Ve tranquilo, corazón mío,
baila dulcemente en esa cuerda;
en cuanto oigas Su llamada,
lánzate a la llama de su vela.
Fragmento del poema: "Trucos de amor"
Mevlana Jalaludin Muhammad Rumi
En estas palabras, Rumi nos habla del camino del corazón. No se trata de una carrera desesperada hacia Dios, sino de una danza serena, de aprender a caminar con confianza sobre la cuerda invisible de la vida.
El corazón humano vive entre dos mundos: uno que lo llama hacia lo pasajero y otro que le recuerda su origen. La cuerda es ese instante presente donde aprendemos a permanecer despiertos, a no dejarnos arrastrar por el ego ni por los deseos que nos alejan de la Fuente.
Pero llega un momento en que el corazón escucha una llamada más profunda. Una llamada que no viene de fuera, sino de la raíz misma de nuestro ser. Es el llamado del Amado que despierta lo que parecía dormido.
Entonces Rumi nos dice:
“lánzate a la llama de su vela”.
Porque el amor divino no pide una pequeña entrega; pide la entrega completa. La llama no viene a destruir al corazón, sino a consumir aquello que le impide ver la Luz.
Como la semilla que debe romperse para convertirse en árbol, el corazón también atraviesa una transformación. Lo que muere no es el ser verdadero, sino aquello que lo cubría.
La Resurrección no comienza solamente al final de los tiempos; comienza cada vez que un corazón vuelve a despertar, cada vez que una parte de nosotros que estaba endurecida recibe nuevamente la Vida.
Porque ante la llamada del Amor, el alma recuerda su origen y descubre que la Luz que buscaba siempre estuvo llamando desde dentro.
“Oh corazón, no temas acercarte a la llama.
Aquello que es verdadero en ti no puede ser consumido; solo será revelado.”
Rumi en el corazón de El Amado.