Tesis - Etapas del Despertar Espiritual en el Diván de Shams Tabrizi

 

Por: Xaenub Mirza

Candidata a Doctorado

Universidad Aydin de Estambul – Turquía 

Traducción al español:  نستور آندرس بوگو (سالک) 
           Nestor Bogo



Dedicatoria

Este breve y prestado vuelo ascendente, trazando círculos en el cielo, está dedicado a mi padre: Asad, cuya voz me orienta y cuya Singularidad siempre me guía de regreso al hogar.


Notas Introductorias

Este trabajo constituye un intento de rastrear las etapas del *irfan* definidas en el *Diván-e Shams Tabriz*, abordando a Rumi principalmente como un místico en un laberinto de desconcierto espiritual que llega al *fanā* en un camino de devoción y revelación.

Asimismo, se analizan palabras estrechamente asociadas con el islam esotérico (*irfan*, *ishrāq*, *fanā*), siguiendo una línea de investigación que conduce a mostrar cuánto se pierde en la traducción de estos términos a sus equivalentes en inglés.

Con el propósito de aportar una mayor dimensión al tratamiento de las estaciones del *irfan* (*maqāmāt/ahwāl*), se contrapone la postura de Hafiz a la de Rumi; sin embargo, debido a las diferencias entre sus historias personales y sus respectivos contextos, ello se hace únicamente para enfatizar el alcance de la experiencia mística.

Se realiza un esfuerzo por leer los versos y las odas teniendo presentes los estados (*ahwāl*) del místico tal como fueron definidos por Dhunun y Al-Arabi.

Las palabras de origen indo-persa, árabe o turco aparecen traducidas entre paréntesis.

Podemos asumir con seguridad que el mundo de Rumi quedó completamente trastornado tras su encuentro con el misterioso Shams Tabriz.

Es Rumi: el gran erudito, la máxima autoridad religiosa, el protegido de generaciones de sabios religiosos, de quien Farid Attar profetizó que alcanzaría la más alta eminencia cuando aún era un niño (xvii), vestido con sus elegantes ropas y guiando a una multitud de discípulos reverentes, quien se ve obligado a descender de su caballo cuando Shams toma las riendas con su mano.

El descenso del caballo constituye una hermosa metáfora, al igual que la pregunta de Shams:

“Un día, mientras él [Shams] estaba sentado a la puerta de una posada, Rumi pasó montado sobre una mula, rodeado por una multitud de estudiantes y discípulos que iban a pie. Shams se levantó, avanzó y tomó el freno de la mula, dirigiéndose a Rumi con estas palabras: «¡Cambista de las monedas corrientes del significado profundo, tú que conoces los Nombres de Dios! Dime, ¿quién fue el mayor siervo de Dios: Muhammad o Bayazid Bistami?” (*Manaqib al-Arifin*).

La pregunta que lo hace (a Rumi) caer de rodillas.

Una vez que ambos hombres se abrazan, tan cerca del suelo, eligen no volver a levantarse jamás, sino bajo un nuevo modo de adoración y devoción: se levantan no para permanecer de pie, sino para girar en la danza trascendental (*sema*), dando origen a la dinámica primordial entre el *pir* y el *murid*.

La agonía de Rumi a partir de ese momento es un reflejo del fuego que siempre atormentó a Shams.

Shams necesita a Rumi para dar forma artística a sus ideas; necesita a Rumi como el único compañero capaz de soportarlo.

«Imploré a Dios que me permitiera mezclarme y ser compañero de Sus amigos (*awliya-ye khwod*). Tuve un sueño y se me dijo: “Te haremos compañero de un santo”. Pregunté: “¿Dónde está ese santo?”. La noche siguiente se me dijo en un sueño: “Está en Anatolia (Rum)”. Tiempo después tuve otro sueño y se me dijo: “Aún no ha llegado el momento. Todas las cosas llegan en la plenitud de su tiempo”». (*Maqalat*, 759–760).

 

Nuevamente:

«Deseaba a alguien de mi misma naturaleza para convertirlo en mi *qibla* [la dirección hacia la cual se orienta uno en la oración] y volverme hacia él, pues me había cansado de mí mismo. ¿Comprendes lo que quiero decir con haberme cansado de mí mismo? Entonces, al haberse convertido en una *qibla*, comprendería y entendería lo que estoy diciendo». (*Maqalat*, 219–220).

Shams, envuelto en su manto, amargo y profundamente resentido, es la figura socrática que desplaza el eje con su llegada y marca la permanencia de ese cambio con una partida igualmente dramática.

Rumi, por su parte, necesitó a Shams para desaprender su aprendizaje (xviii), para que fuera su guía hacia el *irfan* y para incendiar su vida con el mismo fuego que envolvió a Shamsuddin Haq, el gran Sol de la Gnosis.

 

«La historia de mi vida puede definirse en tres palabras:

Estaba crudo, fui cocido y luego quemado.» (Rumi)

Y: «Me quemé, me quemé, me quemé.» (Rumi)

Nuevamente, el silencioso y consumidor sufrimiento en:

«Aquel que incendió el mundo dentro de mí

e hizo que cien lenguas de fuego hablaran desde mi boca,

cuando el fuego rugía a mi alrededor manteniéndome cautivo,

suspiré: Él puso Su mano sobre mi boca.»

(*Kulliyat-e Shams Tabrizi* #)


La cualidad giratoria y repetitiva de sus versos reproduce el trance hipnótico del propio fuego, elevándose y descendiendo, incontrolable, aterrador y hermoso.

«Prende fuego a tu vida. Busca a quienes aviven tus llamas.»

Curiosamente, esta metáfora adopta más tarde la forma de un ritual de iniciación en el convento mevleví. La primera prueba del aspirante consistía en un retiro de tres días en la cocina, considerada el lugar donde el hombre era cocinado (Erdogan, p. ).

«¿Quién aniquiló a quién? ¿Shams o Rumi?» es una pregunta que recientemente ha despertado el interés de los estudiosos (Eshots).

Por muy satisfactorio que resulte contemplar esa hermosa destrucción, es prudente continuar comprendiendo que los prolíficos escritos del propio Rumi documentan su recorrido desde el erudito hasta el amante.

Puesto que la aniquilación (*fanā*) constituye la etapa final del *irfan*, esta cuestión deberá posponerse hasta una parte posterior de esta discusión.

La pregunta más inmediata que surge es: ¿por qué el nombre de Shams aparece en la portada de un libro que nunca le fue atribuido? ¿Por qué la mayoría de las odas terminan con su nombre? ¿Por qué un poeta que se encuentra a la altura de Hafiz arde de amor y deposita su frente sobre la de un derviche empobrecido?

Entre las sectas religioso-filosóficas de la época, la doctrina generalmente aceptada sostenía que el ser humano, abandonado a sus propios recursos, inevitablemente se extraviaría. Por ello necesitaba un maestro que lo guiara por el camino correcto.

El maestro (a partir de aquí denominado *pir*) es el representante de Dios; sus actos, incluso sus faltas, están impregnados de un amor superior y de una sabiduría superior que el discípulo (denominado desde aquí *murid*) no puede comprender plenamente hasta alcanzar estaciones más elevadas (Arabi).

Según Murtada Mutehari, el *irfan* se ocupa de la ontología y estudia a Dios, el mundo y el ser humano. Este aspecto del *irfan* se asemeja a la filosofía teológica (*falsafeh-ye ilahi*), la cual también procura describir el ser.

Al igual que la filosofía teológica, el *irfan* define igualmente su objeto, sus principios esenciales y sus problemas; sin embargo, mientras la filosofía fundamenta sus argumentos exclusivamente en principios racionales, el *irfan* basa sus deducciones en principios descubiertos mediante la experiencia mística (*kashf*) y posteriormente recurre al lenguaje de la razón para explicarlos (*Iranian falsefah*).

El *irfan* también recibe el nombre de *tasawwuf* en el sufismo indo-oriental, cuyo significado esencial descansa sobre el *tawhid* (unicidad o singularidad de Dios) y el *ishraq*. Quien alcanza esta conciencia es un *arif* (*urafa*, plural).

En su fundamento, el *irfan* es la gnosis: beber del cáliz de la Realidad Suprema:

 

“Sharab e Lutf e khudawandra kerani neest”

“Wa kuz karanash numayad qasoor e jam bood”

«El vino de la gracia de Dios no tiene borde.

Si parece tenerlo, la culpa pertenece a la copa.»

— Traducción de R. A. Nicholson.

En su sentido más amplio, es sabiduría y conciencia espiritual.

El árbol, cuyas ramas se extienden hacia lo alto, así como sus raíces hacia lo profundo.

La cadena metafísica del ser, que se extiende desde un ser hasta el Ser Supremo (Plotino; observaciones posteriores).

Por separado, y según distintas tradiciones, las siete etapas del *irfan* han sido descritas como:

1. Búsqueda.

2. Amor.

3. Sabiduría.

4. Autosuficiencia.

5. Monoteísmo (*tawhid*).

6. Asombro.

7. Aniquilación (*fanā*).

A partir de este punto, el presente trabajo intentará rastrear estas etapas a través de los versos y las odas del *Diván-e Shams Tabriz*, hallando los elementos correspondientes dentro de los arcanos de la filosofía mística islámica (*Ishq*), tal como fueron experimentados por el mevleví *Maanawi*: Jalal Uddin Rumi.


*** 

1. La Búsqueda

Quizá un acontecimiento previo de separación (hijr) sea tan importante de señalar como el propio acto de reconocer el compromiso de buscar.

¿Dónde se encuentra el origen de esta separación, el fundamento de esta división?

¿Acaso la fuente se considera separada de la tierra cuando se ve obligada a brotar y derramarse por su superficie?

¿Es el río que nunca encuentra su camino hacia el mar?

¿Es el peso de haber sido creado como una forma distinta y separada de la Forma más Antigua? (Qaim, Qadeem, Wajud: letanía de Al-Ghazali).

 

bishnu az nay chun hikayat mikunad

az juda’iha shikayat mikunad

kaz nayistan ta mara bubridah’and

dar nafiram mard u zan nalidah’and

sinah khwaham sharhah sharhah az firaq

ta biguyam sharh-i dard-i ishtiyaq

har kasi ku dur mand az asl-i khwish

baz juyad ruzgar-i wasl-i khwish

(Mathnawi, Vol. 1)

 

(Escucha la flauta de caña, su canto de separación.

Desde que fui cortada del cañaveral,

hombres y mujeres han gemido con mi sonido.

Necesito un corazón desgarrado por la separación,

para que puedas comprender el dolor del anhelo del amor.

Quien haya sido apartado de su origen

siempre desea regresar a él.)

 

Dado el origen de esta separación, el abrumador deseo de reunirse o regresar (o el proceso mismo de hacerlo: wisaal) se convierte no solo en el sendero del caminante espiritual, sino en el acto mismo de la vida.

La búsqueda no nace de una pregunta, sino de una respuesta; de la aceptación de que no existe descanso sino en los brazos del Amado. El único obstáculo que permanece en esta tangente no lineal del tiempo es el cuándo: la espera, el arder persistentemente hasta que el ser se extinga en el no-ser.

En la narrativa de Rumi sobre la pertenencia y el exilio, estas jerarquías abstractas adquieren una forma más concreta: es Shams.

Rumi busca a Shams como la Verdad, como el vino, como el mar.

Aznakeh tauba hajoor ast wa band napazeerad

Ghulooway maujay choo koohisaar wa gharsh e derya

 

(Que los votos aten a todos; al libre no pueden atarlo,

ni el oleaje del mar que ruge como una montaña.)

(T. 9.11)

 

En otra parte observa:

Gar tu aashiq e ishqi wa ishq rah joya

Bikyer khanjar e tez wa babur kalwi e haya

Bidaan keh sidday azeem ast dar rawash namoss

Si eres amante del amor y buscas el amor,

toma un puñal afilado y corta la garganta de la vergüenza.

Sabe que la reputación constituye un gran obstáculo en el camino. (3)

 

No se trata únicamente del acto de buscar, sino de buscar desde un lugar de absoluta humildad, donde uno puede recibir una respuesta y también puede ser rechazado.

La ligereza con la que el Amado trata al amante es un motivo recurrente en la poesía mística.

La puerta puede abrirse, o el amante puede ser rechazado.

En ninguna circunstancia se reprocha al Amado; incluso sus crueldades constituyen una forma de atención, su desagrado es Su voluntad y su aparente abandono es Su grandeza.

La tarea del amante consiste en buscar continuamente, implorar, suplicar y permanecer de pie ante la puerta hasta ser admitido en su interior.

Curiosamente, este modelo adquirió una forma más práctica dentro de la orden de los Celebi; el aspirante debía permanecer de pie fuera de la puerta durante tantos días como el jeque dispusiera, tras lo cual se le permitía entrar o se le pedía que se marchara.

Llamé con una oración a la puerta de un asceta; él me expulsó, diciendo:

«Vete; que toda tu vida transcurra sin paz.»

Ya no me queda paz ni corazón a causa de su oración.

¡Por el Amigo, que tiene sed de nuestra sangre! ¡Que Dios sea su Amigo!

Mi cuerpo es como la luna, que se derrite por amor;

mi corazón es como el laúd de Zuhra; ¡que sus cuerdas se rompan!

No mires el menguar de la luna ni el estado quebrantado de Zuhra;

contempla la dulzura de su aflicción. ¡Que se multiplique mil veces! (19)

 

El acto del castigo es recibido como el pulimento del espejo:

«Si te irrita cada roce, ¿cómo será pulido tu espejo?» (Rumi); como observa Hafiz con su inimitable estilo: «Ardió y lloré riendo... más.»

La búsqueda constituye un tema casi permanente en los versos de Rumi, particularmente en el Diván-e Shams Tabriz, escrito in memoriam.

En un sentido profundamente místico, Shams puede considerarse un alias o takhallus de Rumi.

Al afirmar la identidad entre el sujeto y el objeto, Rumi construye a Tabrizi como símbolo del Amado divino, el único Ser en quien todos los nombres individuales se manifiestan y finalmente se funden.

Él invoca continuamente esta búsqueda como su ajuste de cuentas, como su identidad y como la única verdad acerca de su existencia:

«No me apartes diciéndome: “Vete”.

Yo no existiría, Amado mío, si no permaneciera aquí.» (#450)

Este anhelo de plenitud evoca la tradición casi hermafrodita (Alloya), según la cual el alma ha sido desgarrada y dividida en dos.

Mi alma proviene de otra parte. Estoy seguro de ello.

Y tengo la intención de terminar allí.

Sin la presencia física de su pir, y ante la funesta posibilidad de que nunca vuelva a responderle, Jalaluddin comienza el proceso de responder a sus propias exigencias:

«El agua también busca al sediento» y, nuevamente, «aquello que buscas también te está buscando».

Esto señala la naturaleza omnisciente de un destino del que no puede escapar ni renegar, pero que lo atormenta constantemente, en una sinfonía de autodestrucción, hasta quedar únicamente tensado como un laúd, obligado a interpretar la canción más intensa y dolorosa del corazón:


Man Ba Tu Cheneen sokhteh khar mann taaki

Wazz ma tu cheneen kasheeda daaman taaki

Een kaar bikaam dushmanaanam ta chand

Mann darr gham tu, tu farigh az mann taaki

 

¿Hasta cuándo seguiré ardiendo en tu llama?

¿Hasta cuándo continuarás apartándote de mí?

¿Cuántos amigos seguirán alejándose de mí avergonzados?

¿Hasta cuándo viviré en tu dolor? ¿Hasta cuándo permanecerás libre de mí? (#1957)

La búsqueda se convierte en el primer paso de este viaje, que se construye orgánicamente hasta el punto en que un complejo mecanismo impulsa su propia obliteración y, precisamente en ella, encuentra la libertad.

El camino del amor no es un argumento sutil.

La puerta que conduce a él es la devastación.

Las aves trazan grandes círculos en el cielo gracias a su libertad.

¿Cómo aprenden a hacerlo?

Caen, y mientras caen, les son dadas alas.


***


2. El Amor

 

“Kooyand Ishq cheest bikku tark e ikhtiar”

 

Dicen: «¿Qué es el amor?» Responde: «La renuncia a la voluntad.»

 

La progresión del *irfan* opera en una relación inversa con la deconstrucción del yo. A medida que el yo se va desvaneciendo, el *irfan* alcanza su punto culminante. Sin embargo, las etapas no constituyen hitos fijos dentro de este paisaje de descubrimiento solitario; el buscador puede experimentar una o varias estaciones (*ahwal*) simultáneamente. También puede permanecer detenido durante muchos años, como en el caso de Hafiz (Ladinsky, p. 44), hasta que el velo se levante.

El amor de Hafiz lo hace estallar en una risa de éxtasis eufórico; la risa, siendo el sonido más puro, lo vuelve despreocupado:

”That the saint is now continually”

”Tripping over Joy”

”And bursting out in Laughter”

“And saying, I Surrender!” (9)

 

“Que el santo ahora continuamente”

“tropieza con la Alegría,”

“estalla en carcajadas”

“y dice: «¡Me rindo!”

El amor de Rumi es abrasador. Lo vuelve reflexivo, lo vuelve sabio, lo impulsa a buscar más, lo vuelve cauteloso. Es en este aspecto donde los traductores con frecuencia despojan al verso de su contexto esencial: el de un despertar esotérico, modelándolo como una forma de amor universal, inofensiva y complaciente.

No significa que el amor de Rumi no sea también eso; sin embargo, los mandatos (*ehkamat*) no terminan allí. Es una cuerda mantenida tensa durante demasiado tiempo, cargada de anhelo y de una prolongada servidumbre. Es el amor que se enciende después de haber atravesado el fuego, después de haber anhelado la liberación, la muerte, un solo instante del rostro del Amado. Es un amor que ha sido pisoteado y disciplinado para recorrer el espacio comprendido entre la desesperación y la esperanza.

 

“E keh behnagham e dard, rahat e jaani mera”

“E keh betalkhi e fikr ghunj e rawani mera”

 

“¡Oh Tú, que eres el consuelo de mi alma en la estación del dolor!”

“¡Oh Tú, que eres el tesoro de mi espíritu en la amargura de la escasez!” (23)

El amor admite una amplia variedad de construcciones sintácticas, pero *ishq* complica incluso la pregunta más sencilla.

El problema se agrava notablemente cuando, para adecuarse a la sintaxis, un verso entero es deconstruido hasta quedar reducido únicamente a un eco retenido dentro de la montaña (27).

El amor puede traducirse mediante diversos matices dentro del contexto indo-persa-turco (*pyar*, *mohebet*, *aashqui*, *qurbet*, indicando intimidad, etc.), pero *ishq* no puede encerrarse únicamente dentro del léxico del amor para satisfacer todas las exigencias de composición.

Se trata de un amor tumultuoso, apasionado, incontenible y orientado hacia un objetivo específico.

 

“Az shabnam ishq khaak adam gul shud”

“Sadd fatinda wa shor darr jahan haasil shud”

“Sadd nashtar ishq bar rug rooh zadind”

“Yak katreh az aan chakeed wa namish dil shud”

 

“El rocío del amor convirtió el polvo del hombre en barro,”

“del cual brotó una multitud de pasiones indómitas”

“Sus cien lanzas atravesaron las venas del Alma.”

“Lo que llamamos Corazón es una sola gota de su sangre.” (#521)

 

El Amado está presente en todas partes; son Sus gestos los que ponen al mundo en movimiento: las aves cantan Su gloria, cada pétalo despierta por Su gracia.

Él es *yaar-e be-misl* (el Amigo sin igual), y, sin embargo, el más familiar y, en última instancia, el más amado.

“Az Kinaar e khuweesh yaabim her dammi man booye yaar”

“Desde el seno del propio Ser, continuamente percibo el aroma del Amado.” (1–105)

 

Y también:

“El aroma de Ti jamás abandonará mi memoria.”

“La visión de Tu rostro nunca dejará mis ojos.”

“Durante toda una vida Te soñé, noche y día.”

“Esa vida ha pasado, pero el sueño no se ha ido.” (#450)

El éxodo es imposible.

Sin embargo, el pensamiento de huir aparece para preservar la existencia (*hasti*) y poner fin al tormento.

El Amado no puede ser retenido por la vista, ni puede ser soportado plenamente; pero tampoco puede ser abandonado, ni puede ser ignorado.

 

“Ro cho aatish, meh cho aatish ishq aatish her she khawish”

“Jaan zashtahayi e berham dar fughan ain al farar”

 

“Un rostro como el fuego, vino como fuego, amor hecho fuego; los tres, deseables.”

“El alma, a causa de aquellos fuegos entremezclados, clamaba: «¿Dónde puedo escapar?” (12–105)

Hafiz:

“Tu mirada ha sido mi ruina; pero, aun así, amor mío,”

“¡envíala! Mil veces bienvenida sea la aflicción.”

Quizá no resulte justo dedicar únicamente una breve sección a este tema dentro de una discusión académica.

Sin embargo, dado que solo puede presentarse de manera necesariamente inconclusa debido a la particularidad de esta investigación, por el momento lo consideraremos únicamente a la luz del *irfan*.

Por esta razón, no se incluyen análisis comparativos ni competitivos, para evitar que el alcance del estudio se vuelva demasiado amplio respecto del propósito expositivo de este trabajo.

 ***

3. Sabiduría

Un amor tan ambivalente, tan fuertemente contenido, que no es ni correspondido ni rechazado, debe elevar al novicio hasta convertirlo en maestro.

La sabiduría, en la poesía de Rumi, posee numerosos matices. Del mismo modo que Reynold Nicholson traduce acertadamente tark-e ikhtiyār como «renuncia a la voluntad», ikhtiyār puede presentar diversas variaciones de significado e intención: puede significar elección, puede significar el derecho de preferencia, puede significar libertad, puede significar el abandono del yo.

De igual manera, la sabiduría aparece de distintas formas en el Diván. En ocasiones es denominada aqal; en otras, fehm; pero, sobre todo, constituye la inversión de la sabiduría convencional.

La locura es la verdadera sabiduría, y Majnun o Zulaikha son los más sabios de todos.

¿Y qué es la sabiduría, sino la voluntad de elegir perecer a los pies del Amado?

Nisaar paii tu khuwaham beher dammi dil o jaan

Keh khaak bar sar e jaani keh khaakpaai e tu neest

 

Deseo, sin cesar, arrojar mi corazón y mi alma a tus pies.

¡Polvo sobre la cabeza del alma que no sea el polvo de tus pies! (39)

 

La sabiduría se convierte entonces en un ojo que percibe la razón como una atadura, como un grillete que debe romperse para contemplar al Amado.

Ashtar e deewana e sar mast e man

Silsila e aqal dareedan gharift

Mi alma frenética, embriagada de éxtasis,

comenzó a desgarrar las cadenas de la razón. (295)

 

Y luego:

Aqal amad o pand aashikaan pesh girift

Dar reh banashist wa rehzanni keesh girift

Choon dar sar shaan jaigeh pand nadeed

Paai humee boseeda wa reh khaweesh girift

 

La razón se presentó para aconsejar a los amantes; como un bandido tendido en una emboscada, aguardó en el camino.

Pero al ver que en sus cabezas no había lugar para la razón, besó sus pies y siguió su propio camino. (#367)

 

Pues ¿dónde puede encontrarse la razón en esta búsqueda implacable de autonegación?

Una búsqueda en la que el instinto de conservación queda comprometido por una negación voluntaria del yo, y el viaje conduce cada vez más lejos, hacia las profundidades de lo Invisible.

Aunque no tengas pies, elige viajar dentro de ti mismo. (111)

 

La sabiduría consiste en dejarse llevar, en entonar un lamento por la propia insignificancia, en saber que el amor que consume constituye la única razón de la existencia y, aun así, desear saber:

Si sientes algún deseo por mí, entonces dilo.

Si vives sin amor, en soledad, quiero saberlo.

Si tu corazón guarda un lugar para mí, entonces dilo.

Di que es así, o di que no, pero dime la verdad. (#1582)

 

Y así, uno debe lamentar continuamente el abandono del Amado; lamentarse (a diferencia de la risa de Hafiz), siendo el lamento el sonido mismo de las esferas, desgarradas y girando en trance, deplorando la separación del aql-e kull, encarnado por Shams Tabriz:

 

Se dice que la flauta y el laúd que deleitan nuestros oídos

derivan su melodía del giro de las esferas;

pero la Fe, que trasciende los límites de la especulación,

puede contemplar aquello que endulza todo sonido discordante.

(Remembered Music – Quodlibet)


***

4. Autosuficiencia

Aún más intrincada que la voluntad de abrazar la locura es la voluntad de abrazar el silencio. Aceptar que:

Tu kun nida wa tu awazeh deh keh sultani
Turrasat lutf e jawab wa turasat ilm e sawal

Clama y proclama que tú eres rey;
tuya es la gracia de la respuesta y tuyo es el conocimiento de la pregunta.
(119)

El peligro de confundir la autosuficiencia con la resignación es inmenso.

De hecho, este estado puede ser el más cercano a la paz, o al tazkiyah de las muqamat del sufí, proceso mediante el cual domina su nafs (el yo).

Es una satisfacción en la que el alma ya no se retuerce en el tormento, sino que espera pacientemente:

Makanam la makan baashid nishanam bi nishaan baashid
Na tan baashid na jaan baashid keh man az jaan e jaana nam

Mi morada es la no-morada; mi huella es la ausencia de huella.
No soy cuerpo ni alma, porque pertenezco al Alma del Amado.
(125)

El alma ya ha viajado mucho más allá del cuerpo y de sus límites terrenales.

Ya no se encuentra restringida por el tiempo ni por el espacio, sino suspendida entre ambos: en algún lugar entre el Qaf de Ibn al-Arabi y el mundo material.

Aquí el tema de la espera adquiere un papel más activo y el anhelo se vuelve compulsivo.

En el diálogo continuo entre los dos yos (asumiendo una de las partes la naturaleza del Amado), continúa produciéndose una constante takrar (confrontación).

Yaan khana dar aa ee jaan yaan khana bepardazim

¡Oh Amado!, entra en esta casa, o yo la abandonaré. (135)

 

En cierto sentido de ascensión espiritual, al llegar a poseer los atributos que definen la walayah (la amistad con Allah), y particularmente el atributo de Al-Qayyum (uno de los Asma al-Husna, los Bellos Nombres de Dios), la semilla queda sembrada.

En Journey to the Lord of Power de Ibn al-Arabi se alcanza el estado de autodisciplina, en el que el asceta ya no necesita motivación alguna para realizar su letanía: él es quien llama y él mismo es la llamada.

Sin embargo:

¿Se someterá alguna vez tu dolor a una cura? Nunca.
¿O abandonará alguna vez el deseo tu corazón? Nunca.
«La semilla de la paciencia ha sido sembrada en el corazón», dices. ¿Pero llegará alguna vez a brotar? Nunca.
(#951)

En esta narración, ese «nunca» no constituye una maldición, sino una promesa; una promesa que existe más allá del ikhtiyar (la voluntad).

Es la única elección posible cuando todo lo demás ha sido negado o abandonado, y se descubre que basta por sí misma.

Esto conduce al caminante espiritual al silencio, el lenguaje aceptado por Dios; porque:

Quedar enredado, aunque solo sea por un instante, en tu amor, es conocer el desastre, cercano y real.
El sincero Mansur dijo la verdad, como el amor debe hacerlo, y fue colgado por la cuerda de su celo.
(#576)

O, como dice Iqbal:

Mansoor ko hua lab e goya paiyaam e maut
Ab kya kisi kay ishq ka dawa karay koi?

El labio que habló fue para Mansur el mensaje de la muerte.
¿Cómo podría ahora alguien afirmar que ama a otro?

(Bang-e Dara, 56)


***

5. Monoteísmo

 

Desde "Wav Elevator of Degrees" de Ibn al-Arabi hasta "Qaf Footstool of Power", el alma, hasta entonces una espiral fuertemente enrollada sobre sí misma, finalmente se ha desenrollado y ha consumido su frágil autonomía en el infinito.

La marea de la Singularidad cubre un clamor languideciente, que finalmente es silenciado en la sumisión.

Khamosh kardum wa az ghair e ahl banhuftam

Guardo silencio y mantengo a los indignos en la oscuridad. (103)

 

Porque:

Dar jahaan e wahdat e sheh een ad’dara ghunj neest

En el mundo de la Unidad Divina no hay lugar para el número. (105)

 

En esto, Rumi ha actualizado a Shams como a sí mismo.

Él (Rumi) es su Amado (Shams), porque vive dentro de él; ya no existe discordia ni dualidad.

Dios es Uno, el Absoluto, y también lo es Su Kibriya (Autoridad Divina), rítmicamente unificada a lo largo de toda la extensión del tiempo y del espacio.

El Alif se prolonga en el clamor de Hu.

La piel del ser queda tan estrechamente suturada a la singularidad del Amado que el simple pensamiento de la separación no solo resulta inconcebible para la conciencia del amante, sino que desgarraría irreparablemente el alma: el alma que ya no posee conciencia fuera del Haqq, la Verdad de la Gnosis.

El puente entre el ser humano y Dios ya no es infranqueable (siendo el puente el pir, que representa al Apóstol); ya no existe separación entre espíritu y materia: el primer y el último eslabón de una única cadena según Plotino: la Unidad Absoluta, la Belleza Suprema, el Pensamiento Supremo, el Bien Supremo y, aun por encima de ello, algo tan inconcebible que solo puede expresarse mediante la negación:

Nahi hai tu toh inka’ar kaisa
Naf’fi bhi teray honay ka pata’a hai

¿Por qué negar Tu realidad si Tú no existieras?
Incluso negar Tu existencia constituye una prueba de Tu Ser.

(La traducción es mía).

Los místicos deben adherirse a un determinado código integral de vida que comprende la Ley, el Camino y la Verdad (shariat, tariqat, haqiqat).

Nasafi, a este respecto, ha dicho:

¡Oh derviche! Aquel que acepta lo que su Profeta ha dicho pertenece a la shariat; aquel que practica lo que su Profeta ha practicado pertenece a la tariqat; y aquel que contempla lo que su Profeta ha contemplado pertenece al Haqq (la Verdad). (xxviii)

Resulta difícil atribuir exclusivamente a Rumi el canon de la Unidad del Ser, porque el fundamento teológico del islam, fuente de su pensamiento, tiene como pilar principal el tawhid (la Unidad de Dios):

Di: Él es Allah, la Unidad Absoluta. (Corán 112:1)

Por esta razón, el monoteísmo se convirtió en un denominador común para todas las escuelas teológicas, místicas y filosóficas del pensamiento islámico.

En principio, significa que Dios trasciende el mundo y es radicalmente distinto de él.

Además, significa también que Dios posee atributos y realiza actos mediante los cuales se manifiesta en todas partes al caminante espiritual (arif).

Estas dos afirmaciones —la trascendencia y el antropomorfismo— distinguen la cosmovisión islámica de la panteísta, la cual se fundamenta en la presencia o difusión de Dios dentro del mundo.

Quizá sea mejor considerar que la Unidad del Ser (wahdat al-wujud), anteriormente relacionada con Plotino, deriva del monoteísmo (tawhid), puesto que la unidad de Dios en Sí mismo constituye un camino hacia la unidad de Dios con el mundo.

Dondequiera que os volváis, allí está el Rostro de Allah. (Corán 2:115)

Por ello encontramos huellas de panteísmo presentes en el Nombre divino Al-Haqq ("La Verdad" o "El Real").

Según los sufíes, este Nombre indica que todos los demás seres no son sino falsos e imaginarios.

Todos conocemos el famoso hadiz en el que Dios dice:

«Yo era un Tesoro oculto y quise ser conocido; por ello creé el mundo.»

La ambivalencia entre ambas perspectivas (el monoteísmo y el panteísmo) se refleja en el corpus de Rumi, hasta el punto de que resulta imposible determinar definitivamente cuál era su posición, ya que su obra incorpora simultáneamente ambas dimensiones de la unidad: la trascendencia y la inmanencia de Dios.

Donde hay ruina, hay esperanza de encontrar un tesoro.

(Mathnawi)

 

 

Rumi no sacrifica sus metáforas ni sus símbolos, llenos de contradicciones, para armonizarlos con conceptos filosóficos o con un discurso demostrativo (especialmente en el Diván-e Shams Tabriz).

Las huellas de este conflicto nunca desaparecen por completo; sin embargo, en los momentos más elevados, esos elementos en tensión son arrastrados por una inundación de armonía divina.

Por ello puede decirse de Jalaluddin:

«No se trata de una poesía que toma prestadas las formas de la especulación panteísta, sino del propio panteísmo que asume para sí la fe y la posición que transforman el pensamiento especulativo en religión.» (Symonds, p. )

La equivocidad de la noción de wahdat al-wujud (Unidad del Ser) se realiza mediante una cadena de transformaciones en la que el místico (salik) pasa del monoteísmo al panteísmo.

Así ocurre en el caso de Rumi, quien contempla la Verdad en Shams al-Haqq.

Jaanam zappi e ishqat Shams ul haqq e Tabrezi

Mi alma persigue tu amor, ¡oh Shams al-Haqq de Tabriz! (75)

Y también:

Bi dolat e makhdoomi e Shams ul Haqq e Tabrezi
Ni ma tawaan deedan wa ni beher tawaan shud

Sin el poder soberano de Shams al-Haqq de Tabriz,
nadie podría contemplar la luna ni convertirse en el mar.
(79)

 

Del amor por Uno se pasa al amor plenamente realizado por otro, hasta que ambos se funden en Uno, porque uno no es sino el otro.

Aan lujja bood aen e aan mauj
Aan mauj cheh bood aen e derya

¿Qué era aquella inmensa masa de agua? Nada más que la ola.
¿Y qué era aquella ola? Nada más que el mar.
[xxxxix]

Esto conduce a la comprensión de la Unidad del Ser, desde la unidad inmanente (panteísmo), pasando por la unión del ser humano con Dios (ittihad), hasta la unión divina con el hombre (hulul):

Barf buddam kudakhtam ta keh zameen mirra bakhoorad
Ta humesh dood e dil shuddam ta soo e aasmaan shuddam

Era nieve y me derretí para que la tierra me absorbiera.
Hasta convertirme en una sola bruma del alma y ascender hacia el cielo.
(236)

 

***


6. Asombro

La experiencia de la Unidad del Ser parece estar inmersa en una profunda paradoja, en la que el amante siente que el Amado es, al mismo tiempo, trascendente y más cercano a él que cualquier otra cosa.

En efecto, el amante se encuentra dividido entre los celos hacia su Amado, quien lo impulsa a decir «no hay existencia sino Él» (Rubaiyat, p. ), y el ardiente deseo de ser absorbido por Él hasta poder decir «nada hay en este ropaje sino Dios».

Por ello, nos resulta difícil superar esta aporía sin aniquilar el yo en el Otro, o fundirnos en Él sin abolir la dualidad entre el «yo» y el «tú».

Este proceso de abolición constituye una evolución espiritual mediante la cual los velos son levantados.

En un estudio exploratorio del Dr. Carl Ernst, se enumeran los niveles del ascenso descritos por Ibn al-Arabi:

 

El Ascenso

[I-a] El desvelamiento del mundo sensorial.

[I-b] El desvelamiento del mundo imaginal.

[I-c] El desvelamiento del mundo de los significados abstractos.

[I-1] Dios te mostrará los secretos del mundo mineral.

[I-2] Dios te mostrará los secretos del mundo vegetal.

[I-3] Dios te mostrará los secretos del mundo animal.

[I-4] La infusión del mundo de las fuerzas vitales en los seres vivientes.

[I-5] «Si no te detienes aquí, Él te revelará los signos exteriores.»

[I-6] Después se hace visible la luz de la dispersión de las chispas.

[I-7] Luego aparece la luz de las estrellas ascendentes (tawhid) y la forma del orden universal.

[I-8] El adab (la manera correcta) para entrar, permanecer y salir de la Presencia Divina.

En el ascenso de Rumi hacia la negación definitiva del yo, el tema del regreso comienza a completar el círculo.

Ibn al-Arabi trata el tema del ascenso y el retorno místicos en cuatro lugares fundamentales.

Relata su propio viaje espiritual a través de las estrellas en El Viaje Nocturno (Kitab al-Isra), escrito en el año 594 de la Hégira.

Posteriormente escribe El Viaje hacia el Señor del Poder (Risalat al-Anwar fima yumnah sahib al-khalwa min al-asrar; literalmente, «Tratado sobre las luces y los secretos concedidos a quien emprende el retiro espiritual»), en el año 602 H./1204.

Esta obra fue compuesta también en Konya, Turquía.

La propia noción de «viajar hacia Dios» constituye una paradoja.

Puesto que todo procede de Dios, cualquier viaje se realiza únicamente para nuestro beneficio: para profundizar nuestra capacidad de comprender aquello que siempre ha sido; para que podamos reconocer los «signos de Dios en nuestras almas y en los horizontes» (Corán 41:53).

De este modo, podemos adquirir una conciencia más profunda tanto de la perspectiva eterna de Dios como de la perspectiva temporal en la que se desarrolla la experiencia humana.

Como lo expresó T. S. Eliot:

«No dejaremos de explorar, y el final de toda nuestra exploración será llegar al lugar de donde partimos y conocer ese lugar por primera vez.»

(The Waste Land)

Choonz zindan barhi baaz darr aan kard shawwi

Cuando escapes del cautiverio, regresarás nuevamente a aquella esfera. (187)


*** 


7. Aniquilación

Como sugiere San Juan de la Cruz, morir espiritualmente en lo que concierne a los sentidos durante la vida es fanā (aniquilación del yo). Aquí se plantea que el verdadero conocimiento sólo puede alcanzarse mediante la destrucción o la absoluta sumisión del yo.

¡Qué maravilloso es el camino del Amor, donde el que no tiene cabeza levanta su cabeza (es exaltado)!

— Hafiz

Así, la órbita justa se completa, por la cual el buscador regresa a sí mismo siendo otro. Al perderse a sí mismo, al adquirir el desconcierto, ha alcanzado la perpetuidad.

Ahora el Diván está verdaderamente escrito por Shams de Tabriz, pues aparte de su realización, el yo de Jalaluddin ya no existe.

Y porque Jalaluddin ya no existe, y su cordón está irrevocablemente unido a otro, su no-ser constituye el hulūl (inmersión) de la Realidad Suprema.

Az bazkeh banazdeek tawaam mi dudam

Waz ghayat amaizash tu mahjooram

Waz kassrat paidashudagi mastooram

Waz sehat basyaar chenain ranjuram

 

Estoy tan cerca de ti que estoy lejos.

Tan completamente unido que permanezco separado.

Tan inmensamente expuesto que permanezco oculto.

Tan íntegro y completo que jamás seré sanado.

(#1121)

 

Y también:

Zeengonay keh mann be neesti kharsandam

Chandeen cheh deed bhar hasti pandam

Rozi keh ba taigh neesti bakshandam

Gareenda e mann barest keh oo man khandam.

 

Estoy satisfecho con este camino: la inexistencia.

¿Por qué tantos consejos acerca de la existencia?

El día en que muera por aquella espada llamada No-Ser,

reiré de cualquiera que llore por mí.

(#1250)

En su mayor parte, el Diván es una inundación de embriaguez espiritual, éxtasis y pérdida.

Según Daulat Shah:

«Había una columna en la casa de Mawlana y, cuando se hallaba sumergido en el océano del amor, solía aferrarse a aquella columna y girar alrededor de ella. Mientras tanto componía versos, y quienes estaban presentes los escribían.»

La conciencia superficial es sacrificada y fusionada con la conciencia superior.

La muerte de una es la resurrección de la otra.

En consecuencia, estos versos no serán para cualquier oído, tal como expresa la célebre frase:

«Somos conocidos por los nuestros, mientras que los demás nos niegan.»

Se dice que Dhu'l-Nun (245 H.) fue quien introdujo la doctrina de los estados espirituales (ahwal) y de las estaciones místicas (maqamat).

Según Jami (Nafahat, p. ), Dhu'l-Nun fue considerado el jefe de esta escuela, siendo el primero en interpretar el lenguaje simbólico (isharat wa ibarat aaward), mientras que Junayd (297 H.) sistematizó el tema y escribió tratados sobre él.

Sin embargo, es Jalaluddin Rumi quien, pese a toda su genialidad, demuestra que alif (la primera letra del alfabeto árabe, el Principio) es todo cuanto se necesita aprender acerca del amor.

Que el ascenso no se realiza mediante el aprendizaje (a diferencia del enfoque intelectual de Al-Ghazali), sino que constituye un acto de gracia, impulsado por un descenso.

La gracia que finalmente hace regresar a la fuente del ishq, de la verdad y de la deconstrucción primordial en el redescubrimiento.

Ee dar dil mann nashisteh bagshaada darri

Jaz tu degri najwaeem wa koo degri

Baahir keh z dil daad zaaram daffai guft

Tu dafa mudda keh neest az tu guzri

 

Abriste la puerta de mi corazón y te sentaste dentro.

¿A quién más podría buscar sino a ti?

Cuando mi amor clama, los demás se apartan.

No me cierres la puerta. Más allá de ti no existe ningún camino.

(#1726)

 

Y:

Ta haasil dardam sabab darmaan gasht

Pastem bulandi wa kuff’r eeman gasht

Jaan o dil o tann hijab reh bood kanoon

Tann dil sha’dd wa dil jaan sha’dd wa jaan janaan gasht

 

La cosecha de mi dolor fue su propia paz y su propio remedio.

Tan bajo como había caído, me elevé nuevamente, y la fe surgió de la incredulidad.

El cuerpo, el corazón y el alma ocultaban el sendero, hasta que

el cuerpo se fundió en el corazón, el corazón en el alma, y el alma en el Amor mismo.

(#262, de Kolliyaat-e Shams-e Tabrizi, Teherán)


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