■ «Sé, y Es»: Kun Fayakūn en el Corazón del Buscador
▪︎ Cuando el Glorioso Corán declara:
«إِنَّمَا أَمْرُهُ إِذَا أَرَادَ شَيْئًا أَن يَقُولَ لَهُ كُن فَيَكُونُ»
«Ciertamente, Su mandato, cuando quiere algo, es solo decirle: '¡Sé!' (Kun), y es (fayakūn).» (Glorioso Corán, 36:82)
Desvela una de las realidades más profundas del Poder Divino: cuando Allah Todopoderoso decreta una cosa, nada puede impedir su existencia.
Para los maestros sufíes, este verso no es solo una descripción de la creación en el cosmos externo; es también una puerta hacia los misterios del corazón humano, una contemplación de lo que sucede cuando el siervo se purifica de la tiranía del ego (nafs) y se entrega por completo a la Voluntad Divina.
El Buscador y la Palabra Divina
▪︎ Se relata que el Shaykh al-Ḥasan al-Jabālī (que Allah Todopoderoso santifique su secreto) expresó esta realidad mediante la imagen del mandato Divino:
«Tú eres la palabra 'Kun' cuando fluye desde tu secreto; tú eres la Kāf y la Nūn cuando te elevas en el santuario de la remembranza…»
El significado no es que el ser humano posea un poder creativo independiente de Allah Todopoderoso. Solo Allah es el Creador (Al-Khāliq). Más bien, el siervo purificado se convierte en un espejo y en un receptáculo a través del cual se refleja la gracia Divina.
A medida que el corazón se vacía de la autoimportancia y se llena de Dhikr, la propia voluntad del siervo se rinde gradualmente ante la Voluntad de su Señor. Sus movimientos se convierten en movimientos de obediencia; su habla se resguarda en la verdad; sus intenciones se purifican mediante la sinceridad.
▪︎ Este significado encuentra un eco extraordinario en el ḥadīth qudsī:
«Mi siervo no deja de acercarse a Mí mediante obras voluntarias hasta que lo amo. Y cuando lo amo, me convierto en el oído con el que escucha, la vista con la que ve, la mano con la que atrapa y el pie con el que camina.» (Ṣaḥīḥ al-Bukhārī)
El siervo no se convierte en Allah —lejos sea tal noción—. Más bien, a través de la cercanía Divina, sus facultades quedan gobernadas por la obediencia, la guía y la gracia. Así, el corazón del buscador presenciará los efectos de Kun fayakūn, no porque el siervo cree, sino porque se ha entregado completamente a Aquel que crea.
La Ablución con las Lágrimas del Anhelo
El Shaykh habla de realizar la ablución con las lágrimas del anhelo y bañarse en el río de la remembranza. Este es el lenguaje del camino interior.
La ablución externa purifica el cuerpo con agua; la purificación interna limpia el corazón mediante el arrepentimiento (tawbah), el anhelo, el recuerdo, la humildad y el amor a Allah Todopoderoso. El buscador se prepara para la oración no solo lavando sus miembros, sino lavando el corazón de la negligencia (ghaflah):
Sus lágrimas se convierten en su ablución interior.
Su anhelo se convierte en su preparación.
Su remembranza se convierte en su vestidura.
Y cuando se pone de pie en la ṣalāh, no se presenta ante su Señor únicamente con su cuerpo; se presenta con un corazón despojado de distracciones y despierto a la Presencia Divina. Cada respiración se vuelve dhikr, cada latido un testigo y cada Allāhu Akbar una declaración de que nada es más grande que Allah Todopoderoso.
Cuando el Mundo se Inclina ante el Corazón Realizado
«Cuando hablas con la lengua del secreto, la existencia se inclina ante ti y lo invisible se prosterna en tu santuario.»
Estas palabras jamás deben entenderse como una invitación a la arrogancia espiritual ni a la creencia de que el santo posee una autoridad sobrenatural independiente. Señalan la dignidad del corazón cuando se purifica e ilumina por la fe.
El corazón realizado se convierte en un espejo de los Nombres Divinos, no porque posea esos Nombres de forma independiente, sino porque refleja sus efectos según la capacidad concedida por Allah Todopoderoso.
El Corán nos habla de la prosternación ordenada a los ángeles ante Sayyidunā Ādam (la paz sea con él); el honor fue otorgado en última instancia por mandato de Allah Todopoderoso. Del mismo modo, cuando el corazón del siervo se purifica, percibe la creación de forma diferente: ve los signos del Creador en todas partes y reconoce la absoluta dependencia del cosmos hacia Él. El cosmos no se inclina ante el siervo como un poder independiente; más bien, el siervo se somete por completo a Allah y, a través de esa sumisión, descubre la profunda dignidad de la servidumbre (ʿubūdiyyah).
La Lengua de la Carne y la Lengua del Espíritu
Existe una lengua externa y una lengua interior del corazón. La lengua de la carne habla mediante letras y sonidos; la lengua del espíritu habla a través de la presencia, la sinceridad, la intención, el recuerdo y la entrega.
Es por eso que el duʿāʾ más profundo no siempre es el que contiene el mayor número de palabras. A veces el corazón habla sin emitir sonido alguno:
Una lágrima se convierte en una súplica.
Un suspiro se convierte en remembranza.
Un anhelo silencioso se convierte en oración.
Un corazón completamente entregado a Allah Todopoderoso dice más en silencio que la lengua a través de miles de palabras. El buscador no intenta imponer su voluntad a su Señor, sino que pide, se somete, espera y confía, diciendo:
«Oh Allah, haz que lo que Tú desees sea lo más amado para mí, y permite que mi voluntad quede entregada a la Tuya.»
Ese es el comienzo de la verdadera realización.
El Secreto del Permiso Divino
Hay una realidad que el buscador nunca debe olvidar: nada se mueve excepto por el permiso de Allah Todopoderoso. Ningún Santo (Walī), Profeta (Nabī), Ángel o Maestro Espiritual posee un poder creativo independiente. Todo pertenece a Allah, depende de Allah y regresa a Allah.
Así, incluso en las estaciones más elevadas de la realización espiritual, el siervo permanece para siempre como siervo. Cuanto más profundo es su desvelamiento (kashf), más profunda es su humildad; cuanto mayor es su cercanía, más plenamente reconoce su propia indigencia (faqr) ante su Señor.
El sufí no dice «yo creo»; dice: «Allah crea, y yo soy Su siervo.» No se atribuye la propiedad del milagro, sino que contempla a Aquel que lo trajo a la existencia. No se embriaga con el poder espiritual; se aniquila en la servidumbre.
Vivir Kun Fayakūn
Vivir Kun fayakūn dentro del corazón no es imaginar que el siervo posee el mandato Divino. Es alinearse de tal modo con la obediencia, la remembranza, la sinceridad y la entrega, que el corazón deja de luchar contra el decreto Divino (qadar).
Es orar con todo el ser. Purificarse no solo con agua, sino con el arrepentimiento. Limpiar el corazón no solo de la impureza externa, sino del orgullo, la envidia, el apego, la negligencia y la ilusión de autosuficiencia. Es permitir que el ego guarde el suficiente silencio para que el corazón pueda escuchar.
El buscador descubre entonces un profundo secreto: la mayor transformación no comienza ordenando al mundo que cambie; comienza cuando Allah Todopoderoso transforma el corazón.
Cuando el corazón cambia, la percepción cambia.
Cuando la percepción cambia, la intención cambia.
Cuando la intención cambia, la acción cambia.
Y cuando la acción se alinea con la obediencia a Allah, la vida entera del buscador toma una nueva dirección. Ya no exige que la creación se conforme a sus deseos, sino que aprende a conformarse al mandato de la Realidad (Al-Ḥaqq).
El siervo no se convierte en el poseedor de «Kun»; se convierte en el siervo que lo escucha, confía en él, se somete a él y contempla su realidad a través de la creación. Pues solo Allah Todopoderoso dice «Kun», y es.
La perfección del siervo no consiste en convertirse en el Comandante, sino en convertirse en aquel que se entrega completamente al Mandato. Y cuando el corazón alcanza esa estación, descubre que el mundo que intentaba cambiar no era lo principal: era Allah Todopoderoso transformando su propio corazón.
Y solo en Allah Todopoderoso se encuentra el verdadero éxito.
■ Enseñanzas del Corazón.