Cuando ores


Cuando ores, no la conviertas en un hábito;
haz de ella una hégira…
en la que dejas detrás de ti
la tierra del pecado,
las moradas de los deseos
y los pesos del corazón,
y luego caminas hacia Dios
como camina el sediento hacia el agua.

No apresures los pasos para terminar,
sino hazlos lentos para beber;
y deja que cada postración sea un barco
que te transporte de un mar a otro,
hasta que llegues al puerto
de la última prosternación.

Y cuando pronuncies el saludo final,
no regreses como eras,
sino vuelve sabiendo
que estuviste en la presencia
de Aquel que nunca se cansa de escucharte
y que jamás devuelve tu mano vacía,
aunque llegues con ella sin nada.

— Jalāl ad-Dīn Rūmī