Respondí: “Tú humilde esclavo”.
Preguntó: “¿Porqué has venido?”
Respondí: “A ofrecerte mi saludo”.
Preguntó. “¿Cuánto tiempo esperarás?”
Respondí: “Hasta que me llames”.
Preguntó: “¿Hasta cuando hervirás en el fuego?”
Respondí: “Hasta mi resurrección”.
Este es mi juramento de amor:
Por amor, renuncié a fortuna y posición.
Dijo: “El juez solicita ver tus testigos”.
Respondí:”Son éstas lágrimas, éstas mejillas pálidas”.
Dijo: “Tu testigo no tiene credibilidad;
Sus ojos están demasiado húmedos para ver”.
Respondí: “Por el esplendor de tu justicia
son justos y verdaderos”.
Preguntó: “¿Quién era tu compañero?”
Respondí: “El don que me diste de visión imaginaria”.
Preguntó: “¿Qué te ha llamado aquí?”
“La fragancia de tu copa”.
“¿Qué quieres?” “la Fe y la intimidad”.
“¿Qué quieres de mi?”, dijo.
“Tu gracia sutil”, respondí.
Preguntó: “¿Dónde está la mayor satisfacción?”
“En el palacio del César”, respondí.
“¿Qué encuentras ahí?” “Cien fascinaciones”:
Preguntó: “¿Porqué entonces, está el palacio desierto?”
“Por el temor al ladrón”.
“¿Quién es el ladrón?”, preguntó.
“Todo aquello que reta nuestra vanidad”, le respondí.
“¿Dónde se puede estar a salvo?”
“En la abstinencia y en la conciencia pura de Ti mi Dios”.
“¿Qué es la abstinencia?”
Respondí: “El sendero de Paz”.
“¿Dónde hay calamidad?”
“En la calle de Tu Amor”.
“¿Cómo viajas hasta ahí?”, preguntó.
“Con integridad”, le respondí.
Ahora hay que guardar silencio.
Si dijera una palabra más,
¡saldrías volando de ti mismo para siempre
Y no habría puerta ni techo que te pudiera frenar