“Escucha la caña, ¡cuenta tantas cosas! Dice los escondidos secretos del Altísimo; pálida es su figura y el interior vacío. Ha dado su cabeza al viento y repite: Dios, Dios, sin palabras y sin lenguas.”
Mawlānā Ŷalāl al-Dīn Rūmī
El célebre poeta persa y maestro sufí Mawlānā Ŷalāl al-Dīn Rūmī (1207-1273), más conocido entre nosotros simplemente como Rumi, fue el autor de una vasta obra poética que incluye uno de los más importantes escritos de la literatura persa, el Masnavi, cuya belleza y trascendencia han llevado a que sea conocido como el “Corán persa”. Está compuesto de más de veinte mil versos que narran cientos de fábulas, revelaciones coránicas y escenas cotidianas, con el trasfondo metafísico fundamental de la búsqueda de Dios.
Entre sus múltiples historias cuenta que un día el Profeta Muhammad confió unos secretos a su yerno ‘Alí, siéndole prohibido a éste que los desvelara. ‘Alí consiguió mantener con esfuerzo su palabra durante cuarenta días pero finalmente, incapaz de seguir manteniendo el secreto, marchó al desierto y asomándose a la boca de un pozo lo confesó al interior de la tierra. Se cuenta que en el transcurso de la revelación su saliva cayó dentro; y en aquel mismo lugar, al poco tiempo, creció una caña que un pastor cortó y talló para elaborar una flauta. Se cuenta que las melodías que interpretaba eran de tal belleza que las gentes que acudían en multitud a escucharle quedaban extasiadas, y que incluso los camellos atendían respetuosamente rodeándole en círculo. La fama del flautista llegó hasta oídos de Muhammad quien le hizo llamar y pidió que tocara para él:
“Estas melodías, dijo entonces el Profeta, son el comentario que yo he comunicado a ‘Alí en secreto. Del mismo modo, si alguien entre las gentes de pureza carece de pureza, no puede oír los secretos de la melodía de la flauta, ni gozarlos, pues la fe es el placer y la pasión”.
Tal es la profundidad del mensaje que transporta la música del ney, nombre persa de la flauta de caña o caramillo. Y por ello se toca durante las sesiones de dhikr y en el samâ (concierto espiritual acompañado de danzas), practicados por la orden Mevleví, tariqa fundada por los propios discípulos de Rumi y conocida popularmente como la orden de los Derviches Giróvagos.
en una epopeya como el Masnavi, apenas se puede hablar de sucesión de episodios, ya que todos ellos son emblemáticos, simbólicos. Toda dialéctica discursiva está excluida. La conciencia global de ese pasado y del futuro al que nos invita más allá de los límites de la cronología, no puede alcanzar más que musicalmente su carácter absoluto. Para experimentar su “Libro santo”, ese Masnavi que con frecuencia es denominado el “Corán persa”, los místicos están, por esencia, en el deber de cantar para decir.”
La flauta es el alma que se siente separada de su manantial divino, que trasmite, con su sobrecogedor sonido, el anhelo por la separación: “Ese anhelo que expresas/ es el mensaje de respuesta/ Ese penar desde el que gritas/ Es lo que te atrae hacia la unión./ Tu pura tristeza/ Que desea ayuda/ Es el cáliz secreto”, dicen otros versos de Rumi.
Y suyas son también las palabras con las que se dirige a Dios para decirle: “Nosotros somos la flauta, la música viene de tí"
Prólogo del Masnavi
Escucha el caramillo, cómo se queja,
Lamentando su destierro del hogar:
“Desde que me arrancaron de mi cama de mimbre,
Mis lastimeras notas han hecho llorar a hombres y mujeres.
Reventé mi pecho, esforzándome por desahogar los suspiros,
Y expresar los dolores súbitos de mi anhelo por mi hogar.
Quien mora lejos de su hogar
Anhela siempre el día de su regreso.
Mi lamento se oye en todas las multitudes,
A coro con aquellos que se regocijan y aquellos que lloran.
Cada uno interpreta mis notas en armonía con sus propios sentimientos,
Pero ninguno desentraña los secretos de mi corazón.
Mis secretos no son ajenos a mis notas lastimeras,
Sin embargo no se manifiestan al ojo y al oído sensual.
El cuerpo no está velado del alma, tampoco el alma del cuerpo,
Sin embargo ningún hombre ha visto nunca un alma”.
El lamento de la flauta es fuego, no mero aire.
¡Dejad que quien carezca de este fuego sea considerado muerto!
Es el fuego del amor lo que inspira a la flauta,
Es el fermento del amor lo que posee el vino.
La flauta es confidente de los amantes desdichados;
Sí, sus compases ponen al descubierto mis más íntimos secretos.
¿Quién ha visto un veneno y un antídoto como la flauta?
¿Quién ha visto un confortador compasivo como la flauta?
La flauta cuenta la historia del sendero ensangrentado del amor,
Cuenta la historia de las penas del amor de Majnum.
Nadie está privado de estos secretos salvo el demente,
Mientras la oreja se inclina a los susurros de la lengua.
A través del dolor mis días son trabajo y tristeza,
Mis días pasan, mano a mano con la angustia.
Sin embargo, aunque mis días así se desvanezcan, no importa,
¡Tú permaneces, Oh Incomparable y Puro!
Pero aquellos que no son peces pronto se cansan del agua;
Y quienes no tienen el pan diario encuentran el día muy largo;
Así pues el “Crudo” no comprende el estado del “Maduro”;
Por ello me incumbe acortar mi discurso.
¡Levántate, Oh hijo! ¡Rompe las cadenas y sé libre!
¿Hasta cuándo estarás cautivo de la plata y el oro?
Aunque viertas el océano en tu cántaro,
Este no puede contener más que la reserva de un día.
El cántaro de deseo de los codiciosos nunca se llena,
La concha de ostra no se llena con perlas hasta que está contenta;
Solo aquél cuyas ropas han sido desgarradas por la violencia del amor
Está completamente puro de la codicia y el pecado.
¡Hola a ti, pues, Oh Amor, dulce locura!
¡Tú que curas todas nuestras enfermedades!
¡Qué eres el médico de nuestro orgullo y vanidad!
¡Qué eres nuestro Platón y nuestro Galeno!
¡El amor exalta a nuestros cuerpos terrenales hasta el paraíso.
Y hace que las mismas colinas salten de alegría!
Oh amante, fue el amor lo que dio vida al Monte Sinaí,
Cuando “tembló”, y Moisés cayó desmayado.
Sólo que el Amado me tocara con sus labios,
Yo también, como la flauta, estallaría en melodía.
Pero el que se aparta de aquellos que hablan su lengua,
Aunque posea un centenar de voces, está forzosamente mudo.
Cuando la rosa se ha marchitado y el jardín está seco,
La canción del ruiseñor ya no se oye.
El Amado es todo en todo, el amante sólo Le vela;
El Amado es todo lo que vive, el amante una cosa muerta.
Cuando el amante ya no siente la viveza del Amor,
Se vuelve como un pájaro que ha perdido sus alas. ¡Ay!
¿Cómo puedo conservar mi juicio
Cuando el Amado no muestra la luz de Su rostro?
El Amor desea que este secreto sea revelado,
Porque si un espejo no refleja, ¿de qué sirve?
¿Sabes tú por qué no refleja tu espejo?
Porque no ha sido limpiado el orín de su superficie.
Si estuviera purificado de todo orín y suciedad,
Reflejaría el brillo del Sol de Dios.
Oh amigos, ahora ya habéis oído este cuento,
Que expone la misma esencia de mi caso.
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