Rumi nos dice:
Poco a poco Dios nos quita la belleza humana; poco a poco el árbol joven se marchita.
Recita: 'Todo cuanto está dotado de vida acabará pereciendo'. No te enamores de los huesos, busca el espíritu.
Estas palabras no son una invitación a la tristeza, sino al despertar. Allah no nos priva de la belleza por crueldad; nos conduce de la belleza pasajera hacia la Belleza eterna. Mientras el ego se aferra a las formas, el corazón aprende a contemplar al Dador de toda hermosura.
Allah nos recuerda en el Corán:
Todo cuanto hay sobre la tierra perecerá. Y permanecerá el Rostro de tu Señor, dueño de la Majestad y la Generosidad. (Corán 55:26-27).»
Desde la cosmovisión sufí, el universo entero es una teofanía (tajallī, تجلّي): una manifestación de los Nombres y Atributos divinos. La juventud, la fuerza, la salud y la belleza son destellos de esa Luz. Sin embargo, cuando confundimos el reflejo con la Fuente, nace el apego y comienza el sufrimiento.
El sufí aprende que toda belleza creada es un espejo. Si el espejo se rompe, la luz no desaparece; simplemente deja de reflejarse allí.
La verdadera Belleza pertenece únicamente a Allah.
Por eso Rumi dice: «No te enamores de los huesos, busca el espíritu.» El cuerpo cambia, envejece y regresa a la tierra. El espíritu, en cambio, conserva la nostalgia de su origen y reconoce al Amado en cada manifestación.
Cada arruga puede convertirse en una enseñanza. Cada cabello blanco puede ser una invitación. Cada pérdida puede ser un tajallī: una manifestación de la Sabiduría divina que nos llama a dejar de mirar las formas para contemplar a Quien nunca cambia.
El camino espiritual consiste en pasar de la fascinación por la creación al amor por el Creador; de la apariencia a la Realidad (al-Ḥaqq). Entonces comprendemos que la belleza del rostro era solo una puerta hacia la Belleza sin ocaso.
Que Allah nos conceda ojos para reconocer Sus tajalliyāt (manifestación) en cada instante, un corazón que no se aferre a lo efímero y un espíritu que busque siempre al Amado, cuya Belleza jamás envejece ni perece.
Āmīn.
Rumi en el corazón de El Amado.