El Corán es un brocado de doble cara, unos descubren su valor en un lado y otros en el opuesto. Los dos son auténticos pues Dios, el Altísimo, quiere que ambos tipos de seres se beneficien del Corán. Es como una mujer que tiene un marido y un bebé y ambos obtienen de ella distintas satisfacciones: el pequeño obtiene contento al tomar la leche de su pecho; el marido, en el deleite conyugal. La gente en el Camino, es como un bebé: obtiene su placer —y beben la leche— de la letra del Corán. Pero los que alcanzan la perfección poseen otra visión y otra comprensión del significado oculto del Corán.
Fihi ma fihi, 44
Jalaluddin Rumi
Editorial Sufí