades amadas por Allah Todopoderoso: misericordia, paciencia, sinceridad, gratitud, humildad y confianza (tawakkul). Con cada velo que se levanta, el anhelo se fortalece y el corazón se apega cada vez más a su Señor.
▪︎ El Imām al-Ghazālī escribe:
«El corazón tiene una puerta a través de la cual entran los secretos Divinos. Esa puerta permanece cerrada mientras los deseos la dominen. Cuando los velos del mundo se levantan, el alma recuerda a dónde pertenece verdaderamente.»
Sin embargo, mientras el alma permanece unida al cuerpo, continúa experimentando la tensión entre su aspiración celestial y la existencia terrenal. Suspira bajo el peso del olvido y anhela la tranquilidad que solo se encuentra en el recuerdo de Allah Todopoderoso. Este anhelo no es desesperación, sino uno de los mayores dones otorgados a los buscadores, pues el anhelo mismo es una misericordia que atrae continuamente al siervo de regreso a su Señor.
Cada vez que el amor Divino despierta en el corazón, el alma responde con lágrimas de arrepentimiento, suspiros de añoranza y un deseo creciente de cercanía con Allah Todopoderoso. Nada en la creación puede saciar por completo esta sed, pues el corazón fue creado para encontrar su reposo únicamente en la remembranza y complacencia de su Creador.
▪︎ Como afirma Allah Todopoderoso:
«¿Acaso no es con el recuerdo de Allah con lo que se tranquilizan los corazones?»
(Corán 13:28)
▪︎ El Imām al-Ghazālī observa además:
«Si encuentras dentro de tu corazón un anhelo por algo que no puedes nombrar, no lo reprimas. Es el alma recordando su hogar.»
Por esta razón, la gente del dhikr es también la gente de la perspicacia espiritual (basīrah). Atestiguan los signos (āyāt) de Allah Todopoderoso a lo largo de la creación y perciben Su sabiduría, misericordia y belleza reflejadas en cada bendición y en cada prueba. La creación se convierte en un espejo que no los dirige hacia sí misma, sino hacia su Creador. Cada amanecer, cada acto de bondad, cada momento de silencio se transforma en un recordatorio de Aquel a quien el alma verdaderamente anhela.
▪︎ El Sheij Dhū al-Nūn al-Miṣrī (que Allah santifique su secreto) dijo:
«La señal de quien ama a Allah es que nada lo distrae del recuerdo de Allah.»
▪︎ El Imām Ibn ʿAṭāʾillāh al-Iskandarī (que Allah santifique su secreto) escribió en sus Ḥikam:
«¿Cómo puede iluminarse el corazón mientras las imágenes de las cosas creadas estén reflejadas en su espejo?»
Así, el viajero aprende que la remembranza no es simplemente la repetición de palabras sagradas sobre la lengua, sino el despertar del corazón a la conciencia perpetua de Allah Todopoderoso.
▪︎ El Imām al-Ghazālī nos recuerda:
«El propósito del dhikr no es meramente repetir palabras con la lengua, sino despertar el alma a Aquel que nunca está ausente.»
Por lo tanto, oh buscador, fortalece tu aspiración espiritual (himmah). No te conformes con las atracciones efímeras de este mundo, ni permitas que las sombras del apego mundano velen la luz para la cual fue creada tu alma. Persevera en el recuerdo, la adoración sincera, la purificación del alma (tazkiyah) y la fiel Adhesión al Corán y a la Sunnah. Vela por tu corazón, custodia tu respiración con atención plena (murāqabah) y permite que cada momento se convierta en una oportunidad para recordar a Allah Todopoderoso.
Camina sobre las huellas de los Profetas, de los justos y de los allegados (Awliya') a Allah Todopoderoso. Haz del anhelo tu provisión, de la paciencia tu compañera y de la esperanza tu guía constante. Pues el alma fue creada para conocer a su Señor, adorarlo con sinceridad y encontrar paz eterna en Su complacencia.
Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.
■ Enseñanzas del Corazón.