Soy tuyo, por muy lejos que estés de mí
Tu pena, cuando sufres, me da pesar a mí.
No hay soplo de viento que no me traiga tu perfume.
No hay pájaro canoro que no pronuncie tu nombre.
Cada recuerdo que ha dejado su huella en mí permanece enteramente, como si fuera parte de mí.
No te demores, no sea que me encuentres muerto.
Atrapada por el lobo, la oveja oye demasiado tarde cómo la flauta del pastor llora por su cruel destino.
Abrasándome de sed, busco en vano en el cielo la nube que traiga la salvadora lluvia.
Me atormentas cruelmente, pero mientras viva, tu belleza me hace amarte y perdonar.
Yo soy el candil, tú eres el sol; tu poder triunfa en mi luz declinante.
El fuego tiene envidia del resplandor de tus ojos; los tulipanes y las rosas se marchitan al verte.
¿Separarnos? ¡Nunca! De rodillas te profeso amor y devoción, fiel hasta la muerte.
Atormentado, soporto tus golpes con resignación; tuya, si muero, será la sangre que corra.
¿Quién soy yo, tan lejos de ti y sin embargo tan cerca?
Un mendigo que canta. Layla, ¿me oyes?
Libre del trabajo arduo de la vida, mi soledad mi pena y mi aflicción son para mí felicidad.
Y, sediento, en la corriente del dolor me ahogo.
Hijo del sol, padezco hambre por la noche.
Aunque separadas, nuestras dos almas amantes se unen, pues la mía es toda tuya y la tuya es mía.
Dos enigmas somos para el mundo, uno responde al hondo lamento del otro.
Pero, si nuestra separación nos divide en dos, una luz radiante nos envuelve en común, como procedentes de otro mundo.
Lo que allí es uno, aquí está separado.
No obstante, si bien los cuerpos se separan, las almas libremente vagan y se comunican.
Yo viviré para siempre: compartiendo tu vida por toda la eternidad, yo viviré si tú permaneces.
Mevlana Yelal Od-Din Rumi,1203/1273
Pilar Místico del Islam.