"Los sufíes dicen que, cuando Dios creó al ser “adámico” con arcilla, el alma no quiso habitar ese cuerpo que consideraba como una prisión. Entonces Dios envió a dos ángeles a tocar música para encantarla. Es por eso que la música aporta al alma una suerte de embriaguez, de trascendencia, que invita al hombre a dejar sus maneras de ser habituales.
Las danzas son una forma de recitar los nombres divinos con todo el cuerpo en su conjunto. Los maestros siempre enseñan después de una sesión de dhikr o después de una sesión de danza. En ese momento, el corazón** está mejor preparado, la conciencia está más abierta. No se va a detener en las palabras, va a aprovechar lo esencial, absorberlo. Para los sufíes, lo divino no es cualquier cosa que se piense, sino verdaderamente se saborea. Es muy real, tangible, del dominio de los sentidos.
* Concierto espiritual de las reuniones de los sufíes.
**El corazón es el centro del alma. Simboliza la facultad de percibir lo trascendente. Esta facultad está velada a los hombres ordinarios: “No son sus ojos los que están ciegos, dice el Corán, hablando de ellos, "sino sus corazones"
De Cheikh Khaled Bentounès: Vivir el islam, el sufismo de hoy, capítulo 4