Una vez, al Amado Rumi le preguntaron:
«¿Qué es la madurez espiritual?»
Él sonrió y respondió:
«Es cuando dejamos de intentar cambiar a los demás…
y comenzamos a transformarnos a nosotros mismos.
Es cuando aceptamos a las personas exactamente como son.
Es cuando comprendemos que cada alma tiene razón
desde la luz de su propia ventana.
Es cuando aprendemos el arte sagrado de soltar.
Es cuando damos, no para recibir,
sino por la pura alegría de dar.
Es cuando ya no atamos nuestra paz
a las acciones de los demás.
Es cuando dejamos de exhibir nuestra sabiduría…
y comenzamos a vivirla en silencio.
Es cuando la necesidad de aprobación se derrite.
Es cuando las comparaciones ya no encadenan nuestro corazón.
Es cuando descansamos en armonía con nuestro propio ser.
Es cuando sabemos la diferencia entre un deseo y una necesidad,
y soltamos el deseo con gracia.
Y por encima de todo…
es cuando nuestra felicidad ya no depende de las cosas materiales,
sino que bebe del manantial eterno que llevamos dentro.»
— Yalal ad-Din Rumi (r.a.)